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Entre una Región fallida y otra que prescribe

El estado de putrefacción de la región es generalizado. La corrupción junto a la pésima situación económica se encuentra extendida como si de una plaga se tratara. No distingue de territorios, ni de instituciones.

Sí, esa derecha más reaccionaria, la que por la cara vista se jactan de patriotas –sí, los padres de la patria, esos que si por ellos fuese pondrían una bandera de España en cada esquina–, hablan de su unidad inquebrantable, mientras que por la cara oculta roban a diestro y siniestro, para acto seguido, como no podía ser de otra manera, llevarse el botín a paraísos fiscales con el argumento de que los negocios son los negocios que nada tienen que ver con la patria.

Aquellos poderes fácticos que circulan por el camino Neocatecumenal, sus cabezas visibles por ponerles nombre, José Luis Mendoza, junto a otros como Tomás Fuertes, Carlos Egea Krauel y el último que se quiere agarrar, un pimentonero, José Mª Albarracín, todos dirigentes de facto, el primero Presidente y Gran Canciller de la UCAM, el segundo del Grupo Fuertes, el tercero presidentes de la extinta Caja-Murcia, hoy incompresiblemente Consejero Delegado de BANKIA, y por último el presidente de la CROEM en la región, se apropiaron de las instituciones bajo el paraguas del Partido Popular.

Todo esto adquiere un nivel de emergencia, de gravedad extrema, cuando lo situamos en el contexto de la fotografía actual. Una Región de Murcia que se desangra, gobernada a golpe de caciquismo. Una región rescatada económicamente y que dilapidada por los hachazos a las clases medias, a la clase asalariada y que ha supuesto un incremento brutal de la pobreza –incluida la más detestable, la infantil–, del paro, de la precariedad en el empleo… En definitiva, de la marginalidad y de las desigualdades.

Ya nadie se cree más excusas, los perdones y las promesas de cambio del gobierno regional. A unos les resulta indiferente y a otros muchos nos provoca una indignación y un repudio total y absoluto. Si no fuera por las penurias que estamos sufriendo, tales réplicas resultarían burlescas. Podrían ser el guion de una película del mismísimo Groucho Marx, pero por la situación comentada, se ajustarían a una tragicomedia de Charles Chaplin.

Nos encontramos ente una Región fallida y otra que prescribe. Es esta última, la murciana la que prescribe a la que se le requiere interrumpir. Las fuerzas de izquierda, las moderadas y las más radicales son las llamadas a encabezar el periodo de cambio de nuestra región. Los sondeos y las expectativas así lo ratifican –a pesar de los sobresalientes chef–. En mayo tenemos una oportunidad, por lo que la responsabilidad es máxima. Todos debemos y tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

La confluencia política si no es antes, el deseo es que sea inmediatamente después, sin fisuras, sin interferencias. El objetivo común es de todos. Dejemos pues la puerta entreabierta desde el respeto a la identidad, y sumemos desde la diversidad, desde la pluralidad.

El estado de putrefacción de la región es generalizado. La corrupción junto a la pésima situación económica se encuentra extendida como si de una plaga se tratara. No distingue de territorios, ni de instituciones.

Sí, esa derecha más reaccionaria, la que por la cara vista se jactan de patriotas –sí, los padres de la patria, esos que si por ellos fuese pondrían una bandera de España en cada esquina–, hablan de su unidad inquebrantable, mientras que por la cara oculta roban a diestro y siniestro, para acto seguido, como no podía ser de otra manera, llevarse el botín a paraísos fiscales con el argumento de que los negocios son los negocios que nada tienen que ver con la patria.