Gracias por las alas
El presidente del gobierno convoca elecciones generales.
Veo en redes los miles de jóvenes en Sol manifestándose por un cambio progresista y me emociono profundamente.
Ayer estuve en Sol con mi hijo de 13 años, él quería ir y le dije “genial, pero vamos juntos”.
A veces los hijos nos dan el hilo del que tirar para seguir aquí y seguir de la mejor manera que uno cree.
Claramente a mí me pasa con mi hijo y le doy vueltas a cómo transmitirle la mejor parte de esta centrifugadora social, política y emocional en la que estamos.
Tuve la suerte de crecer en una casa en que la política emocionaba y se la consideraba, no un medio para otros fines sino un fin en sí mismo, tuve la suerte de conocer a políticos honestos que creían que dedicarse a lo público era una oportunidad real de mejorar el mundo (y en absoluto de lucrarse)
Tuve esa inmensa suerte y aunque la vida te dé con la puerta en las narices algunas veces, es un billete a la esperanza que no caduca.
Siento con urgencia que en estos momentos tan intensos no debemos olvidar el horror en este país vivimos no hace tanto y que es fundamental que, defendiendo cada uno aquello en lo que cree, no odiemos al de enfrente.
Estoy segura de que sentir rabia y odio es el peor lastre y la peor herencia para nuestros hijos y nuestro futuro.
Así que le insisto hasta la saciedad a mi hijo en que por favor no nos quedemos en el enfrentamiento que, aunque cueste, busquemos por qué razón el otro piensa distinto y cómo podemos acercarnos para explicar nuestra opción, cómo podemos escucharle e incluso habitar la posibilidad de encuentro.
Como dijo Unamuno: Convencer....no sólo vencer. Aspirar a convencer.
Pepe Mújica en su maravilloso discurso de despedida le agradecía a su compañero en la oposición su amistad y buen hacer “supimos ser adversarios sin una ofensa a lo largo de los años” “Ser rivales pero no enemigos”.
Esto me parece sustancial y necesario.
Cuando tantas personas han trabajado para horizontes tan hermosos no te puedes unir a la desesperanza, casi por contrato.
Quizá un buen regalo que le podemos dejar a nuestros hijo sería no sólo creer en la posibilidad de entendernos si no aspirar a ello.
Convencer, entender, querer ..
Gracias por las alas.