El runrún negacionista
Todavía emergen y se repiten discursos y narrativas negacionistas del cambio climático. Están en las instituciones, incluida la Asamblea Regional, los medios de comunicación, las redes y la propia sociedad civil. Se produce un sesgo de confirmación, en el que se asumen los bulos sobre el calentamiento global de acuerdo con prejuicios e ideas preconcebidas y se desechan las informaciones y noticias que están basadas en datos y evidencias científicas.
En este sesgo negacionista intervienen las emociones y la ideología enfrentadas a la razón y los argumentos. Los rasgos propios de la emergencia climática dificultan la recepción y comprensión de este fenómeno, lo que genera impotencia, bloqueo o negación.
En medios de comunicación y redes sociales aparece una narrativa, de manera vehemente, que niega la existencia del calentamiento global. Las redes permiten a algunas personas mostrar una versión extremista de sí mismas. Es un tema recurrente que se convierte en un discurso ideológico y político en sectores de la derecha extrema y la extrema derecha. Recogemos algunos bulos de este negacionismo climático.
No está ocurriendo, es mentira. Es el argumento principal. Se niega la existencia del calentamiento global a pesar de todas las evidencias, a pesar de los seis informes evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que dicen lo contrario y a pesar de una serie de abundantes estudios científicos, publicados en revistas científicas de impacto revisadas por pares (papers). No hay más sordo que el que no quiere oír.
No es tan malo como dicen. Es la negación de su peligrosidad e impactos ambientales. Sí, sí es tan malo como dicen. Una subida de 1,5 o 2 grados de la temperatura media global va a suponer impactos graves en el Mediterráneo Occidental y el Sureste peninsular que se traducen en sequías, afecciones a los suelos, olas de calor, ampliación del verano, lluvias torrenciales danas e impactos en la salud pública. Para mitigar esta situación hay que reducir de una manera significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero en las grandes industrias, como las del Valle de Escombreras, el transporte regional por carretera y las emisiones de nuestras principales ciudades.
Todavía no sabemos lo suficiente para actuar. Es un argumento dilatorio. No quieren oponerse de frente, pero sí dilatar las actuaciones. Sí, sabemos lo suficiente, y más para actuar. La investigación científica sobre el cambio climático nos muestra que no se puede esperar más, que son necesarias actuaciones urgentes. Los costes de no hacer nada son tremendamente más caros que los costes de acciones de mitigación.
Deberíamos preocuparnos por cosas más importantes. Desviar la atención para no centrar el foco en el problema y sus soluciones. El cambio climático es una de las cosas más importante a la que nos enfrentamos desde el ámbito local hasta el ámbito planetario. Es revelador el Sexto Informe de Evaluación (AR6) del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático que se plasma en su Informe de Síntesis en marzo de 2023. La ciencia da la pauta en el análisis de este fenómeno. El cambio climático no va de conspiraciones o de opiniones, es lo que dicen los termómetros.
Del negacionismo se llega a los que reconocen el calentamiento global un poco (si es que puede reconocerse algo así, solo un poco), pero tiran balones fuera. La ciencia y tecnología deben encontrar la solución. Se traslada la responsabilidad, pero las soluciones pasan por la actuación conjunta de las instituciones y la sociedad civil con ayuda de la ciencia. Hay que desmontar las falacias de una manera sencilla, pero con firmeza, enfocar la comunicación de manera clara y basarse en datos científicos contrastados.
Pese a los relatos y la narrativa negacionista, es urgente actuar en el ámbito local. Nuestras ciudades son una de las claves. Representan entre el 60 y el 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de carbono. En 2018, el 87,8% de la población española era urbana; hoy en día, aún más. La ciudad de Murcia cuenta con 479.491 habitantes según los datos del padrón. Se necesita, entre otras medidas, una transformación del modelo de espacio urbano, más parques y arbolado, disminución del tráfico rodado privado y una mejora significativa del transporte público. Nuestras urbes tienen que cambiar, sí o sí, para afrontar y mitigar el cambio climático; aunque algunos se empeñen en negarlo. Las manzanas no caen hacia arriba.