Opinión y blogs

Sobre este blog

Trabajo, muerte y vacío

María Jesús Picot

0

Cada cierto tiempo, diferentes colectivos de trabajadores públicos reivindican una revisión en las condiciones laborales que les permita ofrecer un servicio mejor a la ciudadanía. Uno de estos colectivos es el de los Bomberos de la Diputación Provincial de Zaragoza. Profesionales que arriesgan su vida para salvar la nuestra. No detallaré aquí las precarias condiciones con las que llevan a cabo su trabajo, esa es su lucha dura y tenaz. Con esta carta solo quiero dejar por escrito algunas cuestiones que deberían hacernos reflexionar.

Los Bomberos de la DPZ perdieron a su compañero Juan Luis Alonso Lete, “Bravo-40”, “Juanote”, el pasado 18 de agosto. Juan dio todo, dio su vida intentando salvar la de otro trabajador en un taller mecánico en llamas de Calatorao. Los bomberos de la DPZ todavía están en duelo por la pérdida insufrible de su compañero Juan y por la ausencia de una respuesta digna por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza. Todo trabajador muerto en acto de servicio merece un gesto, por pequeño que sea, que consuele a la familia, anime a los demás compañeros y dignifique a la propia institución de la que depende como servidor público. Por increíble que pueda parecer, no ha habido acompañamiento ni reconocimiento alguno, solo vacío ante la desgracia.

Si ante trágicos sucesos como éste, la respuesta de quienes gobiernan la DPZ ha sido el vacío. ¿Qué deberíamos esperar de estos representantes políticos, que también están para servir a la ciudadanía y reconocer a sus trabajadores? En mi opinión, dos cosas fundamentales. En primer lugar, estar a la altura de la muerte en acto de servicio de quien trabajaba en la institución y, en segundo lugar, adoptar buena predisposición para dialogar y llegar a acuerdos después de once años de vacío, cuando no desprecio, hacia el trabajo de estos profesionales que nos excarcelan del coche en los accidentes de tráfico, nos evacúan y protegen en las inundaciones, acercan el agua a los pueblos para que no mueran de sed, nos ponen a salvo en derrumbamientos, apagan fuegos infernales como el que acabó con Juan, entre otras actuaciones. Los bomberos de la DPZ, sus familias y, por supuesto, la población a la que sirven lo merecen. Los políticos de la DPZ tienen la oportunidad de demostrar que la vida, nuestras vidas, tienen el valor de llenar el vacío. No la desperdicien.