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Natxo López, guionista y escritor: “El fin de ETA es la mejor noticia en este país desde el fin de la dictadura”

Fushan Equiza

Pamplona —
10 de mayo de 2026 21:04 h

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Natxo López (Pamplona, 1976), a pesar de describir en 'Iruña 1997' los Sanfermines de forma meticulosa, detallada y precisa, niega rotundamente haberse querido aproximar a 'Fiesta', la obra de Ernest Hemingway que este año cumple un siglo y que catapultó las fiestas de Pamplona a la fama mundial. Con la mirada puesta en aquellos novelistas “que aprovechan el relato policiaco para hablar de un lugar, de una época o de lo que sea”, López utiliza la investigación sobre el hallazgo del cadáver de una joven negra para retratar cómo vivió la ciudad el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Es una obra que ha desempolvado los propios recuerdos del autor, testigo de aquellos Sanfermines, y en la que ha querido reflejar parte de su vida a través de pequeños “guiños”. Con 'Iruña 1997', Natxo López pretende mostrar cómo es Pamplona desde dentro, invitar a sus habitantes a la reflexión y, quince años después, “celebrar que ETA terminó”.

El libro comienza con el recuerdo de Julio, uno de los protagonistas, sobre el anuncio del secuestro de Miguel Ángel Blanco. ¿Dónde estaba usted y qué hacía ese día?

Aquellos Sanfermines estaba bastante liado. Tenía 21 años y estaba estudiando en la universidad. Ese verano, al igual que otros como universitario, trabajaba en los cines Golem de acomodador ganándome unas perrillas y pude trabajar de auxiliar de protección civil, de 'naranjito'. Aunque me mandaron a la oficina de objetos perdidos. No recuerdo exactamente cuándo recibí la noticia de su secuestro. Creo que el primer día no fue tan llamativo y no sabíamos que se convertiría en un algo tan importante, porque en la época era otro [secuestro] más. Pero, a lo largo de esos días, fue creciendo la reacción popular y se convirtió en algo más grande. Ahí es donde yo tengo un recuerdo muy vívido, de la madrugada y la mañana del día 13 de julio. Los enfrentamientos que hubo en el casco viejo de Pamplona los recuerdo bastante bien.

Yo creo que en general pensábamos que ETA no iba a matar a Miguel Ángel Blanco. La reacción de la ciudadanía había sido tan brutal que pensábamos que iban a echarse atrás

¿Cuándo surgió la idea de esta novela? ¿Por qué un libro y no una serie?

Llevo muchos años trabajando como guionista, que es un oficio que me encanta. Aunque es cierto que a veces es difícil contar una historia más personal en un guion porque en una película o serie estás condicionado por muchas cosas. No es fácil que te compren una idea tuya. Yo quería, además de contar una historia más personal, contarla como yo quería. La novela me permitía esa libertad.

¿Siente cierta responsabilidad al abordar un tema tan delicado? ¿Cree que puede generar controversia o levantar ampollas?

Sí, es la parte más difícil de esta novela. Ser fidedigno con los hechos reales, la historia y ser respetuoso con lo que pasó, pero a la vez no eludir la necesidad que yo sentía de meterme en el tema. Cuando empecé a escribir pensaba que lo que tenía que ver con el secuestro de Miguel Ángel Blanco y las divisiones que hay dentro de la ciudad eran solo un contexto, pero luego me di cuenta que eso era algo que estaba totalmente imbricado con los personajes y con lo que se está contando. Alguien se va a ofender, por una cosa o por otra, no es una preocupación por la que me haya dejado llevar. Entonces, por un lado, responsabilidad de cortarlo bien y de ser respetuoso, pero también la decisión consciente de que me iba a meter en jardín, sí.

¿Qué sintió la ciudad durante esos días?

Yo creo que en general pensábamos que ETA no iba a matar a Miguel Ángel Blanco. La reacción de la ciudadanía había sido tan brutal que pensábamos que iban a echarse atrás. Incluso, hasta que no he revivido esos días, no recordaba hasta qué punto fueron tan gigantescas esas movilizaciones. También, por ejemplo, en Bilbao.

El pasado es mucho más complejo de lo que creímos entonces. Había una pluralidad de opiniones y reacciones respecto a los conflictos que asolaban la ciudad y el país que a veces tendemos a ver, sobre todo en política, con cierta visión simplista

Julio y Amaia, los protagonistas, mantienen una relación y una convivencia ejemplares a pesar de sus diferencias. ¿Cree que una relación así habría sido posible en el contexto de 1997, o es más bien una crítica a cómo deberían haber sido las cosas y no fueron?

Yo creo que era mucho más difícil entonces. Habría sido algo extraordinario, aunque no imposible. Hay gente que es capaz de entenderse, la ha habido siempre y la seguirá habiendo. Yo la he conocido, en aquella época también. El pasado es mucho más complejo de lo que creímos entonces. Había una pluralidad de opiniones y reacciones respecto a los conflictos que asolaban la ciudad y el país que a veces tendemos a ver, sobre todo en política, con cierta visión simplista. Dos bandos, dos pamplonas. Pero eso no es así, hay muchas pamplonas y cada persona tiene un mundo interesante y apasionante. Que dos personajes que se entendieran de esa manera es algo excepcional. Los narradores jugamos siempre con esa doble herramienta de lo ordinario y lo extraordinario. En este caso la elección de que esos personajes se llevaran bien entre sí es una elección consciente que no era lo normal, pero tampoco imposible. También forma parte del propósito, contar una historia de hace 30 años y que veamos como han cambiado las cosas. Aun estando ETA encima de la mesa había mucha gente dispuesta a entenderse y gracias a ellos fue como se acabó, de alguna manera, con el terrorismo.

Por eso es importante para Pamplona, y en general el resto de España, seguir recordando esos días...

No sé si es importante, pero yo sí que era un ejercicio que a mí me apetecía hacer. Que me apetecía relatar. Porque había muchas cosas que no recordaba o no sabía, y gracias a la investigación que he hecho para la novela lo he descubierto. Por ahora, las críticas que he recibido de gente de Pamplona son buenas, aunque entiendo que también pueda abrir heridas.

¿Escribir esta novela le ha ayudado a reconciliarse con tu propia memoria o a entender mejor ciertos recuerdos?

Sí, he recuperado memorias que tenía por ahí olvidadas en el cajón y he descubierto cosas de Pamplona que no sabía o que no me acordaba. También quería hacer ese guiño. Hay cosas en la novela que me apetecía meter porque yo las he vivido, como lo de la Universidad de Navarra o el coro del que se habla, donde yo también estuve, o la oficina de Objetos Perdidos. Lo que aparece en la novela de que llevan una cabina de teléfonos arrancada también es una vivencia, y cómo venían los guiris. También en la comisaría municipal veías los detenidos que traían. De hecho, yo hablaba inglés y hubo un día que me llamaron para hablar con un detenido porque no había ningún policía que supiera el idioma.

"ETA se terminó". Eso es una realidad y lo que echo de menos es una celebración. Hay que celebrarlo. Para mí es la mejor noticia que ha habido en este país desde el final de la Dictadura

¿Por qué eligió a una chica de raza negra como víctima del 'thriller'?

Es verdad que en aquella época era muy complicado encontrar gente racializada en Pamplona. Yo recuerdo que en mi colegio había un profesor de raza negra y para nosotros era una cosa super exótica. Ahora hay más inmigración y se ve mucho más, pero hay una parte de la historia de la novela que tiene que ver con los prejuicios, de cómo prejuzgamos. Los prejuicios de los personajes, pero también del propio lector hacia ellos.

¿Qué conversaciones le gustaría que generara o abriera este libro?

En general la recepción está siendo buena, porque a la gente sí que le interesa entender cómo fue esa época. Tanto los que no la vivieron, como los que quieren rememorarlo. A mí me gustaría que este libro sirviera para dos cosas. Primero para [los navarros] que se hablara más. Creo que aquí tendemos un poco a enterrar los problemas en vez de hablarlos y se enquistan. Afortunadamente, es un problema que en parte se ha arreglado. Ahora es el momento en el que ya se puede hablar de todos estos temas con más tranquilidad y sosiego y es un ejercicio que hay que hacer. Y, por otra parte, yo siempre he dicho que “ETA se terminó”. Eso es una realidad y lo que echo de menos es una celebración. Hay que celebrarlo. Para mí es la mejor noticia que ha habido en este país desde el final de la dictadura.

A la izquierda abertzale lo que se le decía era que podían defender sus ideas, ese no era el problema. El problema era pegar tiros y matar

¿Qué siente que ha cambiado desde el fin de ETA?

En Pamplona, Navarra, País Vasco, Euskal Herria... cada uno que lo sienta como quiere, lo que ha cambiado en estos 15 años es cómo está la gente en la calle. La tranquilidad y la libertad. Con el libro yo creo que te das cuenta hasta qué punto hemos mejorado y ha cambiado la vida de esta ciudad. Eso para mí es muy importante.

¿Cree que la historia de ETA se ha abordado correctamente, tanto a nivel social como cultural?

Es complicado. Hay mucha gente que utiliza a ETA de distinta manera y parte de ello es porque para algunos todavía es una herida abierta. También hay gente interesada en que eso siga vivo. Ahora parece que está en el discurso político más presente que nunca, cuando realmente deberíamos estar celebrando el fin del terrorismo. Es un tema delicado y del que todavía quedan muchas cosas por resolver. Yo creo que hay que hacer un esfuerzo por comprender, no a ETA ni a los etarras, sino de dónde venía el conflicto. Hacer un esfuerzo por intentar limar asperezas con la gente que no piensa igual que tú.

Comprender no es blanquear...

No. ETA fue y lo que fue. Sus asesinatos fueron horribles y el de Miguel Ángel Blanco fue una barbaridad. Una vez que asumes eso, ya puedes sentarte con una persona que no piensa como tú para intentar entender su punto de vista. Ahora no somos conscientes porque nos quedamos con el relato violento, pero la discusión política estaba sobre la mesa. A la izquierda abertzale lo que se le decía era que podían defender sus ideas, ese no era el problema. El problema era pegar tiros y matar. También hay que comprender que el mundo abertzale es muy amplio y hay opiniones muy diversas.

¿'Iruña 1997' es una historia que pretende llevar a la televisión?

Sí, me gustaría y estoy trabajando en ello. Espero que más adelante podamos daros una buena noticia.