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De cuando se recupera la historia

A este optimista indómito en la creencia del progreso, que suscribe este artículo, poner la vista en Montauban le alegra más que poner la vista en El Escorial

El archivo histórico de Azaña, la guerra y el exilio se traslada a Talavera

Manuel Azaña. EFE

Dicen que agua pasada no mueve molino; pero sin esa agua el molino no existiría en la actualidad. Hace unos días, el presidente del Gobierno de España se desplazó a Montauban a reconocer oficialmente a Manuel Azaña como presidente del Gobierno de España y Jefe de Estado que fue. Lo insólito del asunto es que antes ningún presidente del Gobierno de España había reconocido de manera institucional la labor de Azaña.

Algunos han querido ver en este homenaje oficial una mirada nostálgica al republicanismo; otros un mero acto electoral. Sin embargo, mi óptica difiere de estas dos visiones. Que el Gobierno de España reconozca institucionalmente a Manuel Azaña supone trenzar la continuidad del devenir histórico de la democracia española. Una continuidad rota de manera violenta que trajo 40 años de dictadura.

Lo simbólico es lo que nos une y lo diabólico es lo que nos separa. Este hecho de reconocimiento supone todo un símbolo que nos debiera unir al margen de nuestras ideas.  Más allá del debate sobre la oportunidad del republicanismo o monarquía, más allá del posicionamiento político a la derecha o la izquierda o más allá de la cuestión territorial, se encuentra la democracia como principio político y de convivencia inexcusable. Por lo tanto, Azaña fue el presidente de todos y todas, desde la legitimidad institucional.  Como en su día lo fueron Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar u otros.

Con este homenaje, se dan la mano dos regímenes democráticos; el del 31 y el del 78. El origen del régimen del 78 no proviene de la dictadura franquista. Por mucho que se quiera argumentar esta tesis para denostar la Transición. La Constitución de 1931, salvando las distancias del tiempo, tiene mucho que ver, en sus estructuras democráticas, con la Constitución de 1978. Otra cosa, es la divergencia en el modelo de Jefatura del Estado.

Por lo tanto, el gesto reciente del Gobierno de España  supone la construcción de un  puente que salva el grave escollo de la dictadura. El gobierno en el exilio mantuvo la llama de la legitimidad encendida durante muchos años, pero le faltaba España como espacio. El gesto nos permite tener una visión continua de la historia como pueblo que avanza y progresa inexcusablemente por fórmulas y maneras democráticas y plurales. Ahora, el Gobierno de España recupera ese gobierno truncado.

No es una mirada al pasado; no es nostalgia de lo que pudimos ser. Es mirada al futuro desde lo que somos y seremos. La Memoria Histórica es un ejercicio de responsabilidad cívica que se debe fomentar desde los poderes públicos y tejido social. Su labor es necesaria.

Finalmente, un sentimiento. A este optimista indómito en la creencia del progreso, que suscribe este artículo, poner la vista en Montauban le alegra más que poner la vista en El Escorial. En ambos lugares hay que poner la mirada porque forman parte de nuestra Memoria. Pero me gusta más la expresión plural de la libertad que el recuerdo de lo siniestro.

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