Adultos en el verano del 26
He empezado a pensar que nos acordaremos del verano del 26 como en el siglo pasado recordaban el verano del 36. El último verano antes de una gran guerra, de la catástrofe europea, el fin de una época bella. Estoy exagerando, claro, presa de la depresión posvacacional. O no. Creo que en poco tiempo no reconoceremos el mundo que existía antes de este último verano. Nada invita al optimismo; ni siquiera los de derechas, que acarician una victoria electoral en un escenario mundial favorable, parecen contentos. Sí parecen rabiosos, vengativos, nostálgicos, con ganas de bronca y ganas de más, pero no triunfantes, constructivos o felices.
Sí parecía feliz Mark Zuckerberg al firmar el acuerdo por el que Meta pagará 12.000 millones de dólares por supuestos daños “al bienestar mental y físico de los jóvenes de Estados Unidos” y cambiará el diseño de sus plataformas de redes sociales para minimizar los daños que su empresa causa a los menores de todo el mundo. Era consciente de que nos la estaba colando a lo grande: la actividad de los menores en todas las plataformas de Meta representa menos del 1% de los ingresos de la compañía y los cambios a los que ha accedido ya estaban al alcance de los padres y tutores de los niños con perfil en redes. Ha sido como firmar ante los tribunales que la heroína no es un problema de salud siempre que la consuman adultos y da igual si es pura, adulterada, si causa problemas de salud mental o adición o la aprovechan sectas para captar discípulos. El verdadero negocio de las plataformas son los adultos. Tranquilizamos la conciencia restringiendo el acceso de los hijos a las plataformas los mismos que les hemos puesto en las manos el móvil para no reconocer que el problema, y el negocio de Meta, somos nosotros, los adultos.
Esto sí es solo para adultos, aunque haya muchos adolescentes implicados. Ceuta arde o estalla, según el medio que leas, es una olla a presión que aprovecha la burricie internacional y que el gobierno, que estoy segura de que trabaja intensamente desde el primer día, no ha sabido contener. La gran pregunta es quién ha movido los hilos para que se produjera esta avalancha de personas usadas por unos y otros como carne de cañón. El gran error del gobierno es no hablar claro pero no lo es actuar como Estado omnipresente saltándose el Estado de las autonomías. Lo que sí ha quedado claro es el derrumbe de la solidaridad y unión de los europeos, la fragilidad de las fronteras, el miedo fabricado al otro y que el Estado debe estar presente para conjurar la tendencia natural a aborrecer el vacío y llenarlo con lo que sea. Aún con basura. Ahí estaba Aznar haciendo lo que puede y predica. Sigue sin responderse la gran pregunta: quién ha orquestado la entrada masiva de marroquíes a Ceuta.
Mientras las costuras del Estado estallaban, nosotros hablando de la caída de los influencers. Si yo os contara, que fui responsable, en un pasado lejano, de muchos idilios entre marcas y chicas y chicos jóvenes y bellos en busca de autor. Quién iba a pensar en los 2000 que además de preparar recetas o dar consejos de belleza iban a ponerse a opinar de todo lo divino y lo humano y que se inclinarían cada vez más hacia el negacionismo y la ignorancia. Vuelvo a la teoría de que los vacíos se llenan: si no opinan los sabios, opinan RoRo y el Xocas. No estoy en contra, de hecho creo que la izquierda puede sobrevivir a un otoño negro en parte gracias a influencers como Alba Carrillo. De hecho, ella no es influencer, ella es una mujer de izquierda sosteniendo el estado de ánimo de la izquierda solo ayudada por Mariang, Nerea Pérez de las Heras y las amigas de toda ellas. Alba presidenta queriendo ir al ático y diciendo “chao pescao” es más productiva que una comparecencia de Bolaños.
Recordaremos el verano del 26, aquel en el que Trump oficializó que lo suyo con Venezuela no era una transición democrática sino petróleo, pago por protección y ley del más fuerte, el verano en el que un sátrapa renombró el lago Ontario y otro lago y un glaciar arrasaron Nepal, ofreciéndonos la oportunidad de ver morir a cientos de personas en directo. Todo en verano sin soluciones a las personas sin casa o con sueldos precarios o peor: la solución es más capitalismo, menos ayudas, más individualismo. Quizá exagero y el otoño será esperanzador. Ni siquiera he tenido ánimos para escribir de la apocalíptica IA. En septiembre aún nos quedará la libertad. Y la libertad será un ático.