Cuando el franquismo se fijó en un edificio italiano fascista para la modernización del país e inauguró La Paz

En 1933 se inauguró Torre Balilla (también conocida como Torre FIAT o), un edificio diseñado por el arquitecto Vittorio Bonadè Bottino cuya finalidad era servir como colonia de vacaciones en la playa de Marina di Mass (Toscana) para los hijos de los trabajadores de la fábrica FIAT en Turín.

Uno de los hallazgos arquitectónicos del edificio, por cierto, era la rampa helicoidal interior inspirada en la de la fábrica Lingotto de FIAT, que también sirvió de inspiración a la del Parque Móvil del Estado de la calle Cea Bermúdez en los años cuarenta. En la factoría de Turín, los coches subían al tejado, donde eran probados, mientras que en la torre diseñada como colonia de vacaciones eran los niños quienes accedían a sus dormitorios sin necesidad de subir escaleras.

El nombre de Balilla provenía de la Opera Nazionale Balilla, una organización juvenil que se integraría en la estructura del Partido Nacional Fascista de Mussolini. Las relaciones de la familia Agnelli con el dictador italiano son bien conocidas. En sus formas, se unían el fuste clásico estriado y el espíritu de vanguardia, una mixtura que, al contrario que en fascismo español, se prodigó mucho en los contextos culturales del fascio italiano.

La influencia de esta arquitectura del periodo fascista encontraría eco en España muchos años después, en la constricción de las grandes torres de los hospitales de La Paz en Madrid y Vall d'Hebron en Barcelona, según explica el arquitecto Alberto Pieltáin en su tesis doctoral.

Resulta curioso que la referencia encontrara acomodo en un momento en el que el régimen intentaba transitar de la imagen de la miseria, la cruzada y la autarquía a la de un país moderno, preparado para ingresar en todos los clubes de la comunidad internacional.

El Hospital La Paz y su nombre son un recuerdo de este momento contradictorio del franquismo. Su inauguración se produjo en 1964, en el contexto de la campaña XXV años de paz, un lavado de cara y puesta al día del Régimen con el pretexto de conmemorar el vigésimo quinto aniversario del final de la Guerra Civil. Bajo el reclamo de la reconciliación y la promesa de bienestar material, el régimen pretendía pacificar el interior del país y normalizar la imagen de España de cara al exterior. Fue año de eventos multitudinarios, publicaciones oficiales y cortes de cinta.

La inauguración de Ciudad Sanitaria La Paz se produjo el 18 de julio, fecha calve del santoral franquista: el denominado Alzamiento Nacional. Franco incluyó, por supuesto, la visita a La Paz dentro de su nutrido programa de actos del día. Se trasladó allí en coche desde El Pardo, acompañado del capitán general Muñoz Grandes, vicepresidente del gobierno. Se dio el habitual baño de multitudes, fue recibido por un batallón del ejército –y su banda de música–, presenció la bendición de la capilla y visitó a los niños en el nido. Después de transitar las distintas zonas del edificio, se trasladó con varios ministros y el resto de su séquito al salón de actos donde una niña –Josefa Sánche López, primer bebé nacido en la red de residencias y ambulatorios del Régimen–entregó al dictador un mapa de plata con las infraestructuras sanitarias contruidas. Durante años, una placa quedó en el exterior del edificio como recuerdo de la jornada, en la que Franco había permanecido durante tres cuartos de hora en el nuevo hospital. Once años después de la inauguración del hospital, Francisco Franco moriría en la Paz

La Paz fue una de las ciudades sanitarias del régimen, que hay que entender en el contexto desarrollista y la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963. Se unirían a esta estructura de grandes hospitales, donde convivían muchas especialidades, la Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco (hoy Gregorio Marañón) en 1968, o el Hospital 1º de Octubre en 1973 (hoy 12 de Octubre, pues la anterior fecha era la de la proclamación de Franco como jefe del gobierno sublevado). El arquitecto Martín José Marcide Odriozola fue el autor de gran parte de los hospitales construidos por el franquismo y encontró, desde su despacho del Instituto Nacional de Previsión, una de sus inspiraciones para desarrollar la estructura hospitalaria española en la década de los sesenta en la arquitectura de Torre Balilla.

Las maternidades de planta redonda proyectadas por Marcide constituyeron la plasmación monumental del viaje a la modernidad de España; la irrupción de las políticas de natalidad y el baby boom en el espacio público. El pecho henchido del régimen hablando de su política social..

Pieltáin ha dicho que Marcide y su equipo parieron durante esta época numerosos hospitales“con pijama a rayas” para la seguridad social, refiriéndose a las torres estriadas de La Paz, el 1º de Octubre o el Ramón y Cajal, que ya se inauguró en el periodo democrático y se conoció como el Piramidón. Hitos visuales en la arquitectura de la ciudad que hoy han quedado empequeñecidos y descascarillados pero que supusieron un espaldarazo a la imagen del régimen y al funcionamiento del sistema hospitalario de una ciudad en crecimiento.

Actualmente, el Hospital Universitario La Paz empieza a asomarse a lo que serán años de reformas profundas hasta llegar a ser la Ciudad de la Salud, mega proyecto que implica la sustitución escalonada de sus edificios por nuevas infraestructuras. La Paz ya no está a las afueras de la ciudad, como en los años sesenta, sino en uno de sus centros financieros. Independientemente de las mejoras de la capacidad sanitaria para la ciudad que traiga el proyecto, es muy posible que dentro de unas décadas podamos analizar lo que los discursos públicos sobre la obra y sus volúmenes nos hablan del proyecto político, como hoy hacemos con el viejo hospital.