Lula, la gran esperanza mundial
“Olé, olé, olá… Lula, Lula”. Con este canto recibieron sus seguidores a Lula da Silva, que acaba de ser reelegido presidente de Brasil con el 51,76% de los votos, frente al 48,24% obtenido por su rival, Flávio Bolsonaro. El ambiente era de regocijo en muchas calles de las principales ciudades del gigante latinoamericano tras el conteo de la segunda vuelta, que ha supuesto una remontada respecto a la primera para el viejo sindicalista, y el fin de una campaña vertiginosa.
Y es que no es para menos: que Lula continúe en la presidencia representa el triunfo de la democracia frente al hijo del anterior mandatario, Jair Bolsonaro, en prisión por intento de golpe de estado; pero, además, esta victoria frena el avance de la ultraderecha en el continente e infunde esperanza en las izquierdas mundiales. Con Lula, respetado por haber sacado de la pobreza a millones de brasileños con su programa bolsa família, podrán respirar más tranquilas las clases trabajadoras, las mujeres y esa juventud que se ha movilizado a su favor –a todos ellos dio las gracias en sus primeras declaraciones tras conocer el resultado–, pero también podrá hacerlo el Amazonas, porque el octogenario es de los pocos líderes internacionales que ha colocado la defensa del medioambiente en el centro de su discurso. Este país “va a enseñar política climática al mundo”, afirmó, y eso, frente al negacionismo rampante de las derechas, ya transmite una apuesta por el futuro, la salud y el bienestar más allá de sus fronteras.
Así que se palpa cierto alivio en mitad del panorama geopolítico actual, y contamos con el mejor ejemplo de que las inercias más oscuras pueden romperse y dar paso al reino de la luz. Las promesas de gobernar para el pueblo, realizar una “revolución de la educación”, o seguir reduciendo la desforestación ya atemperan el ánimo hasta provocar una sonrisa; al igual que su compromiso por frenar “la intromisión” extranjera en las redes sociales, que calificó de “crimen” en un claro desafío a la oligarquía de Silicon Valley.
Sin embargo, las sombras no tardaron en aparecer de nuevo: justo en el momento en que Bolsonaro anunció que va a pedir la anulación de los comicios, después de que un ministro autorizase prolongar el horario de los centros electorales por las dificultades que muchas personas estaban teniendo con el transporte. Sin duda, bajo circunstancias muy concretas, subyace el mensaje aprendido del ideario trumpista: cuestionar la validez de un resultado que no te favorece, y aumentar así la desconfianza ciudadana en el propio sistema. Un relato parecido fue el que impregnó el Asalto al Capitolio en 2021 y, a día de hoy, se calcula que la mitad de los republicanos aún creen que aquella cita con las urnas de 2020 estuvo amañada –mentira que está siendo ampliamente repetida mientras Estados Unidos se prepara para las elecciones de medio mandato–. También en España, las derechas se han empeñado en alimentar la teoría conspirativa del “pucherazo”, a raíz de la Ley de Nietos o asegurando (falsamente) que los inmigrantes regularizados tienen derecho al sufragio. En la canción deshonesta, la de los que sueñan con el autoritarismo, siempre se repiten los mismos estribillos –y dan miedo, porque a veces surten efecto–, pero como yo venía a hablar de esperanza, me van a permitir que vuelva a esa victoria histórica celebrada a ritmo de “olé, olé, olá”.
Lula ha sabido entender el impacto de las manifestaciones en las calles y reducir el abstencionismo entre la primera y la segunda vuelta; ha creado una ilusión colectiva, impulsada principalmente por los jóvenes, lo cual dotaba de frescura a la presencia del anciano; no ha perdido de vista las necesidades materiales de su electorado; y no ha escatimado en esfuerzos por erigirse como la voz antagonista de Trump, avisando de que Brasil no era el patio trasero de nadie. Las denuncias que lanzó hace unos días sobre la presunta manipulación por parte de Meta (matriz de Facebook e Instagram) han servido para revitalizar el debate de la soberanía digital y despertar conciencias en torno a la vulnerabilidad de todo país al estar dichas plataformas controladas por empresarios foráneos, con sus propios intereses.
Estas lecciones deberían ser aprendidas por las fuerzas progresistas mundiales si quieren lograr el apoyo necesario para seguir existiendo y, de paso, mejorar la vida de la gente, incluidas las españolas, a un mes de nuestras elecciones generales. Tendrán que combatir el juego sucio de los videos hechos con IA –donde la difamación y la suplantación de la identidad se mezclan con la inmoralidad–, una posible injerencia extranjera mediante herramientas digitales, y atender a asuntos específicos, como los recientes disturbios ocurridos en Barcelona. Sobre este tema, existen indicios para pensar que se trata de una campaña internacional orquestada con la intención de desestabilizar distintos gobiernos europeos, a juzgar por los analistas de datos Marcelino Madrigal y Julián Macías Tovar. Así que Lula habla e inspira; la lectura que ha efectuado de ese povo que tanto lo admira, al igual que la de sus contrincantes en las Américas ha sido la correcta y lo ha catapultado a su cuarta presidencia.
Inmersos en la era de las tinieblas, vislumbramos un rayito de luz proveniente de Brasil, hogar de 213 millones de personas. Nos lo querrán robar muy pronto, pero, por ahora, toca abrazar la alegría, y confiar en el poder de la democracia y de quien aún la respeta. Olé, olé, olá.