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Opinión - 'Ni disimulan ya sus objetivos', por Rosa María Artal

Ni disimulan ya sus objetivos

11 de septiembre de 2026 23:22 h

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Ha ocurrido el mismo día. Primero, Isabel Perelló, presidenta del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, califica como de extrema gravedad lo que llama acusar a los jueces de adoptar “decisiones por razones políticas y no jurídicas”, dice que es un ataque al Estado de Derecho y dirige sus dardos principales al gobierno. Ante el Rey, como destacan algunos medios, si eso hubiera supuesto otra cosa que un gesto de crispación notable en el jefe del Estado. Sin más.

Al mismo tiempo, el Supremo dice ver en la ‘ley de nietos’ -en vigor desde 2022- un “peligro fundado, real y serio” para  la objetividad de las elecciones. A petición de organizaciones de ultraderecha, suprime el voto a los españoles descendientes de quienes se exiliaron a causa del franquismo. Y nos enteramos de que el ponente de esa resolución, Antonio Narváez, expresó a Feijóo su deseo de que el PP llegara al Gobierno en aquel encuentro secreto de fiscales con el presidente popular en 2023.

Para rematar, la Audiencia de Madrid exonera a la ultra que insultó gravemente a Begoña Gómez, cuyo recurso rechaza. La resolución judicial afirma que llamar “Begoño” a la esposa de Pedro Sánchez o vincularla, sin ninguna prueba, con el narcotráfico en Marruecos, debe enmarcarse en el derecho a la libertad de expresión y no constituye delito de injurias. Por lo mismo, por menos en realidad, en enero fueron condenadas 10 personas en Francia que afirmaban  en redes sociales que la primera dama, Brigitte Macron, era un hombre.

Se observan cambios en la osadía con la que algunos poderosos declaran sus estrategias no precisamente ortodoxas. Días de desnudar intenciones sin el menor pudor. Desde Donald Trump a José María Aznar a, como vemos, la cúpula de la justicia en España. Y, en este contexto, es perceptible que buena parte de la ciudadanía o no se entera o no le importa. Sin duda la confusión que despliegan numerosos medios de comunicación ha logrado ya que mucha gente no sepa qué es periodismo y en qué les afecta la realidad que deben contar las noticias.  Se ven y se leen actitudes verdaderamente espeluznantes.

 Lo del Poder Judicial, con todo lo que hemos visto, no tiene un pase en absoluto. La justicia no es de inspiración divina como se consideraba antaño y aún parece pensar Isabel Perelló sino que emana del pueblo, según la Constitución española. El respeto no se exige, se gana, dicen algunos; se pierde también y están ocurriendo algunas cosas escandalosas.

Pasemos un momento al germen infeccioso de la democracia que opera en Estados Unidos, Donald Trump, quien a cara descubierta ofrece 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido gana las elecciones de medio mandato en noviembre. Suponen 1,2 billones USA (un millón de millones cada billón, con doce ceros). Parece que ni aun así fue exultante el homenaje que acaba de montarse en una convención republicana con aroma a secta, como cuenta Andrés Gil. Se llegó a decir allí: “Dios nos dio a Trump para salvar EEUU del pecado y de la alianza entre comunistas e islamistas”. Nadie mandó callar al público que gritaba “deberían fusilarlos”. Y Trump hizo jurar a los asistentes que acudirían a votar so pena de ir al infierno.

Claro que en Madrid hay gente parecida que escucha, complacida, los impunes y gravísimos insultos de Ayuso y su lugarteniente Rodríguez al gobierno y que aprueba cuanto hace su diosa: “¿Qué pasa, no han robado los demás? ¿Pues no va a robar ella? Se lo ha ganao y se acabó ya. Que viva la Ayuso”, dicen mujeres de esas que dan saltitos, contentas, en una encuesta de televisión.

¿Se han enterado, por cierto, los ciudadanos de lo que este jueves dijo otro de los lugartenientes de Ayuso en la Comunidad de Madrid? Resulta que tras pasar de pacientes a “clientes” -un invento del PP de Madrid en su día- ahora ya somos “stock”, simplemente. Este lo dijo, como advierto, con toda claridad.

Pero la declaración más descarnada, quizá, ha sido la de José María Aznar:

“Estos días comprobamos con el drama de Ceuta las consecuencias de habernos enajenado la amistad de aliados relevantes”, en referencia a Israel, dijo. Inmiscuyéndose en la política exterior del gobierno de nuestro país, estima -genocidios aparte-, que “España debe recuperar cuanto antes una relación normalizada con Israel. La que nunca debió de perder con un aliado estratégico, que lo es por razones de más entidad que el prejuicio o el oportunismo”, opina.

Presentaba en un acto a la máxima representante ahora de la embajada de Israel en España, la encargada de negocios, quien fue más allá al decir: “No trabajar con Israel sobre nuestra defensa tiene un precio”.

Un expresidente de gobierno, Aznar, relaciona lo ocurrido en Ceuta con habernos enajenado la amistad de Israel. La diplomática israelí a su lado dice “No trabajar con Israel sobre nuestra defensa tiene un precio”. Poco valemos por cierto los residentes en el Madrid de Ayuso convertidos ya en un triste stock para su sanidad. Mientras la justicia española pierde el respeto que debería ganarse, la Presidenta Perelló protesta ante las críticas fundadas, en lugar de intentar recomponer el -en efecto, preocupante- desprestigio de un poder clave del Estado a causa de algunas resoluciones judiciales

Trump entretanto intenta comprar votos para proseguir sus desmanes desde la Casa Blanca y forrarse él y su familia. Cargado de pecados de los que condena toda religión, la secta de votantes que le adora cree que es un enviado de dios. Y en Madrid parece que vivimos una imitación parecida en ignorancia y peligrosidad. 

Ánimo a todos que parece que esto va a más. Y especial precaución con las amebas que, en cualquier posición que ocupen, tienen una gran responsabilidad en todo esto.