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Gracias, Anna Muzychuk

Es una sinrazón que una ministra europea, por ejemplo, se vea obligada a cubrirse la cabeza porque al señor que tiene enfrente le ofende ver su pelo

Anna Muzychuk, doble campeona mundial de ajedrez

Anna Muzychuk, doble campeona mundial de ajedrez

Estos días se celebra el Campeonato del Mundo de Ajedrez Rápido y Relámpago en Riad (Arabia Saudí). Anna Muzychuk, campeona del mundo en las dos modalidades, ha renunciado a defender sus títulos. No participar dificulta su carrera profesional y le hace perder importantes ingresos económicos, sin embargo, ha querido que prevalezcan sus principios.

Junto a su hermana, Mariya Muzychuk, también ajedrecista, han publicado en las redes que se niegan a acatar las normas de ese país: a jugar con las reglas de otros, a llevar abaya, a tener que ir acompañadas en la calle y, en resumen, a sentirse criaturas secundarias.

Anna añade que “lo más decepcionante de todo es que a casi nadie le importa".

Por favor, Anna, no pienses eso. Nos importa y mucho.

Tu postura a favor de los derechos de las mujeres no es una anécdota, es una acción trascendental. Porque lo ocurrido no es un asunto de velos y de mujeres, es un asunto político.

Un asunto indignante cuya responsabilidad recae en la Federación Internacional de Ajedrez, que deberá rendir cuentas, explicar por qué no ha tomado medidas para evitar la discriminación de género.

El motivo de la Federación de Ajedrez para celebrar el mundial en Riad es el dinero, el poder económico de un país con el que es difícil competir. Pero, deberá justificar por qué se ha avenido a que impongan a las ajedrecistas vestir la abaya, una túnica que cubre cuerpo, brazos y piernas; justificar por qué hizo caso omiso cuando algunas ajedrecistas se negaron a participar en el pasado mundial, celebrado en Irán, por verse obligadas a usar el hiyab.

¿Acaso obligan a los hombres, ya sean cuadros federativos o ajedrecistas, a llevar thawb (vestimenta masculina hasta los tobillos) o a cubrir la cabeza con una ghutra (pañuelo cuadrado de algodón)?

Anna Muzychuk, tu valentía y tu generosidad han sido decisivas. No es noticia que las ajedrecistas acaten las decisiones de los señores del ajedrez y oculten su cuerpo o su cabello: ¡que queréis que las tapemos, pues las tapamos!

Pero sí es noticia que la doble campeona del mundo se rebele y su postura igualitaria trascienda.

Gracias a que nos has dado a conocer las razones de tu negativa a participar en el mundial, no ha pasado desapercibido que las ajedrecistas tienen que someterse a los dictámenes de una cultura androcéntrica a ultranza.

Este tipo de imposición, presente hoy en el mundial de ajedrez, la sufren las mujeres occidentales en los ámbitos empresarial y político en ciertos países, y se acata con normalidad. Los hombres se presentan con traje y corbata, pero ellas deben cubrir su cabello y cuidar su vestimenta.

No me hablen de respeto a la tradición, pues por encima debe situarse el respeto a las personas y la tolerancia, en sentido bidireccional y en todos los sentidos.

Me subleva de manera especial el ver a las ministras o presidentas de gobierno que, con alguna excepción, acceden a estas exigencias. Siempre que veo una imagen de estos encuentros internacionales, me pregunto por qué esa mujer poderosa no hace valer su autoridad y se niega a velarse. Supongo que esa dignataria no tiene el poder personal que has demostrado tener tú, Anna. De lo contrario, se negaría. Caería en la cuenta de que, si antes de empezar la reunión se ha sometido a semejantes mandatos, su posición de partida es de inferioridad. Es una sinrazón que una ministra europea, por ejemplo, se vea obligada a cubrirse la cabeza porque al señor que tiene enfrente le ofende ver su pelo.

Y que no me hablen de respeto a la tradición, pues por encima debe situarse el respeto a las personas y la tolerancia, en sentido bidireccional y en todos los sentidos.

La tradición se suele utilizar con gran eficacia para cercenar los derechos de las mujeres.

En los últimos años, desde esta parte del mundo, asistimos con pasividad a la manera en que los petrodólares van imponiendo y extendiendo un androcentrismo primitivo, que en algunos aspectos creíamos superado. Estamos viendo la osadía con la que un mandato cultural específico, por ejemplo, el de Arabia Saudí, que obliga a sus mujeres a observar estrictas normas en la vestimenta, avanza posiciones en el mundo global.

Y lo más grave, los hombres con capacidad de decisión en el mundo occidental, los políticos, eclesiásticos, intelectuales…, al igual que han hecho los del ajedrez, aceptan la regresión en los derechos humanos de la mitad de la población. ¡Claro, ellos están en la otra mitad!

Elijo la cultura occidental. ¿Es mejor mi cultura? Claramente sí, pero no porque sea la mía, sino porque pertenezco a esa mitad, la de las mujeres, y es aquí donde hemos conseguido mayores cotas de autonomía. Hemos de seguir avanzando, queda mucho camino por recorrer hasta la igualdad real y me saltan las alarmas cada vez que observo maniobras que intentan dificultar nuestro progreso.

Por todo ello, Anna, tu actuación ha sido encomiable. Ojalá las mujeres, del ajedrez o de otros ámbitos, sigan tu ejemplo.

¡Gracias, Anna Muzychuk!

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