Del Waka Waka al wacko wacko
Faltan poco más de 24 horas para que empiece el Mundial de fútbol, que no soccer, por mucho que se emperren los estadounidenses, obsesionados desde 1776 con rebelarse contra todo y contra todos. Nada como un inmenso circo para desviar la atención de que el pan y el resto de productos de la cesta de la compra de una familia media van cada día más caros. Nos vendrá bien un mes de centrar nuestra atención en lo que hacen con la pelota los Lamine Yamal, Mbappé, Messi y compañía. Nos hace falta poder pasarnos 30 días hablando de algo más ligero que la situación política actual. Va a ser todo un alivio enfocarnos en algo que no sean genocidios, escaladas de tensión al nivel de la guerra fría, amenazas constantes de invasiones, intercambios de bombardeos… O, al menos, debería serlo. Pero es que con el cenutrio del tupé naranja en el cargo no podemos tener ni un ratito de solaz.
Porque en lugar de proveer al mundo con una distracción es bastante probable que nos vayamos a encontrar con el Mundial más politizado de la historia. Ni siquiera ha empezado y no hacen más que llegarnos noticias que nada tienen que ver con goles, penaltis, fueras de juego o revisiones interminables del VAR.
Así, por ejemplo, al árbitro somalí Omar Abdulkadir Arkan se le prohibió el acceso a E.E.U.U. A varios jugadores de la selección de Senegal se les cacheó exhaustivamente a su llegada como si fuesen delincuentes. Lo mismo que sufrieron algunos integrantes de la selección de Uzbekistán. Ambos casos se quedan cortos con lo que tuvo que vivir el delantero de la selección de Irak, Aymen Hussein, al que retuvieron e interrogaron durante más de 7 horas en el aeropuerto de Chicago. Y para rematar todo este esperpento la selección de Irán no podrá pernoctar en suelo estadounidense, de modo que tendrá que viajar desde México el día mismo de sus partidos y regresar inmediatamente allí al finalizarlos.
El aberrante trato que están sufriendo todos estos futbolistas se justifica por el pánico que tiene Donald Trump a que se cuele en E.E.U.U. algún indeseable inmigrante, cosa que también fueron su abuelo Frederick o Ivana y Melania, dos de sus tres mujeres. Eso, al menos, nos venden. En realidad, más parece que Trump está azuzando a su policía contra los jugadores de países de los que puede abusar o que son rivales políticos.
Y ya sabemos lo mal que se lleva Trump con nuestro Presidente. Tanto que, de hecho, el jefe de los autoproclamados defensores del mundo libre está intentando, vía lawfare, imponernos un gobierno que le gusta más. Así que nadie se extrañe si terminamos viendo la imagen de Nico Williams y Lamine Yamal con las manos apoyadas en la pared mientras les registran a ellos y a su equipaje.
O sea que ni el circo del Mundial de fútbol vamos a tener en paz. Y eso que la FIFA le otorgó su premio de la Paz, precisamente, a Donald Trump. Un reconocimiento de muchísimo prestigio, a la vista de la grandeza de los ganadores previos. Y sobre todo, viniendo de una institución tan intachable como la FIFA, que apenas suma a un expresidente condenado por recibir sobornos, a otro investigado por corrupción y al actual recientemente denunciado por tráfico de influencias.
Que igual también por ese motivo, porque ya bastante tienen con lo suyo, la FIFA calla y otorga ante todos los desmanes de la policía estadounidense. Y eso a pesar de que su gran negocio empieza a resentirse. Porque ya no es solo que las previsiones más optimistas de ganancias para el Mundial no se vayan a cumplir. Es que, a la vista de las entradas que siguen sin venderse y de la oleada de cancelaciones de reservas en hoteles, hay una más que creciente preocupación a que el Mundial 2026 termine siendo un fracaso.
Un fracaso que se deberá, en gran medida, por la incapacidad de Donald Trump de dejar la política al margen del balompié. Algo que, por poner en contexto, sí supieron hacer, en plena Primera Guerra Mundial, enemigos declarados como eran los soldados franceses, alemanes y británicos en lo que se conoció como «Tregua de navidad».
Pese a todo, aquellos eran hombres que sabían ser civilizados. En cambio, ninguna tregua va a tener el mundo mientras Donald Trump siga en su cargo. Y eso que a nadie le vendrían mejor las distracciones que al más de 3.000 veces nombrado en los archivos del pederasta Epstein. Pero es que ni eso sabe hacer bien. En fin…
Ojalá tengamos la fiesta del Mundial en paz pero, desde luego, no tiene esa pinta.