La regularización de las personas migrantes: miradas deshumanizantes
Se ha producido la tan deseada regularización de personas migrantes que llevan un tiempo en nuestra tierra. Se exige un mínimo de cinco meses, trabajando y aportando para que nuestra sociedad siga avanzando socialmente y creciendo económicamente. Muchas de estas personas, al no estar regularizadas, sufrían explotación y estaban excluidas de derechos básicos; la dignidad humana está por encima de cualquier consideración o ideología. En nuestra Región de Murcia estaríamos hablando de una horquilla de entre 20.000 y 30.000 personas.
Ante esta noticia se han producido una serie de reacciones que tratan de meter miedo, ya que consideran que va a significar una herramienta de destrucción de nuestro país. Por otra parte, se alimenta el odio a este colectivo y, para ello, se deshumaniza a las personas migrantes, se les cosifica, despojándoles de todo lo que signifique ser >. Hay toda una estrategia para que se les identifique con la delincuencia, el terrorismo y la recepción de ayudas sociales. De paso, aprovechan para atacar al actual gobierno que denominan socio-comunista, que, según ellos, les da vivienda y servicios públicos, en vez de a los españoles de toda la vida. Esta estrategia deshumanizadora de miedo/odio la aplican también a las mujeres, convirtiéndolas en pecadoras y acusándolas de poner denuncias falsas a sus parejas para que sean encarcelados. Igualmente, en esta línea, intentan deshumanizar a las personas del colectivo LGBTI, identificándolas con personas que abusan de menores y tienen un comportamiento depravado.
El foco no hay que ponerlo en las personas migrantes, sino en las propias personas y organizaciones que tienen esa mirada deshumanizante y deshumanizadora. Los que verdaderamente están deshumanizados son los que tienen esa concepción y, por eso, esa mirada llena de inhumanidad, de deprecio y de supremacismo blanco. Son incapaces de ver en esas personas la bondad, lo que aportan y poner en valor sus vidas. Callan ante una acción que podemos denominar heroica y si alguno comete algún delito se lanzan a las redes con un mensaje de que todos son delincuentes y que vienen no a buscar un trabajo, sino a destruir. No es de extrañar que critiquen a la Iglesia Católica por defender la regularización de personas migrantes; no entienden que el Evangelio es amor, es acogida a las personas de otros países. De hecho, la Iglesia Católica defiende, fundamentalmente, la acogida por dignidad, al margen de cualquier consideración meramente economicista y, después, añaden lo que aportan al desarrollo de la sociedad. A los que defienden el racismo tienen dos Obispos que les apoyan: Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo, y José Ignacio Munilla, Obispo de Orihuela-Alicante.
Quiero terminar este artículo insistiendo: hay que poner el foco en las personas y organizaciones que deshumanizan, que han matado su humanidad, todo lo que tienen de ser humano para convertirse en fuente de odio, de polarización, de intransigencia y que tienen que destruir a quienes no piensen como ellos. Si ponemos el foco en las personas migrantes, también valdría este planteamiento para las mujeres y el colectivo LGBTI; estaríamos cayendo en su estrategia de odio.
Voy a poner un ejemplo de cómo consiguen poner el foco en las personas migrantes. Se dice que los migrantes nos quitan el trabajo. Enseguida viene la discusión de que los españoles no quieren ese trabajo y, a partir de ahí, viene un debate intenso. No se suele decir que los migrantes no se autocontratan, sino que son los empresarios, ni por qué los contratan.
Estas personas y organizaciones con esa concepción y esa mirada deshumanizante deberían ponerse delante de un espejo y pensar en quiénes se han convertido.