Yolanda Díaz vs. Carlos Cuerpo: el ministro de Economía, nuevo 'enemigo número uno' de Sumar
2025 empezó con una pugna en el Gobierno a cuenta de la reducción de la jornada laboral. La tensión llevó incluso a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, a acusar al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, de ser “mala persona” por poner trabas a esa medida. Los habituales choques que en los ejecutivos monocolor se producen entre todos los departamentos y los ministerios de Economía y Hacienda, que son los que manejan el dinero, se acrecientan en el caso de las coaliciones. Primero fue Nadia Calviño la 'enemiga número uno' de Pablo Iglesias y Díaz y ahora es Cuerpo el que está en la diana de Sumar.
Díaz se había marcado como objetivo para 2025 la aprobación de la reducción de la jornada de 40 horas a 37,5, como había pactado con los sindicatos e hizo rápidamente pública la pugna dentro de la coalición. Primero acusó a Cuerpo de querer “agradar” al PNV descafeinando la iniciativa, que siempre ha disgustado a la patronal, y también de dilatarla e incluso bloquearla. “Ni Calviño se atrevió a tanto”, censuró Díaz. “Me gustaría rebajar el tono. Como dicen los británicos, para bailar un tango hacen falta dos y, en este caso, nosotros estamos muy centrados en el fondo del asunto y en trabajar para conseguir este derecho”, expresó entonces el ministro de Economía ante las acusaciones de “incumplimiento” del acuerdo de Gobierno por parte del socio minoritario y antes de reunirse con la vicepresidenta segunda para intentar reconducir la situación.
Unos días después, el 4 de febrero, el Consejo de Ministros aprobaba en primera vuelta el anteproyecto y Díaz rebajaba su tensión con Cuerpo: “Las diferencias son políticas, no son personales. Tengo una magnífica relación con el ministro de Economía”. Tres meses después, la propuesta ponía rumbo al Congreso y, en septiembre, la vicepresidenta se llevaba un duro varapalo. PP, Vox y Junts tumbaron su medida estrella en septiembre.
Para entonces, Díaz y Cuerpo ya habían tenido un nuevo desencuentro. En esa ocasión, a cuenta de la ampliación de los permisos por maternidad y paternidad. Sumar presionó para que la medida se aprobara antes de las vacaciones de verano. “No es la patronal la que impide esto”, denunció en una entrevista la vicepresidenta segunda: “No puede ser que el PSOE siga diciendo a día de hoy que no”.
El socio minoritario presionó para acelerar el asunto ante la negativa del Ministerio de Economía a introducirlo en la reunión previa al Consejo de Ministros. Tras una ardua negociación, Pedro Sánchez se encargó de anunciar la decisión de aprobar el decreto en la última reunión del gabinete en el mes de julio. La medida quedó, no obstante, reducida respecto a las intenciones iniciales de Sumar, que lo celebró, en todo caso, como un triunfo. De hecho, el Congreso le dio el visto bueno el mismo día que tumbó la reducción de la jornada.
Pugna por los permisos
La siguiente pugna entre Díaz y Cuerpo se produjo apenas un mes después. La ministra de Trabajo anunció la ampliación del permiso retribuido por fallecimiento “hasta diez días” y un nuevo permiso para cuidados paliativos. “Creo que nadie puede ir bien a trabajar a los dos días del fallecimiento de un padre, de una madre, de un hijo, de una hija. Nadie puede hacerlo bien”, dijo la vicepresidenta, que planteó una “nueva norma para modificar el Estatuto de los Trabajadores”.
La medida no había sido negociada previamente en el seno de la coalición y de nuevo fue el titular de Economía el que enfrió las expectativas de Díaz. “Tenemos que encontrar una forma equilibrada de seguir hacia delante que tenga en cuenta también, por supuesto, a las empresas y la capacidad que tienen de seguir avanzando en este círculo virtuoso que estamos encontrando, y conquistar derechos y seguir siendo capaces de crecer de manera significativa”, expresó desde Luxemburgo ese mismo día.
Díaz sigue empujando para que ese permiso salga adelante y llegó a un acuerdo con los sindicatos UGT y CCOO en el que no estaba la patronal, como había planteado Cuerpo. Ese acuerdo se suscribió el 11 de diciembre y el Gobierno aún no ha puesto fecha a su aprobación, que amenaza con convertirse en el nuevo encontronazo entre Sumar y el ministro de Economía.
Lo mismo sucede con la prórroga de los contratos de alquiler que vencen en 2026. Sumar exigía que se prorrogaran en el decreto del escudo social que el Consejo de Ministros aprobó en su última reunión del año, pero la decisión finalmente quedó fuera, a pesar de la presión. El principal escollo, según reconoció la propia vicepresidenta segunda en una conversación informal con los periodistas durante el acto de la Constitución era, de nuevo, Carlos Cuerpo, a quien situó en “posiciones muy neoliberales”.
Una contraposición de modelos
En el departamento que dirige Cuerpo evitan hacer comentarios sobre las batallas con Díaz. “No vamos a entrar”, se limitan a decir mientras en el ala socialista se esmeran por rebajar la importancia de los desencuentros en el seno de la coalición. “Tengo experiencia en lo que supone un Gobierno de coalición de dos fuerzas políticas que lógicamente tienen desavenencias o diferentes enfoques, pero lo importante es el objetivo común que va guiado por una hoja de ruta que nos mandata a estas políticas”, repite la portavoz, Elma Saiz, que reconoce las “discrepancias” en el Gobierno, pero pone en valor que “la mayor parte de las veces” se traducen en políticas “vanguardistas” como los permisos parentales.
No se trata de una pugna personal sino de una contraposición de modelos, según defienden en Trabajo. “La relación personal es muy buena, pero el Ministerio de Economía y el de Trabajo siempre han tenido diferencias políticas, también en la legislatura anterior”, trasladan fuentes del departamento que dirige Díaz.
La vicepresidenta segunda suele usar la figura de Cuerpo como antes lo hizo con la de Calviño para confrontar dos formas de entender la política y la gestión económica dentro de un mismo Gobierno, el del ala socialista frente a las políticas redistributivas y laboralistas de la parte de la coalición que ella representa. La relación entre la exvicepresidenta primera y la ministra de Trabajo estuvo plagada de desencuentros que se extendieron prácticamente hasta la salida de Calviño al Banco Europeo de Inversiones.
Ahora, pese al cambio de nombres en Economía, Díaz sigue viendo a su sucesor en el cargo como una continuación de las “políticas neoliberales” del PSOE, incluso aunque los perfiles no son exactamente iguales. Pero la vicepresidenta suele recordar que en el pasado, durante las negociaciones del salario mínimo cuando él era todavía secretario de Estado, ya tuvo encontronazos con él por sus posiciones enfrentadas.
Esa confrontación le sirve a la vicepresidenta para seguir defendiendo la presencia de su espacio político en el Gobierno, mucho más en un momento como el actual en el que Sumar ha acusado a los socialistas de habitar en una parálisis ante la crisis que les salpica por el avance de las causas de corrupción y los coletazos del caso de Francisco Salazar. De hecho, Díaz ha propuesto a Sánchez una remodelación del gabinete de ministros, aunque no ha querido especificar nombres concretos.
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