CRÓNICA
El Gobierno se prepara para que la ofensiva judicial escale a Sánchez: “Cuanto más duro le aticen, más aguantará”
Entre el Palacio de la Moncloa y el número 70 de la calle de Ferraz de Madrid hay apenas dos kilómetros de distancia, pero Pedro Sánchez intenta aumentar el trecho que separa lo ocurrido en la sede del PSOE de la acción del Gobierno. Con poco éxito. Los éxitos económicos, la creación de empleo, el 'no' a las guerras o el antitrumpismo no serán eximente en ninguna de las causas judiciales que investigan los tribunales. Y mucho menos serán tenidas en cuenta por una derecha política y mediática ávida de acabar con la carrera política del secretario general del PSOE. Feijóo ha prometido hacer “todo lo posible” por cambiar al Gobierno. “Y cuando digo todo, es todo”, advierte.
En La Moncloa saben que no solo anda en ello, sino que ese “todo” incluye llevar a Pedro Sánchez al banquillo. El cómo, el cuándo, en qué calidad y por qué lo desconocen, pero que “el objetivo último es que un juez llame como testigo o como investigado al presidente del Gobierno está claro”. Lo ha escrito Miguel Ángel Rodríguez con sus célebres “p'alante” con los que suele anticipar las resoluciones de algunos jueces. Lo ha deslizado Miguel Tellado en sede parlamentaria. Lo cacarea el PP por todos los cenáculos madrileños. Lo susurran los antisanchistas de primera generación. Y hasta lo han escrito ya algunos periodistas parapetados en fuentes judiciales.
Nada que no haya ocurrido antes en democracia: llegar al límite, subir el listón de la crítica, desestabilizar las instituciones, polarizar —antes, crispar—, buscar un mundo de irregularidades y quebrar al presidente del Gobierno. Ocurrió en 1996, aunque Felipe González lo haya olvidado, y el periodista Luis María Ansón lo confesara, años después, en una entrevista con Santiago Belloch.
Lo que hoy vive España se parece mucho a lo de entonces, cuando los tribunales marcaban el ritmo de la política y de la agenda mediática en un clima de confrontación permanente. ¿Quiere eso decir, como diría Rajoy, que todo lo que investiga la justicia y afecta al PSOE es mentira menos alguna cosa? “Quiere decir que el caso Leire Díez o el de Zapatero no se pueden comparar con la instrucción de Peinado, que es un lawfare de manual. Y tampoco con el del hermano del presidente, pero que existe una sincronía escandalosa entre el PP jueces, fiscales y medios de derechas para dibujar un país putrefacto sin que responda a la realidad y con el claro objetivo de tumbar a Sánchez es un hecho indiscutible”, responde un ministro socialista.
La Moncloa delegó esta semana en Óscar Puente la más feroz de las respuestas a la decisión del juez Pedraz de entrar en la sede central del PSOE en busca de información sobre una supuesta trama financiada por el partido que habría tenido como objetivo desestabilizar las causas judiciales que afectan a los socialistas. Y, sin paños calientes, el titular de Transportes habló claramente de una operación “con métodos nada democráticos” para derribar al Ejecutivo y de la coincidencia en el tiempo de algunos autos con la celebración del juicio de la Kitchen sobre la mal llamada policía patriótica del PP.
Puente es de entre los pocos ministros de Sánchez de perfil político el que más conecta con las bases y el electorado progresista. Pero aunque lo que dice les sale al resto de miembros del Gobierno de las entrañas, ni Sánchez ni el ministro de Justicia, Félix Bolaños, se manifestarán en esos términos, lo que no quiere decir que desaprueben las palabras de Puente aunque circule por carril propio. Todo lo contrario.
En el Gobierno y en el PSOE están preparados para que la ofensiva judicial escale hasta Pedro Sánchez porque ven en el auto de Pedraz sobre el caso Leyre “claros e innecesarios” señalamientos al presidente. Hasta 15 han contabilizado. Y en conversación privada con algunos de sus ministros, según ha podido saber elDiario.es, el presidente ha negado que conociera los tejemanejes de Santos Cerdán con Leire Díez, y mucho menos que mantuviera con ella más de una veintena de encuentros. En la misma línea se expresa otro miembro del Gobierno que defiende que el ex secretario de Organización “manejaba esa trama para defenderse a sí mismo, a Ábalos y a Koldo”.
Page vuelve a quedarse solo
Pero si en algo coinciden todos los interlocutores es en que la próxima pieza a batir es Pedro Sánchez. “Por supuesto que le llevaran a declarar ante la Audiencia Nacional”, afirma un socialista que coincide con la versión monclovita de que “cuanto más duro le aticen, más aguantará”, en alusión a que en la cabeza del presidente no están ni el escenario de unas elecciones anticipadas ni la moción de confianza que ha sugerido Emiliano García-Page. El castellano-manchego ha vuelto a quedarse solo en la crítica ante los micrófonos. En privado, son muchos quienes coinciden, aunque con matices, en su análisis de que una huida hacia delante no puede más que desangrar al partido, llevarse por delante el poder municipal de los alcaldes y destrozar la marca durante años.
En el fondo, unos y otros convergen en que tener el Gobierno no significa tener el poder y que este está en manos de las derechas. Tienen el poder económico, el judicial, mediático y hasta el legislativo con la mayoría absoluta del Senado. “Solo les queda el ejecutivo y es el que, con votos o con autos, pretenden con su ofensiva actual”, defiende otro miembro del Gobierno.
Mientras, en la dirección socialista saben que en el próximo Comité Federal del PSOE del 27 de junio habrá voces que plantearán que las generales se celebren antes de municipales y autonómicas para que alcaldes y presidentes autonómicos no paguen en las urnas el desgaste del Gobierno. Pero ese es un escenario que, aunque podría estudiarse, no será antes de septiembre. Diciembre, febrero o marzo… “Hay posibilidades, si bien Sánchez no está en ninguna de ellas, sino en la de aguantar. Es como un toro bravo que se crece ante las dificultades”, defienden en su núcleo duro. Y quien esté haciendo cábalas sobre una posible dimisión, que renuncie a la candidatura de las generales y ceda el paso a otro o que tire la toalla, se equivocará.
Este lunes será la primera vez que intervenga ante la dirección federal, después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por presunto tráfico de influencias y tras la entrada de la Guardia Civil en Ferraz. Y, aunque hay miembros de la Ejecutiva que en privado emiten señales de agotamiento y declaran que “esto tiene que acabar ya”, no levantarán la voz, tras testar el pulso de algunas federaciones, comprobar que nadie está por la labor de transitar por dirección distinta a la que marque el secretario general y colegir que nadie quiere abrir en canal el partido.
Manual de Resistencia, enésima entrega.