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El patriotismo de la responsabilidad

Carlos Becerra

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Creo que el artículo 'Levantémonos', firmado por Cayetana Álvarez de Toledo, que publicó un medio de comunicación de ámbito estatal el pasado 12 de abril, tiene gran interés para conocer el andamiaje ideológico de la derecha. Nada nuevo bajo el sol, pero tan bien estructurado y argumentado que es un documento útil para la reflexión, por lo que tiene incluso de reto al pensamiento de izquierda.

Empezaré por la cita final: “Hagamos del aplauso vespertino a nuestros héroes en los hospitales una consigna política, cívica y moral. Levantémonos. Pongamos en pie un verdadero patriotismo de la responsabilidad”. Un párrafo con el que nadie puede estar en desacuerdo, más aún, una cita que podría servir para cerrar un manifiesto común, pero cuanto menos curiosa cuando la firma alguien que tiene como referente ideológico a un ex presidente, José María Aznar, capaz de cuestionar los límites legales de velocidad o alcoholemia y saltarse el confinamiento yéndose a su segunda residencia. En el momento de redactar estas líneas me entero que el último presidente de su partido también lo incumple diariamente. Como él dijo en alguna ocasión: vaya tropa...

Creo que esta contradicción, irreponsabilidad social frente a patriotismo, ilustra el tufillo elitista y aristocrático que subyace a lo largo del artículo, algo que se corresponde con el tono arrogante que caracteriza a quien lo suscribe.

A lo largo del texto Cayetana desgrana gran parte de los prejuicios de clase que cree incapacitan la gobernabilidad de la izquierda. Para ella la izquierda es mendicante, alienta el mito de los derechos infinitos y mutualiza las obligaciones, considerando que la responsabilidad individual es casi un vicio al tratar a los españoles como menores de edad. Frente a eso la portavoz del PP aboga por un modelo de renuncias, reformas y responsabilidad. No deja en el tintero, claro está, una patadita al feminismo, en cuyo altar, afirma, se sacrificaron la ciencia y la razón, aprovechando que el 8-M engordó la diseminación del COVD-19, algo indiscutible, visto lo visto, pero como el acto celebrado por VOX, o los miles de misas, partidos de fútbol y demás concentraciones habituales de los días festivos.

Desde una hipotética superioridad moral que, por cierto, suele achacar a sus adversarios políticos, considera que es hora de que los españoles se levanten y dejen la picaresca, su manía acreedora, en definitiva, su irresponsabilidad.

Pues bien, como hemos podido apreciar con el penoso ejemplo de sus dos últimos presidentes, el déficit de responsabilidad social no es una característica de los 'españolitos postrados', sino todo lo contrario. Para muestra el ejemplo de las últimas semanas, con una mayoría social capaz de combatir los estragos de un enemigo no totalmente conocido. Y en lo que me atañe, diría más, el debate de la responsabilidad social es permanente en las organizaciones de izquierda. Con errores, contradicciones, incoherencias, ni siquiera digo que no haya alguien capaz de hacer un Rajoy e irse a pasear, el militante de izquierdas suele ser un personaje peculiar, precisamente por su búsqueda de responsabilidad y coherencia, entre otras cosas porque parte de la premisa de que 'lo personal es político'. Por cierto, algo que la señora Álvarez de Toledo, y es posible que incluso no le falte algo de razón, considerará 'sectario', pero que sin duda contradice sus tesis.

Y ahora hablemos de política, es decir, de las cosas de comer. Porque detrás de esta discusión ética está lo de siempre: ¿quién y cómo se gasta o invierte (obsérvese la precisión), y quién paga? Creo que ya en el primer párrafo se le escapa el típico gapazo de quien, tras tanto alegato regeneracionista, alberga el deseo conservador de que nada cambie, al asegurar que España no es un comedor social pero admitir que, naturalmente, sí debe tener comedores sociales. Un gazapo que nos lleva a lo contrario de lo que defiende: a la España de las mesas petitorias y las donaciones de la señora Ayuso. Sinceramente, para ese viaje…

Y es que ya durante la crisis de 2008 la derecha propagó la especie de que los españoles habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. Cuando los números lo hacen evidente por la existencia de una deuda pública considerable, aunque muy por debajo de la de Japón o Estados Unidos, por poner un ejemplo, es difícil replicarlo. Ahora bien, la fiesta gorda fue de quienes se lucraron con grandes eventos, obras faraónicas, a menudo ilegalmente, de los subvencionados impositivos, quienes ya en las primeras semanas de confinamiento buscaron como llevar su dinero a paraísos lejanos, los que defienden la bondad de un mercado que multiplica el precio de una mascarilla... Las sobras del festín siempre son para los españoles que califica de autoindulgentes y 'solidarios a cuenta de terceros', resumiendo: los pringados.

Que no vuelva a ocurrir, y seamos autocríticos, ni lo uno ni lo otro, ni el despilfarro de una economía guiada, como decía Ricardo Darín hace unos días, por la necesidad de consumir lo innecesario, ni que los buitres hagan el agosto a cuenta de los males comunes.

Así que voy a acabar medio parafraseando a la señora Álvarez de Toledo: “Levantémonos. Pongamos en pie el verdadero patriotismo de la responsabilidad”, de la responsabilidad social, apostillo.