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Opinión - 'El PP salta otra línea roja con el rey', por Raquel Ejerique

El PP salta otra línea roja con el rey

18 de marzo de 2026 22:38 h

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El rey sorprendió el pasado lunes con unas declaraciones tan presuntamente informales como totalmente preparadas sobre la conquista española. Las relaciones entre México y España estaban tensas por este asunto desde la época de López Obrador y Felipe VI fue el soplete para descongelar la diplomacia: “Ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder desde el primer día, es decir, los propios Reyes Católicos con sus directrices, las leyes de indias... por el proceso legislativo, hay un afán de protección, que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho, mucho abuso”, señalaba el jefe del Estado en una conversación con el embajador de México en Madrid durante la visita a una exposición. La propia Casa del Rey colgó el momento en sus redes, un vídeo de una extraordinaria duración (más de 5 minutos) en el que, si aguantabas hasta el final, encontrabas esta declaración oficiosa.

El monarca no pidió perdón directamente, no se hizo responsable directo de nada, no culpó a los españoles de hoy ni demonizó a los de entonces y se encargó de salvaguardar la reputación de los Reyes Católicos. Sí admitió lo que cualquier óleo, ensayo y libro de historia conoce. Hubo abusos, como los hay en tantos países del mundo cuando se conquistan metros de tierra a sangre y fuego, sin piedad, sin tribunales internacionales, ni organismos supervisores, con un concepto moral áspero e inmisericorde sobre el bien y el mal.

Tampoco los abusos son mito y leyenda del pasado. ¿O acaso no es un abuso matar al 60% de una familia en Cisjordanía a tiros porque sí esta semana? ¿O no dirá el futuro que fue un abuso bombardear una escuela llena de niñas iraníes hace un mes? Los abusos en la historia y en el mundo fueron, son y serán. Admitirlos no es síntoma de debilidad, sino de decencia y honestidad.

Pese a la evidencia y la declaración contenida de Felipe VI, la política del PP de hoy –en su desesperada búsqueda por contentar a aquellos patriotas retro que se están marchando a Vox– consiste en hacer política hasta con la historia. La novedad es que se haga aunque suponga deslegitimar al rey de España, intocable para el PP hasta hace poco, y a quien un sector de la ultraderecha tiene ya en el punto de mira por blando. Al parecer, para esta parte de la población, seguir la ley, subrayar abusos o ser sincero es woke. Los tipos duros ni se rinden ni se arrepienten: arrasan con orgullo. Entre los derechos y los 'cojones', lo segundo.

El PP, que ha entrado en la bañera ultra vinculando migración y seguridad, que ha flirteado con la idea de elecciones amañadas o que sugiere dictaduras e ilegitimidad donde hay democracia, ha elegido también al ideario ultra frente al monarca si se trata de decir que España, por el mero hecho de serlo, lo hace y lo hizo bien. Y si lo hizo mal, no nos pongamos a removerlo con lloriqueos. Hagamos un Trump. Si no hay suficiente bienestar, agrupemos a los descontentos bajo la bandera coriácea de la patria y el orgullo.

El líder Feijóo salió a quitar importancia a los abusos por el mero hecho del paso del tiempo: “Hacer ahora un examen en el siglo XXI de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate”. Si Fraga levantara la cabeza no admitiría un sucesor juntando al rey y la palabra “disparate” en el mismo párrafo. Dentro de ese razonamiento, la justicia sería un bien inmediato y, pasado cierto tiempo y desaparecido el problema, habría que olvidarlo. Curiosa contradicción para un partido que lleva la banda terrorista ETA en la chistera.

Ayuso directamente se envolvió en la bandera de los católicos de bien, y se borró del cristianismo: “Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden. Y, sobre todo, una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir. Es de lo que estoy muy orgullosa y he reivindicado siempre”. Pero como no quería dejar tirado al rey de manera tan evidente siendo una mujer de partido de orden, culpó al gobierno de tenerle como marioneta a disponibilidad. Curiosa manera de valorar la dignidad del jefe de Estado.

Admitir los abusos en la conquista del Nuevo Mundo no es de derechas ni de izquierdas. Es que hubo. Como en todas las conquistas de aquel mundo sin democracias y donde los derechos de pobres, excluidos o minorías ni existían ni se concebían. Es tentador agitar el sonajero de la patria y el orgullo español, porque apela a las emociones y es gratis, aunque distorsione la realidad y simplifique. El PP cree, como Vox, que los abusos del pasado (algunos) no deben desenterrarse, como los del franquismo. Al mismo tiempo tampoco ayuda a erradicar los abusos del presente. No tuvo que viajar siglos atrás hasta México para dejar tirado en el Congreso el decreto que evitaba manipular precios en emergencias contra los derechos de sus ciudadanos indefensos coetáneos. Los abusos e injusticias lo son y no tienen tiempo verbal, partido ni patria.