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¿A quién manipula la 'mano negra'?

2 de noviembre de 2026 22:07 h

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Aunque aún queda mucho por averiguar acerca de los graves altercados y actos vandálicos ocurridos recientemente en varias ciudades españolas, lo cierto es que ya se airean algunas tesis más o menos fundadas. Parece que no hay mucha duda de que estos hechos, protagonizados por jóvenes muy jóvenes, de los que una buena parte son menores muy menores, pero bien organizados al efecto, fueron alentados por canales digitales sobradamente conocidos al amparo de la etiqueta “Blocus”.

Tampoco cabe demasiada duda, en mi opinión, acerca del efecto “imitación” en relación con los aún más graves y reiterados hechos ocurridos en Francia en las últimas semanas en respuesta a diversos problemas sociales que, desde luego, igualmente nos afectan aquí, y muy en particular a la juventud, aunque no solo, por la práctica imposibilidad de acceso a una vivienda digna, carestía de la vida, bajos salarios…

Hay ya bastantes detenidos, algunos por participar directamente en tales hechos, y otros por haberlos instigado. Pero no será fácil llegar a conocer todo lo ocurrido ni en cuanto a su origen ni en cuanto a las razones que han llevado a estos jóvenes a realizar tales actos.

Pero, ¿hay realmente una “mano negra” que manipula con el objetivo de beneficiar a no se sabe quién? Y, lo que más me preocupa, ¿cómo y por qué puede alguien, por joven que sea, asumir semejante convocatoria y prestarse a asaltar y saquear comercios y todo tipo de establecimientos y destrozar mobiliario urbano solamente por beneficiar o perjudicar a terceros?. 

En relación con los altercados en Barcelona, el presidente Sánchez calificó los hechos de “puro vandalismo instigado desde las redes”, negando que se tratara de “un acto de democracia”. A su vez, Elma Saiz, la ministra portavoz del Gobierno, dijo que “cuando hay que buscar culpables, yo me haría la pregunta de quién sale ganando con estos episodios, porque quien sale ganando con el caos y el odio es la extrema derecha”. 

En el mismo sentido, pero aún con mayor claridad, Gabriel Rufián habría dicho, según algunos medios, que “huele a operación de Estado” y que “si beneficia a la extrema derecha, es bastante probable que la extrema derecha esté detrás”. Y lo mismo Ada Colau quien, además, se refirió a “cierta provocación de algunos sectores policiales con una represión completamente fuera de lugar”. Y más líderes políticos de la izquierda han expresado ideas similares.

Desde luego, si bien esta es, por ahora, la tesis del Gobierno y de los partidos que lo sostienen, no es la única. Así, Núñez Feijóo sostiene otra idea y sugiere la responsabilidad del Presidente al decir que “Los discípulos del muro no quieren paz en las calles. Están sembrando el odio porque saben que van a perder” y que Sánchez está “jugando con fuego”.

Puede ser que sea lo uno o lo otro, o que la cierta sea otra tercera tesis distinta. Yo lo desconozco absolutamente. Y parto de que no todo lo que podría perjudicar a alguien, a un grupo político o social o a un gobierno, tiene por qué ser necesariamente el resultado de una “mano negra” que genera dicho resultado desde el campo contrario. Prefiero no poner ejemplos actuales en ningún sentido porque carecería de toda lógica y sería profundamente injusto, además de incierto.

Sin olvidar que hechos similares se han producido en A Coruña en relación con un acto de Vox y en Bilbao con un acto de Vito Quiles luego suspendido. ¿Sirven las mismas tesis para explicar estos hechos? Lo dudo. Por tanto, la tesis no sería válida. 

En cualquier caso, lo de la “mano negra”, dejando al margen de su origen histórico, es una idea que yo, en Euskadi, he escuchado reiteradamente, siempre en relación con gravísimos atentados de ETA – o grupos asimilables – y con sus efectos electorales – supuesta y, seguramente, ciertamente perjudiciales para su entorno político en razón a la reacción ciudadana a la barbaridad cometida -. Esto es, la tesis era que, en determinadas ocasiones, algunos atentados respondían a una “mano negra” interesada en perjudicar a la denominada “izquierda abertzale” vinculada a ETA. O sea, habría habido una “mano negra” que instigaba el asesinato para minar a un movimiento político por el rechazo social que podía suponer.

La primera vez que yo oí hablar de la “mano negra” en Euskadi fue cuando los llamados “Comandos Autónomos Anticapitalistas” - CAA - asesinaron al senador socialista Enrique Casas, el 23 de febrero de 1984, un jueves inmediatamente anterior a unas elecciones autonómicas. No se me olvidará lo que hacía y dónde y con quién estaba aquella tarde. No fue el primer asesinato de los CAA ni de ETA, desde luego, pero sí el primero en el que yo escuché lo de la “mano negra” con una pretensión que aún hoy no acierto a comprender, incluso habiéndolo intentado: no sé si lo de la “mano negra” se argüía para justificar semejante atrocidad – la misma atrocidad que tantas otras veces - o para imputar al “enemigo” la manipulación incluso de la muerte.

Y siempre me ronda la misma pregunta. En aquel caso y en otros idénticos, ¿los miembros dirigentes de ETA se dejaban “manipular” por una “mano negra” que los impulsaba a cometer barbaridades semejantes?. ¿Cuál era el nivel de consciencia en las decisiones criminales que se adoptaban?. Y, en todo caso, ¿a quién aspiraban a favorecer?. Pues, si la tesis fuera cierta, quienes tomaban tales decisiones estarían pretendiendo apoyar la causa contraria, algo impensable. 

Lo mismo ocurre ahora. No sabemos lo que piensan los jóvenes que actuaron en esos altercados ni la razón que les movió a ello ni el objetivo que buscaban. Ni conocemos quién los dirigía realmente. Por tanto, tengamos cautela en nuestras apreciaciones y valoraciones y actuemos como creemos que debemos hacer, con la máxima responsabilidad con independencia de a quién pudieran beneficiar o perjudicar indirectamente nuestros actos, y siempre sin complejos. En todo caso, sepamos que seremos responsables no solo de tales actos sino de sus efectos, favorezcan a quien favorezcan. Lo que es exigible a todo el mundo y en cualquier circunstancia. Y, así, no habrá “mano negra” que justifique nada.