Los NOES a las guerras
En política los vacíos se ocupan y Pedro Sánchez ha conquistado uno planetario. La ola de solidaridad internacional con la política del gobierno de España se ha dado en dos dimensiones, la popular a través de las redes sociales en la confluencia memética con Turquía, Japón o Irlanda, y la institucional a través de editoriales de medios de comunicación y las opiniones públicas de todo el mundo. La razón es que Pedro Sánchez con su “no a la guerra” se ha erigido en referente de una demanda. El líder español, posicionándose de manera frontal contra la política imperialista de Donald Trump que el resto de países ha seguido de manera servil o con miedo, ha dado calor a un requerimiento mundial que exigía mayor valentía a los mandatarios de las democracias liberales. El pueblo quería que alguien lo hiciera y Pedro Sánchez lo ha hecho. A veces es así de sencillo.
La cerrazón interesada de algunos, y la ceguera política de otros, en lo que respecta a la política gubernamental será estudiada durante décadas para comprender cómo no saber posicionarse en coyunturas históricas. La torpeza de Alberto Núñez Feijóo es legendaria, ya no queda sin moverse de la posición inicial ni el canciller alemán Friedrich Merz que ya está lamentándose sobre las consecuencias migratorias que puede tener la inestabilidad en el país persa y recogiendo cable tras su bochornoso servilismo frente a Donald Trump que le está costando caro en la opinión pública alemana. Francia, Reino Unido y Alemania están bailando al son de Pedro Sánchez dejando a la derecha española colgada de la brocha y alimentando los intereses de sus socios ultras. Otra vez el PP funcionando como tonto útil de Abascal, que a pesar de que todavía no le genera costes ser el lamebotas de Donald Trump no tengan dudas de que eso acabará pasando. No se puede ser un traidor a la patria tan descarado sin que tarde o temprano se pase por la guillotina electoral.
Las bases y las fragatas podrían servir como la metáfora del tipo que enseña la luna y el tonto mira el dedo. Para cualquier persona con un poco de buena voluntad y un mínimo de sentido crítico y racional es fácil entender que cuando se dice “no a la guerra” se hace como proclama política que marca una posición moral basada en el respeto de la legalidad y el derecho internacional contra cualquier agresión imperialista que viole la soberanía de un país y atente contra sus ciudadanos, y cualquiera entiende que enviar una fragata a proteger Chipre de las represalias que Irán lleva a cabo tras sufrir la agresión no forma parte de ninguna participación en esa agresión sino de los compromisos básicos de defensa de la Unión Europea. Es sencillo de entender que desde la izquierda se tiene que defender el uso de la fuerza para protegerse de un ataque pero nunca para agredir, invadir y violar el derecho internacional. Básico.
El debate sobre la profundidad del “no a la guerra” del gobierno es una de las situaciones infantiles del debate público que cuando tienes un mínimo de formación y rigor espanta. Me preocupa cuando eso viene desde posiciones cercanas ideológicamente a las que tengo y que ignoran las bases mínimas de la racionalidad, pero cuando esas críticas se producen desde quienes han ocupado puestos de representación en un gobierno perteneciente a la OTAN con generales en sus filas siento que se produce una burla. Al menos hay que taparse las vergüenzas. Más aún cuando la crítica acaba siendo funcional a los de la entente reaccionaria para desgastar la estrategia del Gobierno porque solo es compartida desde los espacios más ultras y desde la izquierda más extemporánea que no sabe elegir sus trincheras. Es cierto que a veces simplemente lo hacen para intentar lograr un pellizco de capital simbólico y económico. Eso de jugar con los marcos de la extrema derecha parece que no se lo aplican cuando son ellos los que compran todos sus discursos.
El camarada Lenin nos enseñó aquello del análisis concreto de la situación concreta, por eso el “No a la guerra” en Ucrania es vía libre para el agente imperialista y el “No a la guerra” en Irán es una posición antiimperialista. Es sencillo posicionarse con un categórico moral en Ucrania, Gaza, Venezuela o Irán. No se apoya ninguna acción unilateral y se hace lo posible para ayudar a quien se defiende de una agresión imperialista sin importar qué imperio lo lleva a cabo. Siempre contra los imperios y los agresores, siempre contra Rusia, EEUU e Israel.
Es un error de nuestro tiempo minusvalorar el peso de las opiniones públicas que arrasan a las opiniones publicadas con la fortaleza de lo popular. En España no hay medios de comunicación coordinados que sean capaces de torcerle el brazo al poder del acervo de la sociedad española contra las guerras de invasión que tiene la capacidad para unir pueblos allende los mares. Pedro Sánchez ha conseguido pulsar esa emoción y ya ha ganado, lo que veremos a continuación es una sucesión de catastróficas rectificaciones por parte de todos aquellos que despreciaron la potencia simbólica de un “no a la guerra” en una coyuntura como la actual en la que vemos las consecuencias de esos conflictos cada vez que repostamos el coche o pagamos la hipoteca. Sepan ver el momento histórico o sucumban aplastados por el peso de la memoria.