Navarra reconoció en 2025 a 16 personas como víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia

La comisión de personas expertas que trabaja en el reconocimiento de las víctimas de ataques contra la integridad física, la indemnidad y la libertad sexual en el ámbito de la Iglesia católica de Navarra, que se creó al amparo de la Ley Foral 24/2022, reconoció en 2025 un total de 16 víctimas de abusos sexuales. Tal y como han explicado los miembros de la comisión en una comparecencia parlamentaria para exponer su trabajo durante el año pasado, en 2025 se iniciaron 23 expedientes, de los cuales 16 finalizaron con reconocimientos y 7 continúan en proceso de valoración. Además, constan otras 16 solicitudes más pendientes de iniciar el trámite.

La comisión ha recibido, desde el inicio de su actividad en octubre de 2022 y hasta lo que llevamos de año de 2026, un total de 85 solicitudes: 80 pertenecientes a víctimas y 5 a testigos.

Por su parte, de las 72 solicitudes como víctimas recibidas hasta diciembre de 2025, 56 expedientes han sido iniciados para su valoración, 7 están en proceso y 1 declarado abandonado por la persona solicitante. El resto de las solicitudes corresponden a personas cuyos abusos ocurrieron fuera de Navarra, por lo que la comisión no puede reconocerlas como víctimas, pero sí les ofrece asesoramiento. De los 56 expedientes iniciados, 48 ya han finalizado, con 46 reconocimientos, 1 desestimación y otra persona que rechazó el reconocimiento.

Todos los victimarios fueron hombres

De entre las 16 personas reconocidas el año pasado, 15 son hombres y 1 mujer, y en todos los casos los victimarios han sido hombres. Asimismo, todas las víctimas refieren haber sido abusadas por parte de una única persona victimaria.

La media de edad de las personas evaluadas es de 66 años, con un rango de entre los 50 y los 74 años, provenientes de familias numerosas, con una media de 4 hermanos o hermanas en un intervalo de entre 1 y 7 hermanos. 12 de las personas reconocidas están casadas o con pareja, 3 divorciadas y 1 soltera.

En cuanto al nivel académico, 2 de las víctimas tienen estudios universitarios, 11 estudios secundarios como bachiller o formaciones profesionales y 3 estudios primarios. Asimismo, la mitad (8 personas) se encuentra actualmente jubilada y la otra mitad en activo. 

Entre otras cuestiones analizadas, 1 de las víctimas refiere haber necesitado asistencia psicológica en algún momento de su vida, debido a un trastorno de ansiedad, mientras que las 15 restantes no han acudido nunca a servicios de salud mental. En cuanto a consumos y adicciones, 2 han respondido afirmativamente y 14 han indicado que no han consumido nada.

El 94% de los abusos se produjo en entornos educativos y colegios

La edad media del inicio de los abusos es de 9 años, pero con diferencias significativas, ya que hay víctimas en las que comenzaron con 7 años y otras con 17.

Por su parte, la mayoría de los casos se circunscriben a la década de los años 60 (9 abusos), seguido de los 70 (6) y los 80 (1).

En cuanto al lugar donde se produjeron los abusos, el 94% (15 casos) ocurrieron en entornos educativos y colegios, y el otro restante en el domicilio del victimario.

Con respecto a la relación con la persona victimaria, 7 ejercían la labor de director del colegio, 8 trabajaban como profesores en los distintos centros educativos y uno era un religioso amigo de la familia que cometió los hechos en su propio domicilio.

6 de los abusos sexuales, de carácter grave

Por su parte, 9 de los 16 abusos sexuales son considerados de carácter moderado, que comprenden masturbaciones o tocamientos en órganos sexuales u otras partes del cuerpo con carácter sexualizante. Otros 6 casos son de carácter grave, que consisten en penetraciones bucales, anales o vaginales con órganos sexuales, dedos o cualquier otra parte del cuerpo, objetos, etc., y un abuso entra en la categoría de leve, que comprende los tocamientos por encima de la ropa, comentarios obscenos o proposiciones sexuales.

Por su parte, el 69% de las víctimas (11 personas) aseguran que nunca comunicaron los hechos sufridos, bien porque no eran conscientes de los mismos, por la edad en la que ocurrieron, por la falta de confianza con las personas adultas de su entorno y las repercusiones que ello pudiera tener, así como por miedo y amenazas del propio victimario. Por su parte, 5 personas (31%) sí informaron a algún familiar cercano.

Asimismo, 10 de las víctimas refieren que sí hubo testigos, siendo estos, en todos los casos, compañeros y compañeras de clase, frente a otras 6 personas que manifiestan que los abusos se produjeron en ámbitos de intimidad y sin testigos.

En cuanto a la afectación que hayan podido sufrir en el estilo de vida, 6 personas sí señalan que los abusos han influido de manera decisiva en su desarrollo, de los que 4 refieren impactos en el ámbito social e interpersonal y 2 en el ámbito sexual, mientras que las otras 10 víctimas restantes responden negativamente a esta cuestión.

En relación con si las experiencias traumáticas vividas han podido influirles en su vida espiritual, religiosa, trascendente o en cualquiera de sus formas, 8 víctimas manifiestan que sí han influido de manera determinante, y las restantes 8 señalan que no.

En cuanto a las emociones de las víctimas, de entre las más comunes aparecen la rabia, el odio, la tristeza, el asco, el dolor, la impotencia, la humillación, la culpa, la frustración, la rebeldía, la incomprensión y la venganza, entre otras.

Y, por su parte, en lo que respecta a la reparación del daño, 7 de las víctimas solicitan el reconocimiento público y personal de los hechos sucedidos y la responsabilidad de los centros, congregaciones, órdenes o diócesis implicados. Además, 8 personas refieren la petición pública de perdón, ya sea por acción u omisión, en la protección de las personas menores implicadas. Una de ellas, por su parte, reivindica que el nombre del victimario se haga público, 2 solicitan una indemnización económica, y una más pide la eliminación del concordato.