A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Jordania

knafeh

Adrián Roque

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Jordania juega en otra liga. Su historia culinaria, influida por la tradición levantina y por siglos de intercambio cultural, explica por qué los dulces jordanos giran en torno a la sémola, el queso, los frutos secos y el almíbar. Aquí lo dulce no es capricho: es parte esencial del ritual de bienvenida y de la vida familiar.

En este recorrido por la repostería jordana asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el knafeh, el maamoul o el qatayef, dulces que no se entienden sin su contexto social. Jordania puede dividirse por desierto y ciudad, pero hay algo que la mantiene unida: su forma generosa de ofrecer algo dulce junto al café.

1. Knafeh

El postre más emblemático del país. Se elabora con una base de queso suave cubierta de masa fina o hilos crujientes, todo empapado en almíbar y espolvoreado con pistacho. Se sirve caliente y es inseparable de celebraciones y reuniones familiares.

2. Maamoul

Galletas rellenas de dátiles o frutos secos, con formas decoradas. Se preparan especialmente en fiestas religiosas y son uno de los dulces más habituales en las mesas festivas.

3. Qatayef

Pequeñas tortitas rellenas de nueces o crema, fritas o dobladas en frío y bañadas en almíbar. Son tradicionales del mes de Ramadán y muy populares en mercados nocturnos.

4. Basbousa

Pastel de sémola empapado en almíbar aromatizado con azahar o agua de rosas. Sencillo y muy presente en celebraciones, es uno de los clásicos de la repostería levantina.

5. Halawa

Dulce denso elaborado con pasta de sésamo y azúcar. Se corta en porciones y se consume como postre o acompañando el café. Es uno de los sabores más tradicionales de la región.

Jordania demuestra que el postre es hospitalidad. Sus dulces hablan de café compartido, de sobremesa larga y de una tradición donde ofrecer algo dulce no es opcional. A veces, entender un país empieza por aceptar el pequeño bocado que siempre acompaña la conversación.

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