Una psicóloga, sobre la carga física y mental de las madres: “Un Google Calendar humano que no descansa ni cuando te sientas”
Hubo un tiempo en el que creíamos que la igualdad era repartir una serie de tareas del hogar de una lista, para que las mujeres pudieran tener independencia económica y trabajar fuera de casa. Pero con las mujeres ocupando el espacio público desde hace años, los cuidados siguen siendo territorio mayoritariamente femenino, especialmente en cuanto a toda la gestión invisible que recae sobre ellas. Se trata de la carga mental: esa estructura de organización que sostiene la logística y la paz emocional de la familia, mientras pasa una factura física y psicológica a quien la soporta, normalmente mujeres y, en mayor medida, las madres.
“La carga mental es el gran elefante en la habitación del que, afortunadamente, ya sí que hablamos”, comenta Carolina González, psicóloga experta en comunicación con perspectiva feminista y social. “No solo es hacer la compra, es acordarte de que falta leche antes de que falte; o de que tu hija quería esa tarta y faltaba un único ingrediente por comprar; no es llevar a la criatura al pediatra, es saber cuándo le toca revisión, pedir la cita y reorganizar todo para llegar. Saber cómo explicárselo para que no se asuste. Es como decía una amiga, un Google Calendar humano que no descansa ni cuando te sientas. Y aquí está el quid de la cuestión: no es solo una lista de tareas, es una responsabilidad constante que vive en tu cabeza”, define.
La trampa de la “igualdad postureo”
A pesar de que muchas parejas heterosexuales se autodefinen como feministas o igualitarias y se reparten las tareas prácticas, es común que la responsabilidad organizativa y de anticipación recaiga sobre las mujeres. Es lo que González define como “una igualdad de postureo”: “Se reparte lo que se ve, lo público. Hacer la paella para tus amistades el domingo es genial, pero acordarte de comprar todos los ingredientes, prepararlos, y limpiar el resultado del día de fiesta, también. Y ahí está la trampa: cuando tú eres quien detecta lo que hay que hacer, quien organiza y quien recuerda, sigues llevando la carga”, ejemplifica.
“Esto no es, normalmente, una mala intención individual, sino algo estructural: nos han socializado para ser cuidadoras emocionales y gestoras invisibles”, aclara González. En resumen, el hombre “ayuda”, pero la mujer sigue siendo la “jefa de proyecto sin sueldo, sin descanso y sin reconocimiento”. Mientras no se reparta la capacidad de detectar la necesidad y organizar la solución, la carga siempre pesará sobre el mismo lado.
Un estado de alerta permanente
Sostener esta oficina mental de manera crónica tiene un impacto profundo a nivel psicológico. El 78% de las madres españolas se sienten mentalmente sobrecargadas, diez puntos por encima de la media europea, según un informe de la ONG internacional Make Mothers Matter.
“A nivel psicológico vemos cuestiones como la ansiedad constante, esa sensación de que no llegas a todo, la culpa, porque si algo falla parece que es responsabilidad tuya, la irritabilidad y esa desconexión de una misma, de tu yo en el mundo”, enumera la psicóloga. “Muchas mujeres terminan viviendo en modo alerta permanente, como si siempre hubiese algo pendiente, y eso es puro desgaste emocional”, asegura González, que apunta como uno de los efectos que considera más desoladores “la sensación de estar sola incluso estando en pareja”. “Es tremendamente injusto, doloroso y dañino”, valora.
Pero el daño va más allá de lo psicológico. “El cuerpo no se queda callado”, advierte González, sobre los efectos físicos de vivir en este estado de responsabilidad continua. “Cortisol arriba, episodios de pánico, cansancio crónico, dolores de cabeza o musculares, problemas digestivos... es como si tu cuerpo dijera: ‘estamos en emergencia”, repasa la psicóloga, que asegura que da igual que estés doblando ropa o de vino con amigas, “¿quién puede relajarse así?”, se pregunta.
Detectar las señales
“Realmente no es tan difícil. Basta con estar receptivo a lo que vive tu pareja”, explica la psicóloga, que menciona la mala cara, el cansancio, la irritabilidad y la convicción de que si ella falta todo se derrumba como señales claras. A veces, estas mujeres creen que delegar no sirve de nada porque “la supervisión constante es igual o más cansina” que hacer la tarea ellas mismas, analiza González.
Recurriendo al cine, la psicóloga se vale de la película Antes de Anochecer para ilustrar ese desequilibrio en una relación: “La escena en la que discuten en la habitación del hotel y ella comienza a describir todos y cada uno de los detalles por los que se siente sola, triste y profundamente infeliz con su matrimonio es un gran ejemplo sobre la apariencia de un matrimonio feliz en el almuerzo bucólico con amigos que en realidad está construido sobre la base de sueños rotos de ella, ceder constantemente a los requisitos de la carrera profesional de su marido y el sacrificio de su identidad individual”.
El camino hacia el cambio
La solución, desde el punto de vista de González, pasa por la redistribución del poder y la responsabilidad. Para la psicóloga es fundamental pasar de la “ayuda” a la corresponsabilidad real, donde cada miembro de la pareja se ocupa de algo “de principio a fin”. Esto significa que el que se encarga del colegio, no sólo hace el trayecto de llevarlo y traerlo, “implica el manejo del grupo de WhatsApp de padres, saber qué deberes hay o si mañana es el cumple de su mejor amiguita”, señala la experta.
Otro punto importante que destaca González es hacer visible esa carga invisible y aprender a soltar el control. “Sí, al principio no se hará como cuando lo haces tú, pero si no sueltas, no hay cambio real”, subraya la psicóloga, que incide que no se trata de un simple problema de organización doméstica, sino de un tema de “salud mental y de justicia relacional”.