A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Pakistán

Gulab jamun

Adrián Roque

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Pakistán juega en otra liga. Su historia culinaria, profundamente ligada a la herencia mogol, la cultura musulmana y la centralidad de la leche y el azúcar, explica por qué los postres pakistaníes son intensos, aromáticos y muy celebratorios. Aquí lo dulce no se reserva para el final: es parte del ritual social, del té y de la hospitalidad.

En este recorrido por la repostería pakistaní asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el gulab jamun, el kheer o el jalebi, dulces que forman parte del día a día y de las grandes ocasiones. Pakistán puede dividirse por provincias, lenguas o tradiciones, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera generosa de compartir algo dulce.

1. Gulab jamun

Uno de los postres más populares del país. Bolitas fritas hechas con sólidos lácteos y empapadas en almíbar aromatizado con cardamomo y agua de rosas. Se sirven templadas y son imprescindibles en bodas y festividades.

2. Jalebi

Espirales fritas bañadas en almíbar, crujientes por fuera y muy dulces por dentro. Se consumen calientes y son habituales tanto en celebraciones como en desayunos festivos acompañados de leche.

3. Kheer

El arroz con leche del subcontinente. Se prepara con leche, arroz y azúcar, y se aromatiza con cardamomo y frutos secos. Es uno de los postres más extendidos y aparece en templos, casas y celebraciones.

4. Barfi

Un dulce denso elaborado con leche condensada o reducida, azúcar y frutos secos. Se corta en pequeños cuadrados y es muy habitual como regalo en celebraciones religiosas y familiares.

5. Zarda

Arroz dulce coloreado, aromatizado con cardamomo, agua de rosas y frutos secos. Es típico de celebraciones especiales y destaca por su sabor intenso y su aspecto llamativo.

Pakistán demuestra que el postre es celebración y vínculo social. Sus dulces hablan de fiesta, de compartir y de una cocina donde el azúcar no se esconde, se ofrece. A veces, entender un país empieza por aceptar ese plato dulce que siempre aparece en el centro de la mesa.

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