A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Arabia Saudí

Diversos expositores de dátiles en tiendas de frutos secos. EFE/Javier Otazu

Adrián Roque

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Arabia Saudí juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por el desierto, las rutas comerciales y una fuerte cultura de la hospitalidad, explica por qué los dulces saudíes no buscan exceso, sino simbolismo y equilibrio. Aquí lo dulce acompaña al café, a la visita y al gesto de bienvenida.

En este recorrido por la repostería saudí asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el maamoul, los dátiles rellenos o el luqaimat, dulces que no se entienden sin su contexto social. Arabia Saudí puede dividirse por regiones o tradiciones locales, pero hay algo que la mantiene unida: su manera ritual de ofrecer algo dulce como muestra de respeto.

1. Dátiles rellenos

El pilar del dulce saudí. Dátiles de distintas variedades, a menudo rellenos de almendras, nueces o pasta de sésamo. Se sirven junto al café árabe y forman parte de la vida cotidiana y de las visitas.

2. Maamoul

Galletas rellenas de dátiles, nueces o pistacho. Tienen forma decorada y se preparan especialmente en festividades religiosas. Son delicadas, poco empalagosas y muy representativas de la región.

3. Luqaimat

Pequeñas bolitas fritas, crujientes por fuera y tiernas por dentro, bañadas en sirope o miel. Son muy populares durante el Ramadán y en celebraciones familiares.

4. Basbousa

Pastel de sémola empapado en almíbar, aromatizado con agua de rosas o azahar. Aunque se encuentra en otros países de la región, en Arabia Saudí es un clásico muy presente en mesas festivas.

5. Kunafa

Postre elaborado con hilos de masa, queso o crema y almíbar. Se sirve caliente y es uno de los dulces más celebrados en ocasiones especiales, especialmente durante el mes de Ramadán.

Arabia Saudí demuestra que el postre es, ante todo, hospitalidad. Sus dulces hablan de pausa, de ritual y de una cultura donde ofrecer algo dulce no es un extra, sino una norma social. A veces, entender un país empieza aceptando el café… y el dátil que siempre lo acompaña.

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