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El auge de Vox en Aragón amenaza a la inmigración integrada en comarcas despobladas: “Le dan vida al pueblo”

El centro de acogida de Accem en Burbáguena (Teruel).

José Enrique Monrosi

Burbáguena (Teruel) —
7 de febrero de 2026 22:03 h

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Burbáguena se ha librado por los pelos de engrosar la lista de las decenas de municipios cuya supervivencia amenaza la despoblación en una provincia como la de Teruel. En este pueblo de la comarca del Jiloca, a poco más de una hora en coche de Zaragoza y a diez minutos de Calamocha, hay hoy una escuela infantil, un autobús escolar, una farmacia, un médico, un bar, mano de obra para la economía local y lo más insólito por estos lares: niños que juegan en la plaza por las tardes. La clave es que ha conseguido casi duplicar su población para pasar de 205 a 379 habitantes en poco más de cinco años, justo el tiempo que hace que abrió un centro de primera acogida de Accem para personas migrantes demandantes de asilo o refugio.

A las puertas de ese centro acudió hace solo unos meses el líder de Vox y candidato en Aragón, Alejandro Nolasco, que tomó imágenes sin permiso de algunos de los residentes para difundir en redes un mensaje xenófobo trufado de mentiras. Una estrategia que la ultraderecha ha replicado con éxito en otros puntos del país como Torre Pacheco, en Murcia. “El pueblo se está vaciando. Lo que vemos es a unos inmigrantes tomando el sol. El Gobierno de Aragón y el de Pedro Sánchez sí tienen dinero para ellos, para tenerlos aquí durmiendo y vegetando hasta que un día los sueltan como fardos generando inseguridad”. En el vídeo, a Nolasco se le ve caminar completamente solo por las calles de Burbáguena para una publicación de Instagram que apenas tuvo repercusión alguna. En la campaña electoral de los comicios de este domingo ni siquiera ha vuelto a pasarse por el pueblo.

“Yo ni me enteré de que estuvo aquí y los vecinos, tampoco. Lo vimos después, cuando publicó el vídeo. Lo normal es que hubiera llamado al ayuntamiento para conocer lo que pasa aquí y la realidad del pueblo y yo le hubiera explicado que este centro nos da la vida”, dice el alcalde, Joaquín Peribáñez, del Partido Aragonés, que explica que, lejos de convertirse en un problema, los nuevos habitantes de Burbáguena han supuesto un impulso para el municipio. “Es que le dan una vida al pueblo que antes no teníamos. Hay cien familias que han pasado por el centro que están trabajando en comercios, en empresas de construcción y en explotaciones agrícolas de la zona, ayudan en la residencia de mayores y están integrados en la vida social y cultural porque participan de nuestras actividades. Buena parte de los servicios públicos que podemos mantener es gracias a ellos”.

A María Jesús, que nació en Burbáguena hace 82 años, le cuesta comprender que alguien de fuera del pueblo tenga interés político en generar mal ambiente con unos vecinos con los que ella también ha entablado relación. “Jamás han dado un problema. Yo he hecho hasta amistades nuevas porque participan con nosotros en los talleres que organizamos para actividades benéficas. La verdad es que sí que le han dado vida al pueblo. Yo a Andreina la trato como si fuera mi nieta, no quiero ni pensar en el día que se vaya de aquí”. Andreina es una mujer de Venezuela que llegó a España junto a su marido, su suegra y sus hijos en busca de asilo político y que espera en el centro de Accem a que le respondan a esa solicitud. “El pueblo nos ha integrado, yo me siento acogida como vecina. Mis hijos van al instituto y conmigo cuentan las vecinas para las actividades del pueblo. No tendría ningún problema en quedarme a vivir aquí”.

Como ella, hoy viven en Burbáguena 117 demandantes de asilo y refugio de países como Mali, Senegal, Ucrania o Venezuela que huyen de situaciones de violencia política, persecución o conflictos armados y que están a la espera de que el sistema de acogida los integre para poder estudiar o trabajar y emprender una vida, como ya han hecho muchos de los que pasaron por el centro de Accem en los últimos cinco años. “Por aquí han pasado 1.200 personas en cinco años, algunas de ellas familias enteras en situaciones de vulnerabilidad de todo tipo. Muchas han conseguido un arraigo en la comarca y viven y trabajan aquí. Y son los vecinos los que pueden dar buena cuenta de hasta qué punto se han integrado”, explica Elena Orús, directora y alma máter del centro.

Andreina, ciudadana venezolana solicitante de asilo en España

Según las tripas del sondeo preelectoral del CIS del mes de enero, en Aragón sitúa la inmigración como su principal problema el 7,1% de la ciudadanía, menos de la mitad que en el conjunto de España, donde asciende al 15,9% y se convierte en uno de las armas políticas estratégicas para el ascenso de la extrema derecha. La pregunta es por qué, a pesar de que ni Vox, ni Alvise, ni sus satélites ultraderechistas han conseguido prender la mecha del señalamiento y la estigmatización de las personas migrantes en esta comunidad autónoma, todas las encuestas reflejan que su ascenso en las urnas será igual de fulgurante que en el resto del país.

“Ya no hay una relación causa-efecto directa entre los temas concretos que son bandera de la derecha y el malestar de los votantes respecto a sus condiciones de vida porque es un malestar muy difuso, global”, razona Cristina Monge, socióloga, politóloga y doctora en la Universidad de Zaragoza, que alerta además del uso de convocatorias electorales autonómicas en las que no se abordan los asuntos de interés de cada territorio. “El voto a la ultraderecha se explica por un conjunto de descontentos capitalizados a menudo por la antipolítica. Es un voto de protesta, de cabreo, de antiestablishment, exactamente igual que ocurre en toda Europa o en Estados Unidos. Hay gente que vota a la ultraderecha o que dice que la va a votar porque está enfadada, pero que si le preguntas si está a favor de expulsar a los inmigrantes o de eliminar las políticas contra la violencia machista te dice que por supuesto que no”.

La directora del centro, Elena Orús, en las oficinas de Accem en Burbáguena

En el caso de Aragón, además, se suman otros factores. Uno de ellos, que la candidata del principal partido de la oposición, Pilar Alegría, ha sido durante mucho tiempo la cara visible del PSOE estatal y del Gobierno central. Algo que ha facilitado la estrategia de PP y de Vox de convertir la cita de este domingo en un plebiscito contra Pedro Sánchez. “En un ámbito donde la conversación es tan potente a nivel nacional y en el que hay un desgaste del Gobierno, poner a la portavoz de candidata es una jugada de altísimo riesgo. Se lo pones muy fácil a la derecha, porque además la gente no va a votar sí o no a Pilar Alegría, va a votar si castiga o no castiga a Pedro Sánchez”, expone Monge, que acaba de recibir el Premio Paidós de Ensayo por su libro Contra el Descontento.

El desplome de la izquierda, la amenaza de Vox

El desplome general de la izquierda es otro de los factores que determina las expectativas electorales de cada cita con las urnas. En el caso de Aragón, además, la desunión de las distintas formaciones se ha convertido casi en paradigmática, con hasta tres candidaturas diferenciadas (Chunta Aragonesista, Izquierda Unida-Sumar y Podemos), además del histórico PAR y de la plataforma autonómica impulsada por Teruel Existe. La suma de la intención de voto de todas esas candidaturas, de hecho, igualaría el resultado que las encuestas predicen que podría alcanzar Vox como tercera fuerza política.

En las salas de máquinas de las grandes encuestadoras y de las empresas al frente de los ‘trackings’ de los diferentes partidos los datos recopilados en la última semana de campaña son muy similares. Un PP en primera posición que no mejoraría sus resultados de 2023, un PSOE en claro retroceso, con Vox al alza y con un respaldo de las urnas que lo convertiría en fuerza clave para la gobernabilidad de Aragón. En las últimas horas de campaña, entre las advertencias lanzadas por los de Abascal a los populares está el de poner freno “a la invasión” de la inmigración a cambio de su apoyo. “Nuestra mejor y única lucha es el día a día. Hacer nuestro trabajo con cariño, con mimo y con cercanía a quienes nos necesitan. Es la única manera que sabemos de acabar con esos discursos”, responde la directora del centro de Accem, Elena Orús, a la amenaza ultra muy poco velada hacia proyectos como el que dirige y a formas de vivir como las de Burbáguena.

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