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La república que no nos prometieron

Esteban López Tadeo

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Casi desde que tengo interés en política, he tenido siempre una posición antimonárquica para la jefatura de Estado, y por supuesto en España eso suele traducirse como republicano.

Y no había dudado nunca de ese principio, mi resolución por que la cúspide institucional no sea un cargo hereditario, no ha flaqueado en realidad, sin embargo, viendo el actual estado del mundo, ahora, la que ha sido mi posición durante años, pierde fuerza.

Ni corona ni herencia.

Antes de nada, las cosas claras, esto no es un artículo pro monarquía, “el preparado” príncipe te puede salir modelo histórico que te puede salir lista de Epstein, no tenemos corta la lista de reyes y reinas en España y otros países, y ejemplos tenemos a ambos lados, por no hablar de que todo el concepto de Casa Real nunca va a ser acorde a los tiempos que tenemos.

Pero aquí va un detalle que ningún monárquico te habrá contado nunca al intentar defender su postura:

Nadie aspira a ser Rey.

No puedes comprar el derecho a la corona, no puedes traficar influencias para colocarte en la lista de posibles príncipes, no puedes engañar a la gente para que te den poder. O eres de las pocas personas que puede aspirar a ello desde que naces, o no lo serás jamás.

Esto es positivo, porque así no hay un alocado magnate naranja creando un culto a su persona para ser votado como máximo poder del país...

Más poderoso que un rey.

No hace falta que te siga hablando de Trump sobre abusos de la jefatura de Estado en una república, ignorando su propio Congreso y saltándose todo derecho internacional. Sin embargo, me dirás que no es más que una anomalía, un loco excéntrico entre ejemplos de servidores públicos decentes.

Por eso te voy a hablar de Francia.

No creo que nadie pueda, aun sin comprar su agenda, hablar de Macron como alguien que abusa de su cargo contra la voluntad del pueblo francés o sus instituciones. Así que vamos a colocarlo en esa categoría de “decentes”.

Sin embargo, nadie le ha votado con la promesa de aumentar el arsenal nuclear francés. ¿De qué nos ha protegido la república aquí? ¿O de evitar nombrar un candidato de otro partido al suyo?

Un efecto secundario de tener que elegir a alguien para la jefatura de Estado, es que este deja de ser un puesto meramente ceremonial, nadie se presenta a ser último responsable de todo sin capacidad de decisión sobre nada, y eso nos da, no solo los abusos obvios de Trump hacia su propio país (y aún más hacia el resto), sino pie a todo lo malo que te dije que nos ahorrábamos al no ser un puesto electo.

El problema no es la república en sí. Es la personalización del poder que inevitablemente arrastra cuando la jefatura de Estado depende de la competición política.

En teoría, el voto legitima. En la práctica, el voto también incentiva. Incentiva la ambición, el carisma desmedido, la construcción de relato, el culto a la personalidad. Nadie hace campaña para convertirse en un símbolo neutro. Nadie invierte años de carrera para firmar leyes y cortar cintas.

El rey, por definición, no necesita seducir a nadie. No necesita prometer nada. No necesita crear enemigos para movilizar apoyos. No necesita polarizar. Su margen de maniobra es mínimo, y precisamente por eso su margen de daño también lo es. Cuando funciona, funciona porque no hace casi nada.

El presidente, en cambio, llega con mandato, programa y legitimidad activa. Incluso en sistemas parlamentarios donde el poder ejecutivo no reside formalmente en la jefatura del Estado, se genera una situación de electoralismo constante, muchas promesas, con muchas excusas de por qué no se llevan a cabo. La imprevisibilidad biológica de la monarquía pasa a ser la imprevisibilidad social, lo que voy a decir es una burrada, pero prefiero tener ahora mismo a Felipe VI, que a un posible candidato de VOX aunado por este extraño movimiento juvenil de extrema derecha.

Entonces... ¿Monarquía si?

No, monarquía no, el problema va más allá de simplemente como elegimos la jefatura de Estado, que es, lamentablemente, lo único que recordamos durante el debate república - monarquía. Es necesario un cambio institucional profundo, y no, no tengo el trasfondo político y experiencia como para plantearos uno aquí. Podría hablaros de los reyes por sorteo de la antigua Grecia, o podríamos debatir sobre una figura moderna y democrática del romano dictator... Pero lo único que tengo claro es que la jefatura de Estado nos viene obsoleta, la elijamos como la elijamos.