Los incendios se apagan en invierno
Aunque parezca una frase paradójica, los incendios se apagan en invierno. La planificación y control de las masas forestales y bosques en la Región de Murcia es un elemento fundamental en la prevención y minimización de los incendios y conatos de estos en el periodo estival. Un reciente estudio en Science Advances muestra la vinculación del calentamiento global con el aumento del peligro de fuego en comparación con 1980.
Este verano pasado hemos tenido suerte en lo referente a los siniestros por incendios y parece que es una tema que mediáticamente y en el imaginario popular no está presente en invierno. Sin embargo, el mes de febrero, nos sorprendía un incendió en Cabo Tiñoso, con estimaciones de 80-90 hectáreas calcinadas y un incendio agrícola en Caravaca. Hay que señalar que el 70% del monte es privado y que los propietarios reclaman un papel en la prevención de incendios.
La prevención es un elemento fundamental para abordar el riesgo de incendios. Hay que mantenerla durante todo el año, con desbroces estratégicos para romper la continuidad del combustible, la limpieza de vegetación, evitar quemas agrícolas o fogatas, así como la planificación previa, con especial énfasis en zonas naturales y espacios protegidos. También la retirada de biomasa, las áreas cortafuegos y la gestión del sotobosque reducen el riesgo.
No hay soluciones fáciles ni simples para un problema tan complejo como los incendios. Es necesario poner el foco en atajar las causas de las igniciones que son, en su mayoría, de origen humano. Hay que enfatizar la importancia de gestionar el territorio con criterios de conservación para aumentar la resiliencia a los incendios. El contexto de cambio climático genera las condiciones para incendios más frecuentes y violentos. Hay dos cuestiones fundamentales: la reducción de las igniciones y la actuación temprana en la extinción y, para ello, se necesitan muchos más recursos y compromiso por parte de todas las administraciones
Los sindicatos denuncian la falta de previsión, las jornadas maratonianas, la ausencia de bolsas de empleo y la insuficiente formación real de los operativos de extinción. Ha habido algunos avances técnicos en las administraciones, pero la dotación de medios de vigilancia y pronto ataque es insuficiente. Se necesitan recursos suficientes y condiciones de trabajo dignas para los equipos de extinción. Una queja recurrente es la falta de efectivos, que compromete la operatividad del dispositivo en emergencias prolongadas. Es necesario un modelo de actuación que permita garantizar una respuesta adecuada en situaciones críticas. Hay que establecer sistemas de relevo que permitan mantener la operatividad durante más tiempo.
La falta de cobertura en numerosos parajes naturales de la región es un riesgo añadido en el entorno de determinadas zonas. Un ejemplo es el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, donde existen amplios tramos sin señal, que puede dejar incomunicados a senderistas y bañistas en caso de incendio, dificultando tanto el aviso a los servicios de emergencia como la coordinación de una posible evacuación. Además de ser un elemento de preocupación el avance de las llamas en los siniestros, la propia densidad del humo generado puede reducir la visibilidad dificultando la evacuación y la llegada de los equipos de emergencia. Por otra parte, frente a la quema de rastrojos es necesario que las instituciones implementen medidas alternativas de trituración y gestión de restos de podas.
Se cuenta también con la Unidad Militar de Emergencia (UME), que mantiene catorce aviones apagafuegos, junto a 63 aeronaves coordinadas por el Ministerio de Transición Ecológica. A estos recursos hay que añadir el dispositivo de apoyo a las comunidades autónomas, que incluye a las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) que facilita predicciones diarias de riesgo de incendio.
El elemento más vulnerable y prioritario es el suelo, cuya erosión puede multiplicarse por once en el primer año del incendio. Es necesario implementar medidas de mitigación de estos siniestros, como tratamientos de cobertura o acciones para disminuir la pérdida de suelos.
La reconstrucción de los territorios tiene que dirigirse a la protección de los suelos, la regeneración natural, la biodiversidad y la adaptación al cambio climático; evitando situaciones que perjudiquen la recuperación o favorezcan intereses ajenos. Debe evitarse la repoblación de los suelos quemados con especies introducidas o exóticas. Las administraciones tienen una responsabilidad en la labor informativa y divulgativa, los trabajos de restauración de la cubierta vegetal y la protección de espacios naturales durante todo el año.