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Una huelga sin partido

Elena Panera

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Desde hace semanas asistimos a un fenómeno recurrente en la cobertura de la huelga médica nacional: la atribución de adscripciones políticas a quienes encabezan las protestas. Se rastrean antiguas declaraciones, simpatías personales y asistencia a determinados actos con un único objetivo aparente: deslegitimar al portavoz.

Como tantos compañeros, pertenezco a la mayoría silenciosa de médicos que sostiene esta huelga sin militancia política. De hecho, somos muchos los que arrastramos una profunda desafección en este sentido: la sensación es que, gobierne quien gobierne, nadie ha defendido las condiciones laborales de los médicos.

Nos manifestamos porque esas condiciones vulneran los derechos más elementales. Encadenamos guardias de 24 horas sin regulación efectiva, y con descansos que, debiendo ser obligatorios, son del todo insuficientes. Enlazamos contratos precarios y jornadas laborales que convierten en un acto heroico la conciliación familiar. Convivimos con plantillas infradotadas, mientras la fuga de talento se ha vuelto un problema estructural.

Pretender convertir estos hechos en una lucha ideológica es un acto de mala fe. Las jornadas extenuantes afectan a la salud de los médicos, pero también a la seguridad de los pacientes. Disfrazar esa realidad de bandera política es una cortina de humo. Detrás se esconde lo que de verdad está en juego: maltratar al colectivo que sostiene la sanidad pública deteriora, inevitablemente, la atención que reciben los pacientes.