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Nadia Murad, Nobel de la Paz: millones de mujeres son incapaces de compartir sus historias

Madrid —

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Madrid, 10 jun (EFE).- La activista iraquí y premio Nobel de la Paz Nadia Murad alza su voz de superviviente de violencia sexual del Estado Islámico para evitar que su historia se repita y consciente de que hay millones de mujeres en todo el mundo que “son incapaces de compartir sus historias”, pero necesitan justicia.

En 2014, Murad era una muchacha de la minoría yazadí que vivía en un pequeño pueblo de Irak y soñaba con abrir el primer centro de estética de su localidad. Ese verano, el Estado Islámico arrasó su comunidad, mató a su madre y a seis hermanos, además de a otros familiares varones, y las raptó a ellas, sus hermanas, primas y sobrinas.

La vendieron como esclava sexual, pero varios meses después consiguió escapar y pudo llegar a un campo donde se congregaban más de 12.000 refugiados y donde tuvo que cargar “con el estigma y la vergüenza”. Fue entonces cuando decidió que tenía que compartir su historia, que es la de mujeres, niños y niñas que “pagan el precio más elevado de los conflictos”.

“No es sólo mi historia y la historia de mi familia, sino también de mi comunidad. Es la historia de todas las historias que llevo en mí, todas las historias de mujeres supervivientes, ya sea en Irak, el Congo, Sudán o Ucrania”, ha explicado este martes en Madrid.

Durante su participación en el ciclo 'Mujeres contra la impunidad', organizado por La Casa Encendida y la Asociación de Mujeres de Guatemala, Murad ha destacado que grupos terroristas como el Estado Islámico “siempre tienen un plan especial para las mujeres” y ha contado que raptaron a 6.500 mujeres y menores de edad para usarlos como esclavos sexuales en Irak y Siria.

“Mi madre era demasiado vieja para ser una esclava sexual, por eso la asesinaron. Personas como yo fuimos raptadas de nuestras familias y vendidas como esclavas sexuales, fuimos violadas y sufrimos abusos”, ha relatado.

Utilizaron a las mujeres como reclamo para reclutar a guerrilleros para el Estado Islámico: “Si te unes a nosotros, podrás tener a nueve mujeres como esclavas sexuales para ti”, ha reproducido Murad.

“Mi supervivencia requería asumir una responsabilidad, compartir con el mundo lo que había sufrido en el cautiverio. Quería hablar de esas niñas a las que violaron, se lo debía a los niños que se llevaron a campos de formación para lavarles el cerebro y se lo debía a esas madres que no tuvieron la oportunidad de despedirse de sus hijos e hijas”, ha añadido.

La premio Nobel de la Paz, que visita por primera vez España, ha denunciado que la comunidad internacional no hizo nada en Irak pese a ver señales claras de que el Estado Islámico iba a utilizar la violación como arma de guerra y ha lamentado que hoy en Sudán las niñas estén siendo violadas “una y otra vez”. La violencia sexual no cesa.

Murad ha narrado el horror del “genocidio” que sufrió el pueblo yazidí, una minoría religiosa de etnia kurda asentada en el norte de Irak y ha asegurado que la justicia es la única vía para la reparación. En este sentido, ha pedido al Gobierno español que reconozca este genocidio.

Ha lamentado que sólo once miembros del Estado Islámico hayan sido juzgados por sus crímenes, menos de los miembros asesinados de su familia. La única forma de parar los pies a estos grupos y frenar la repetición de atrocidades, ha afirmado, es dejarles claro que serán perseguidos.

Además, ha enfatizado que el dolor y los problemas no terminan cuando se acaba una guerra: “Sobrevivir al genocidio es sólo el principio”, ha dicho.

Once años después de aquel horror, confiesa que lucha por superar el trauma. “Mi país me quitó a mis seres queridos, mi sueño, mi hogar. Mi vida nunca va a ser la misma por mucho que lo intente”, ha advertido.

Murad no quiere que se la reduzca a la experiencia de violencia que sufrió porque, ha precisado, sigue en ella aquella chica que iba al colegio y a la que querían su madre y sus hermanos, a la que le gustaba el maquillaje y hacer feliz a la gente.

Su sueño, además de abrir ese salón de estética que proyectó cuando era una adolescente, es que no haya otras familias que tengan que pasar por lo que pasó la suya. Por ello trabaja con empeño, elevando su voz por todos los rincones del planeta.