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Sin noticias de Gurs: el campo de concentración francés por el que pasaron 24.000 republicanos

Internos del campo de concentración de Gurs.

Rodrigo Saiz

Gurs —

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Lucio Gabari todavía no había cumplido los 30 años cuando Francisco Franco dio el golpe de Estado el 18 de julio de 1936 con el que dio comienzo la Guerra Civil. Natural de la localidad navarra de Olite y militante republicano, huyó a Francia por miedo a las represalias y su familia le perdió la pista. No fue hasta muchos años después cuando, a raíz de unos documentos que llegaron a sus manos, descubrieron que en 1939 había estado internado en el campo de concentración de Gurs. Posteriormente, en 1944, según esta misma documentación, fue trasladado al campo de concentración Nazi de Buchenwald, de donde, a los pocos días fue enviado a Flossenbürg y finalmente a Johanngeorgenstadt. “No sabemos nada más de él, si murió ahí, si logró escapar...nada, en las fichas aparece como 'desaparecido'”, cuenta su sobrina nieta Ainhoa. Ella, en representación de la familia, ha acudido este viernes al homenaje que el Gobierno de Navarra ha celebrado en las instalaciones del campo de Gurs a los 435 navarros que estuvieron internos en él tras escapar de la guerra.

Ainhoa ha sido la única de su familia en visitar el campo en el que estuvo su tío abuelo. “Su hermana falleció el año pasado, tenía la esperanza de recibir sus restos antes de morirse”, recuerda visiblemente emocionada. “La ficha de los ingresos en los campos es lo único que tenemos de él y dudo mucho que podamos recabar más información porque ya han pasado muchos años”, lamenta.

Como Lucio, más de 6.000 alaveses, vizcaínos, guipuzcoanos y navarros llegaron a este campo trasladados desde Argeles en marzo de 1939. Construido en apenas unos meses a los pies de la cara norte de los Pirineos, a unos 30 kilómetros de la muga con España, inicialmente sirvió como refugio de los republicanos que huían de la dictadura (llegaron a estar internos en él más de 24.000). Posteriormente, también llegaron miembros de las Brigadas Internacionales procedentes de diversos países que, dado el contexto político o económico, no podían regresar a sus lugares de origen, así como los conocidos como 'los aviadores', en puridad técnicos del ejército republicano. Se calcula que más de 18.000 personas estaban internadas en Gurs en la primavera del año 1939.

Pero a partir de la ocupación alemana de Francia en 1940, bajo el mando del régimen de Vichy, el campo dejó de ser un refugio para exiliados de la guerra y se convirtió en un campo de concentración orientado, sobre todo, a recluir en él a judíos de distintos puntos de Europa, pero también a los “indeseables”, es decir, disidentes políticos y otras minorías como la gitana u homosexuales, que compartieron recinto con algunos republicanos españoles que todavía seguían allí.

Clausurado en 1945, el Gobierno francés “nunca ha querido sacar del olvido lo que pasó en Gurs”, apunta Raymond Villalba, “un hijo del campo”, como él mismo se define, porque sus padres se conocieron estando allí refugiados. “Hay muchas manchas para Francia, como los seis convoyes de judíos que el régimen de Petain envió a los campos se exterminio”, añade. Lo que en la actualidad se puede visitar es una reconstrucción de las instalaciones de entonces, que fueron desmanteladas y sobre las que se plantaron cientos de árboles.

“No querían ser franceses pero tampoco reconocer el régimen de Franco”

Asociaciones como 'Terres de Mémorie(s) et de Luttes', de la que es miembro Raymond Villalba, se encargan de mantener viva la memoria de Gurs y de quienes pasaron por aquel campo. A él sus padres le contaron las penurias que allí pasaban hombres, mujeres y niños. “Los inviernos de 1939, 1940 y 1941 fueron terribles, hizo mucho frío y hubo mucha nieve y los barracones eran de madera y no estaban pensados para esas condiciones”, apunta. De hecho, sus padres se conocieron porque a su padre, carpintero, lo nombraron responsable del mantenimiento de los barracones y podía moverse libremente por el campo, ya que el resto de internos tan solo podían estar en la zona que se les había designado. “Mis padres nunca quisieron ser franceses, pero tampoco reconocer el régimen de Franco”, cuenta Raymond Villalba, nacido en Francia y ahora concejal de Oloron, municipio francés situado a pocos kilómetros del campo de Gurs, por el Partido Comunista.

También relató en su casa las condiciones en las que se vivía en Gurs Félix Sembroiz, vecino de Olite, que con 26 años combatió en el Frente del Ebro. Cruzó a Francia y estuvo en las playas del Roussillon, donde los republicanos españoles que huyeron a Francia estuvieron confinados hasta la construcción del campo de Gurs. En marzo fue llevado a este recinto. “Sus recuerdos eran de barro, mucho frío, hambre...”, relata su nieta Vitori Jaurrieta Sembroiz. “Además de escribir cartas a mi abuela, también escribía las de gente que no sabía leer ni escribir. Las cartas tenían censura, mi madre recuerda que las cartas venían con un papel marrón pegado, que se notaba que habían sido abiertas e incluso alguna vez con un tachón”, añade. Félix no volvió a España hasta la primavera de 1976, una vez muerto el dictador Franco. “Podía haber vuelto antes, pero tenía que pasar por el consulado y eso suponía reconocer gobierno y mi abuelo dijo que ni hablar. Tenía unas convicciones que mantuvo toda la vida”. Para poder ver a la familia, se quedó a vivir en Oloron y fueron los miembros que vivían en Navarra los que cruzaban a Francia para verle.

Otros muchos sin embargo, por miedo o vergüenza, no se atrevieron a contar a los suyos su paso por el campo. Es el caso de Octavio Victoria, de Alsasua, quien tras haber combatido en el Frente del Norte y en la Batalla del Ebro, escapó a Francia y fue llevado a Gurs. De allí, le devolvieron a España y fue enviado a África a realizar trabajos forzosos. Este viernes su nieto ha ido a Gurs a recordarle. “Me enteré de su historia por un libro en el que vi su ficha, en casa nunca nos contó nada”, relata. Tampoco lo hizo Ramón Mazquiarán, también vecino de Alsasua. “No querían hablar, pero después me enteré que cuando regresó sus hijos no le reconocían de lo cambiado que estaba”, señala su nieto José Ramón.

Hoy en Oloron, muchos de sus vecinos tienen apellidos vascos y se recuerda a los republicanos españoles como héroes de guerra pues, muchos de ellos se alistaron para detener el avance de los nazis por Francia a partir de 1940 y fueron “claves” en la Resistencia francesa.

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