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Opinión - Agosto madrileño contra Sánchez, por Raquel Marcos

Cuando Feijóo despertó, Sánchez todavía estaba allí

15 de agosto de 2026 22:37 h

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Es uno de los microrrelatos más famosos y breves de la literatura en español, escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. La interpretación más convincente que he leído del texto es que el dinosaurio simboliza algo que creíamos superado o extinguido –un problema, un miedo, un mal recuerdo–, pero que permanece obstinadamente presente por más que logremos evadirlo durante unas horas de sueño. O unos días de vacaciones, como las que se está pegando Alberto Núñez Feijóo en Moaña entre declaraciones intermitentes a los medios para demostrar que hace algo más que broncearse. Al igual que el protagonista indefinido del relato de Monterroso, al líder del PP lo aguarda el dinosaurio a la vuelta del verano. Nada lo librará del amargo reencuentro. Se me ocurre al respecto un cuento aún más corto que el del autor centroamericano: “Cuando Feijóo despertó, Sánchez seguía allí”.

Está por ver qué estrategia se trae entre manos el líder conservador de cara al otoño. Todo lo que ha hecho hasta el momento para tumbar a Sánchez ha resultado infructuoso. El terco dinosaurio sigue ahí, inamovible. El 8 de mayo, en un acto de partido para celebrar el tercer aniversario de las victorias electorales municipales y autonómicas de 2023, Feijóo proclamó: “He dicho hace mucho tiempo y lo repito hoy: haré todo lo posible para cambiar al Gobierno, y cuando digo todo es todo”. Hay que reconocerle que lo está intentando. Pero no lo consigue. Recordemos que antes de aquellos comicios caldeó el ambiente con denuncias de un supuesto fraude electoral con el peligroso propósito de desconocer el resultado en caso de derrota; tras ganar por goleada, su preocupación por la limpieza electoral desapareció por ensalmo. Pero la alegría solo le duró seis meses, hasta que Sánchez fue investido de nuevo como presidente después de las generales. Desde entonces, la iracundia del líder del PP ha ido in crescendo, porque el tiempo pasa y el dinosaurio sigue ahí, tan ancho.

A finales de junio pasado, PP y Junts presentaron en el Congreso sendas iniciativas para que el Gobierno disolviera las Cortes y convocara elecciones anticipadas. Aunque esa eventual votación no era vinculante, ambas formaciones confiaban en que el debate parlamentario obligara a los demás partidos a “retratarse” acerca de la conveniencia de la continuidad de Sánchez. Pero ninguna de las dos iniciativas llegó al pleno, ya que la Mesa del Congreso, con mayoría del PSOE y Sumar, abortó el debate con el argumento de que se trataba de una velada cuestión de confianza al presidente, cuyo ejercicio le compete en exclusiva al jefe del Ejecutivo. Feijóo dijo entonces: “Si el Gobierno no solamente no quiere poner las urnas a los españoles sino que tampoco nos deja votar a los diputados en la Cámara, lo que tenemos que hacer es desplazar a este gobierno y que el otro gobierno convoque elecciones de forma inmediata. Esta es la propuesta que está puesta encima de la mesa por mi partido”.

Hacer “todo, y cuando digo todo es todo” para tumbar a Sánchez. “Desplazar” al Gobierno. Las palabras no son inocuas. Revelan una forma de entender la política. Feijóo no se tomó la molestia de aclarar si con “todo” se refería exclusivamente a las herramientas que le otorga la Constitución. Tampoco quedó claro por qué utilizó la fórmula retórica de “desplazar” a un Gobierno democráticamente constituido, cuando en la Carta Magna se recogen con nombres precisos los instrumentos disponibles para precipitar el final de la legislatura. ¿Debe mos sobreentender que el líder del PP solo piensa en las vías constitucionales cuando habla de derribar al Gobierno? Más vale que sea así. Pero las democracias se construyen también con palabras, y las que esté utilizando Feijóo en su obsesión contra Sánchez solo contribuyen a minar la salud de la nuestra.

España se fue de vacaciones en un ambiente político irrespirable. El llamado de Aznar para que “el que pueda hacer, que haga” se ha instalado en la política de las derechas y es difícil imaginar a estas alturas una marcha atrás. La actuación del PP, sus medios afines y ciertos sectores del poder judicial han tensado las reglas del juego hasta el borde de la ruptura total, y preocupa imaginar cómo se desarrollarán los acontecimientos al regreso del verano una vez verifiquen que el presidente Sánchez está dispuesto a resistir o, peor aún, que se las arregla para recomponer las relaciones con sus socios de investidura. La derecha está apostando cada vez más fuerte, entre otras cosas por la incapacidad de Feijóo para sacar adelante una moción de censura. El líder popular no tiene fuelle ni siquiera para convertir una moción de censura fallida en una victoria política, como hizo Felipe González en 1980. El líder socialista sabía que iba a perder, pero se valió de la vitrina del acontecimiento parlamentario para exponer su programa alternativo y atraer simpatías entre la ciudadanía. Dos años después arrasó en las elecciones generales.

En un momento dado de este verano, Feijóo acarició la idea de que la entrada irregular de unas 70.000 personas a Ceuta hiciera tambalear al presidente del Gobierno. Pero, para su desolación, lo más complejo de la crisis se superó en pocas horas con el regreso de los migrantes a Marruecos. Y lo que se dibujaba como una guerra abierta de una veintena de países de la UE contra España se desinfló, al menos en el tono, quedando algunos flecos abiertos como el contencioso con Italia por la aplicación del acuerdo de Schengen. El tema en todo caso es muy grave y seguirá trayendo cola en la rentrée del otoño. Resulta evidente que el Gobierno se siente tocado; de otro modo no habría endurecido en las últimas horas su discurso anunciando que expulsará a “todos” los que entraron de modo irregular, ignorando que las expulsiones deben hacerse de modo individualizado y cumpliendo estrictos protocolos. Es previsible, pues, que veamos a Feijóo atacando con la inmigración. Pero la política es la política, y de nada le servirán al PP los bramidos contra Sánchez si no cuenta con los votos para tumbarlo (para lo que haría falta que Junts se suicidara políticamente participando junto Vox en una moción de censura), o si los jueces amigos no aprietan al presidente hasta la asfixia, llevándolo si es el caso (todo es ya posible) al banquillo con cualquier ocurrencia jurídica, o si los socios de investidura no le dan la espalda (Sumar anda muy molesto por la prolongación de la vida de la central de Almaraz). Opciones que no dependen exclusivamente de él y de su forma irascible de ejercer la oposición.

Mientras nada de ello ocurra, por mucho que vocifere, Feijóo está seguirá despertando y el dinosaurio todavía estará allí.