La gerontocracia del Ibex 35 contra la efebocracia del Parlamento

El IBEX-35 nació en 1992 como principal índice de referencia de bolsas y mercados españoles. El 35 es el número de empresas que allí cotizan, las importantes y de mayor liquidez. Siempre, pero más en estas fechas que nos ocupan con un Gobierno en funciones y el futuro por determinar y la que se ha liado en Cataluña, a los 35 se les atribuyen susurros, presiones y mensajes sobre qué políticos, coaliciones de Gobierno o partidos son los que les convienen a ellos y por ende, al país. Como si el IBEX-35 y España fueran uno en su destino. 

 Al hilo de esta circunstancia -qué le gusta al IBEX, qué le gusta a Bruselas, qué le gusta a Merkel más allá de lo que voten los españoles- es interesante recordar algunos datos. El presidente de Caixabank (con Santander y BBVA, los tres grandes) el señor Isidre Fainé, tiene 74 años; César Alierta (presidente de Telefónica) y Francisco González (presidente del BBVA) tienen 71 años y ambos le deben el cargo al Gobierno Aznar de 1996. Los dos cambiaron estatutos de Telefónica y BBVA para poder seguir después de los 70.

Setentones son también Alejandro Echevarría, presidente de Telecinco y José Folgado, exsecretario de Estado de Rodrigo Rato y ahora presidente de Red Eléctrica. Pero no se desanimen, no son los más ancianos. Entre ese grupo tan representativo de la vida empresarial española se encuentran también simpáticos octogenarios como Juan Miguel Villar Mir, 81, presidente de la constructora OHL y nombre aireado por sumarios vinculados a casos de corrupción del PP; José Lladó (Técnicas Reunidas) comparte edad con Villar Mir y un añito más joven es Salvador Gabarró (80 primaveras).

Al lado de la lista anterior, los sesentones Florentino Pérez ( 68,ACS), Antoni Brufau (67,Repsol), Josep Oliú (66, Sabadell) o Rafael Miranda (66,Acerinox) son unos jóvenes que se comerán el mundo y los Ignacio Sánchez Galán, (Iberdrola), Antonio Llardén (Enagás), Víctor Grífols (farmaceútica Grífols), Ana María Llopis, (Supermercados Dia) y Borja Prado (Endesa) que cumplirán en el 2016 los 65, son unos chavales con futuro.

En total, 19 empresas del selecto e influyente IBEX-35, más del 50%, estarán dirigidas en el 2016 por unos señores que superan los 65 años. Las datos han sido extraídos de un artículo del compañero Carlos Ribagorda sobre la gerontocracia en el citado índice.

El próximo miércoles, 13 de enero, se abrirá en el Congreso de los Diputados lo que será una nueva etapa, para lo bueno y para lo malo. Algunos sociólogos y las nuevas fuerzas políticas han dado en llamar  a lo que viene “la segunda transición”. La media de edad de los diputados baja a los 47 años. Esta efebocracia parlamentaria no es garantía de que todo vaya a ir sobre ruedas, pero sí un síntoma de que la regeneración será una realidad, a poco que los nuevos se apliquen a ello. Y no tienen porque ser ni más tontos ni más incultos que los diputados de 1978 o los de 1982, por más que ahora estos se lleven las manos a la cabeza. 

Entre la gerontocracia del IBEX-35 que estos días filtra en los medios y a los analistas sesudos las temibles plagas que acaecerán en este país sin una coalición PP-PSOE y sitúan a España al nivel de Grecia si Pedro Sánchez forma una coalición de izquierdas, y la efebocracia de los nuevos diputados, hay un camino intermedio, pero vivir encogidos por las amenazas de una cúpula empresarial que no ha hecho ni la primera ni la segunda transición -frente a los sucedido en el resto de la UE- es doloroso, patético y también forma parte de esos males estructurales de la economía nacional.

Por no hacer, los grandes empresarios raras veces han realizado el esfuerzo de regenerarse. Algo que si han intentado cientos, miles de medianas y pequeñas empresas que se han quedado en el camino, en buena parte por la falta de visión y de apoyo de los grandes los mismos que mantuvieron al frente de la CEOE, la gran patronal, a un tipo que ahora está en la cárcel. 

Mantiene un ex alto cargo de dos de las más importantes del Indice-35 que el grueso de esos respetables abuelos de setenta y ochenta años, lo que sí que hicieron desde la muerte del dictador -algunos ya tenían cargo entonces- es cargarse a sus segundos o terceros espadas para que nadie pueda robarles la butaca. Las pruebas de ello abundan en el grupo de cabeza.

Es una curiosa forma de entender la regeneración: me llevo por delante al que despunta a mi lado, cambio los estatutos y aquí me quedo, con mis posaderas arrugadas bien acomodadas, que ya no están los huesos para muchos trotes. Son los mismos que antes de la crisis del 2008 llevaron a cabo las prejubilaciones masivas, de forma que cuando estalló la burbuja, lo que había al frente de sucursales y filiales eran jovencitos solo acostumbrados a ganar dinero fácil y rápido. La edad en su persona es un activo, en la de los de abajo era un pasivo.  

Cierto que la vejez no es un demérito para dirigir una gran corporación -al contrario, la experiencia no se enseña- pero cuando te has dedicado a segar la hierba que crece a los pies de los que han venido detrás de ti para que no te hicieran sombra; cuando has propiciado la prejubilación -desde los 50 y 52 años en adelante- de miles y miles de personas para regenerar la corporación, hay que tener cuajo -valdrían otros muchos adjetivos- para llegar ahora y descalificar a los nuevos por barbilampiños, inexpertos y rojos diabólicos. Pues lo tienen, cuajo y otro montón de cosas. Ni siquiera el ejemplo de la abdicación de Juan Carlos les sirvió. 

Lástima que una parte clave de quienes debían ocupar el puesto entre la gerontocracia empresarial y la efebocracia recién llegada -políticos, exministros de González y Aznar, profesionales de prestigio que fueron cargos importantes en estos 40 años- solo pongan el oído para escuchar las plagas que vendrán de los de arriba y repartir luego la cizaña y el miedo entre los voceros apropiados.