La antigua pastelería de Malasaña que se ha vuelto un extraño negocio tapiado: “Solo ves una mano sacando tu helado”
Llama la atención a primera vista, y no precisamente por su derroche de colorido. Es una pared vista de hormigón que solo tiene unas letras blancas, de gran tamaño, en su esquina superior izquierda. “Nodo”, puede leerse. El nombre del local no es lo único que destaca, ni tan siquiera lo que más: solo un agujero en el centro permite ver algo del interior, así que invita rápidamente a acercarse y mirar. Después de promocionarse en Instagram y acumular casi 14.000 me gustas en cuentas de conocidos creadores de contenido, esta extraña tienda de helados coreanos ha echado (temporalmente) las persianas.
“Sí, como mínimo estaremos cerrados hasta el jueves que viene”, responde uno de los dos encargados que esa mañana de agosto, casi al acabar el mes, maniobraba con cajas en el interior del local. Por primera vez podía verse a través de la puerta contigua, que normalmente tapa una mampara de aluminio. Tal y como explican ambos empleados, el establecimiento ha decidido hacer una pausa para ejecutar pequeñas reformas, de las que no llegan a dar más detalle. Planean reabrir pronto y tienen fechas aproximadas, aunque de momento no se ha anunciado oficialmente una reapertura.
La peculiaridad del negocio, ese llamativo agujero que resalta sobre una pared sobria y tras la que se ocultan los utensilios de los helados, ya se enuncia en una primera búsqueda de Google: “Más que una ice cream shop, Nodo es una experiencia. Un muro de hormigón visto y un único agujero misterioso desde donde aparecen nuestros frozen desserts”. La reseña continúa recomendando el negocio “si buscas ice cream en Malasaña, frozen desserts, korean bingsu, postres virales” o “una heladería diferente para descubrir este verano”.
En sus redes sociales, el establecimiento se promociona como un “pop-up” de verano —con vocación estacional— que reinventa el bignsu coreano, un postre tradicional de hielo raspado y una textura fina cubierta de sabores, a la que añaden toques modernos. En su catálogo figuran muchos de los sabores populares en Instagram y, cada vez, de más negocios a pie de calle: lotus, chocolate Dubai, matcha, pistacho, oreo... El envoltorio que rodea a los helados, desde su misteriosa fachada hasta la curiosa estética del hielo, contiene ya todos los ingredientes para volverlos virales.
“¿Cómo es posible que Madrid todavía no tuviera esto?”, se pregunta en Instagram la influencer @vadeplanes, que sube habitualmente contenido de ocio y gastronomía en Madrid. En uno de sus vídeos, publicado hace ya un mes, exponía su visita al número 41 de la calle de la Palma, donde se ubica el negocio de los bigsu. Una de sus singularidades, además del aspecto sobrio de hormigón, es que solo puedes pedir con una tablet desde el exterior, colocada junto al agujero que da al local.
En su momento de mayor apogeo, los paseantes llegaron a atravesar largas colas de gente que iba a probar el helado y al no tener espacio en el interior terminaba ocupando ese tramo de la acera. Durante este cierre temporal, el negocio ha desinstalado la pantalla y en su lugar queda el mecanismo metalizado en el que estaba colocado. Ahora luce una pegatina con el nombre del establecimiento, Nodo, y unas letras en el alfabeto coreano.
“Era curioso: apenas se veía una mano sacando el helado”, recuerda el trabajador de otro garito en esa misma calle, que no se muestra extrañado de ver cada vez más negocios “de este tipo”: con experiencias enigmáticas o exclusivas y una larga cola de reels. En Internet, las últimas reseñas de compradores son de hace casi dos semanas y en las publicaciones más recientes ya hay algunos usuarios que se quejan de haber visitado la heladería sin saber que estaba cerrada.
En el momento de redactar este artículo, el buscador ya advierte de ello nada más desplegarse. De los 124 comentarios que aparecen, buena parte les otorga la máxima puntuación en el ranking. Una usuaria identificada como “Eva A.” lo hizo semanas atrás narrando su experiencia con la mangonada, una de las opciones de la carta inspirada en otra famosa bebida mexicana. Sin embargo, entre los comentarios más recientes ya se acumulaban quejas por el cierre inesperado, lo que ha bajado su puntuación total.
Un negocio donde nadie puede ver el interior
Sobre si es posible o no abrir un negocio donde el cliente no puede ver absolutamente nada del interior, las asociaciones de consumidores señalan que eso depende, entre otras cosas, de la información que exponga en su menú. “Sería un incumplimiento, por ejemplo, que en la tablet no apareciese la carta ni se indicara el precio de los productos, los alérgenos y todos los datos que el consumidor debe conocer antes de hacer la compra”, estiman desde Facua, organización especializada en la lucha contra prácticas ilícitas de las empresas o el mercado.
Más allá de eso, que sea legal o no dependerá de lo que diga la normativa propia de cada ciudad. En el buscador público de licencias y expedientes urbanísticos del Ayuntamiento de Madrid, Conex, lo que se especifica para esta parcela es que justo antes albergaba la antigua pastelería Piscis y, según consta en el portal, alojó otro negocio de comida preparada que se declaraba sin obrador. Legalmente puede mantenerse una misma licencia aunque el negocio se traspase, pero el Ayuntamiento de Madrid no llega a aclarar a preguntas de este periódico si este es el caso de la heladería Nodo, o si se contempla alguna medida de repetirse las colas humanas al otro lado del agujero.