Los fans de la Fórmula 1 asumen que los precios no son para todos los bolsillos: “La entrada es una leche guapa”

Guillermo Hormigo

Ifema Madrid —
11 de septiembre de 2026 22:28 h

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Unos cazas atraviesan el cielo de Madrid, añadiendo mayor estruendo si cabe al que ya dejan los monoplazas del circuito de Fórmula 1 en torno al recinto ferial de Ifema, cuando un grupo de seguidores atienden las preguntas de este medio. “¿Has pillado la matrícula?”, bromea uno de ellos. Apasionados de este deporte, el ruido no les molesta, les alienta. Proceden de diferentes municipios de la Comunidad de Madrid y al ser preguntados sobre si tenían ganas de que llegara este día responden con ironía: “Ninguna”. “Somos fans de toda la vida, antes de Fernando Alonso”, dice uno de ellos. “Cuando empezó Schumacher”, añade otro amigo. “¡Antes! ¡Yo recuerdo la hostia de Senna!”, apostilla un tercero.

Todos ellos han estado ya en el Gran Premio de Catalunya y de momento se quedan con Madring. Claro que no son objetivos: “Nos pilla cerca de casa y el agua es la mejor”, dice uno con socarronería. “En Madrid todos los grandes eventos siempre funcionan bien”, sostiene uno de los miembros más entusiastas del grupo. No han tenido problema en el transporte en Metro desde diferentes puntos de la región, al menos en una primera jornada donde el número de espectadores es inferior.

Sobre los precios, admiten que “la entrada es una hostia guapa”, pero comentan que similar a la de Montmeló. Respecto al coste de la comida, la bebida o el merchandising también concluyen que son “caros, pero parecidos”. Los diferentes puestos de comida (española, asiática, mexicana, italiana, de empadas argentinas...) se encadenan en la zona sur, donde se ubican los espectadores que acceden a sus asientos por la estación de Feria de Madrid (línea 8). Una cerveza cuesta 7 euros; un refresco 4,50; una botella de agua 3,50; una napolitana 4; un burrito 14 y un castizo bocata de calamares 11,50.

Algunos food trucks dan picoteo gratis (aunque realmente lo han pagado todos los madrileños en un contrato para promocionar la gastronomía de la Comunidad), mientras que también se reparten abanicos de papel con el logo del Ayuntamiento de Madrid. Un escenario con DJ y juegos para el público, un mural sobre el mantón de manila como elemento tradicional icónico de España y una exposición de vehículos de coleccionista completan la estrafalaria estampa.

Antonio y Valle vienen desde Toledo. También tienen entradas para los tres días, aunque cada uno viene desde su ciudad natal y vuelven para dormir. “Hemos estado en el de València y Mónaco”, recuerda él, que se muestra más escéptico con el resultado: “No me gusta cómo han segmentado el circuito. No te puedes mover por todo el recorrido y quedas en una zona muy constreñida. En Mónaco hasta abren el circuito y puedes caminar por el pit lane”. También reprocha que “no puedes elegir el asiento concreto, solo seleccionas la grada”. “Compramos las entradas el primer día y por la que nos han dado nos hemos quedado a tomar viento de la línea de meta”, critica Antonio.

Sobre los precios, aseguran que están “dentro de lo que te puedes esperar”. Tampoco han tenido problemas de movilidad, después de dejar su coche en Nuevos Ministerios y tomar la línea 8. “Mañana habrá que venir un poco antes que la cosa estará menos tranquila”, prevén. Concluyen que el circuito “tiene buena pinta”, pero Valle cree que “a lo mejor no” repetirán si la organización no modifica el sistema de selección de entradas. El precio de cada una de las dos fue de 1.000 euros, por lo que Antonio mantiene que no poder quedarse con una específica es “un gran error”.

Rodrigo y Elsa son otra pareja, de nacionalidad mexicana, aunque residen en Madrid. Concretamente, en el distrito de Salamanca. Van a venir los tres días y tienen experiencia previa en grandes premios. Elogian una llegada “muy ágil”, algo que ellos no consideran tan extendido en el conjunto de la ciudad, como sí decía el grupo madrileño: “Viviendo aquí hemos ido a otros eventos grandes y la organización puede ser difícil. Pero tanto el transporte como los accesos nos han parecido sencillos”, dice Elsa. De los precios también apunta que “es lo que esperas”.

Ambos señalan que en otras sedes “te puedes mover más libremente”, pero no le dan una gran importancia. “Hay lo mismo en todos lados, más allá de algún concierto”, explica Rodrigo. “No me encantó no poder elegir el lugar concreto”, reconoce, sin embargo, aunque están satisfechos con el que se les ha asignado. En su caso, abonaron 850 euros cada uno.

Distancia con las protestas de residentes: “A mí este ruido me eriza la piel”

Una familia de Fuerteventura, otra del interior de Inglaterra, una pareja de Nueva York... Testimonios diversos han contado su experiencia a Somos Madrid en los primeros compases de la competición, pero ninguna de ellas hace mención ni da importancia a las quejas vecinales por el ruido u otros aspectos. Es lógico, claro, a ellos les apasiona e ilusiona lo que está ocurriendo.

Las internacionales no tenían ni idea de la problemática, mientras que a algunos aficionados madrileños sí les ha llegado la polémica. “La verdad es que debe de ser una putada, pero yo creo que merece la pena. A lo mejor se podría buscar alguna fórmula para compensar a los vecinos”, manifiesta Ángel, que acude con unos amigos. “A mí este ruido me eriza la piel, pero claro entiendo que a todo el mundo no le pasa igual”, añade su compañero Daniel. “Lo bueno es que son unos días concretos”, completa luego.

Claro que los seguidores también se han visto afectados por algunas controversias logísticas. Facua ha denunciado ante el Ministerio de Consumo a la Fórmula 1 por la prohibición de acceder al recinto con comida o bebida. “Yo ya que vengo, gasto”, comenta Ángel entre risas. Daniel, en cambio, ha venido con una botella de agua y un paquete de galletas. Parece que finalmente la organización ha recapacitado o los controles no han sido muy exhaustivos. “Menos mal, que yo sin mi picoteo de tarde no soy persona”, remata. Incluso las personas que pueden permitirse entradas por miles de euros se rinden ante los más pequeños y humildes placeres.