Casado utiliza la investidura para iniciar la “reagrupación nacional” y la fusión de PP y Ciudadanos que busca desde el 10N

A pesar de la incitación a la ruptura de la disciplina de voto de los diputados del PSOE, los insultos, las palabras gruesas y las continuas descalificaciones que el líder del Partido Popular, Pablo Casado, ha dedicado al nuevo Ejecutivo progresista durante el debate de la investidura que concluyó este martes con la reelección de Pedro Sánchez como presidente, el máximo jefe del PP no ha ocultado desde las elecciones del 10N su deseo de que se conformara el nuevo Gobierno cuanto antes.

Su indisimulado objetivo desde que perdió las generales con el segundo peor resultado de la historia del PP –mejoró en 23 escaños el logrado el 28A, llegando a 89– es consolidar su papel como líder de la oposición y reforzar la posición de su partido para volver a situarlo como la histórica fuerza hegemónica del conservadurismo que fue durante años, al menos hasta la actual división de la derecha en tres –PP, Vox y Ciudadanos–.

Tras meses dedicado exclusivamente a cargar contra la izquierda por sus negociaciones y acuerdos, la reelección de Sánchez consumada este martes permitirá a Casado centrarse en esa labor de “reconstrucción” del centro derecha, una obsesión que se fijó desde el mismo día en que fue elegido presidente del PP, en julio de 2018, inspirado por las tesis de su padrino político, el expresidente del Gobierno José María Aznar. Los populares consideraron como los primeros pasos de ese camino los acuerdos logrados con Ciudadanos y Vox en distintos gobiernos autonómicos –Andalucía, Comunidad de Madrid y la Región de Murcia– y municipales –Madrid o Zaragoza–.

Aunque el PP no renuncia a fusionar a Vox a sus filas en un futuro –de ahí los guiños y la asunción de parte de las ideas y las formas de la extrema derecha defendidas por el líder del PP en los últimos días en el Congreso–, dirigentes consultados por eldiario.es reconocen que la integración de la extrema derecha es ahora complicada, ya que se encuentra en un momento de alza electoral como tercera fuerza del Congreso.

La idea de España Suma

El primer paso para esa “reunificación” pasa, por tanto, por aprovechar la descomposición de Ciudadanos para consumar la coalición España Suma que Casado quiso formar antes del 10N a través de una fusión de la formación que se dice “liberal” en el PP. Se trata de un proceso que en las filas populares fijan para el medio plazo pero que en todo caso deberá producirse durante la XIV Legislatura que acaba de arrancar y que los conservadores aventuran “corta” por la ajustada mayoría con la que cuenta Sánchez en el Congreso y las diferencias con algunos de sus socios, sobre todos los nacionalistas.

Este martes, durante su breve y de nuevo bronca intervención en el Congreso en la que acusó a Sánchez de “ultra”, de querer “desmembrar el Estado” y “mentir” con tal de seguir en el poder, Casado se apresuró a anunciar que desde ahora todos sus esfuerzos estarán dedicados a “liderar una reagrupación nacional de los constitucionalistas”, palabras que utilizó para referirse a esa “reconstrucción del centro derecha” comenzando con la fusión de Ciudadanos y PP y continuando con la suma de socialistas “descontentos” con el líder del PSOE.

“Construiremos una nueva mayoría social que pueda albergar también a los socialdemócratas huérfanos por la deriva del sanchismo, que prefiera reforma a ruptura, concordia a enfrentamiento, igualdad a privilegio, progreso a parálisis y libertad a sectarismo”, apuntaba desde la tribuna del hemiciclo. “Queremos conquistar”, añadía, “una España con proyectos e ilusiones, a la que de una vez empiecen a pasarle cosas buenas sin que vengan los de siempre a estropearlas”.

“Una España que no se preocupe por conflictos políticos sino garantice empleo y pensiones. Que no aspire a su fragmentación sino a ser admirada en el mundo. Que no se empeñe en luchas de clases, ni de géneros, ni religiones, sino en convivencia en paz y seguridad. Tenemos derecho a hacer realidad otra vez los buenos tiempos de España. Y muy pronto conseguiremos recuperar el sueño de los españoles”, concluía.

Con la vista puesta en el ciclo electoral

El plan de la dirección del PP es que la integración con Ciudadanos, o al menos la coalición táctica de los dos partidos, se produzca antes del nuevo ciclo electoral previsto para este año, cuando tendrán lugar comicios autonómicos en Galicia y Euskadi. La dirección popular no quiere que la división de la derecha ponga en riesgo la mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo en la Xunta y relegue al PP vasco a la irrelevancia en el Parlamento de Vitoria.

La idea de la fusión ha sido aceptada incluso por uno de los barones más críticos con Casado, el gallego Alberto Núñez Feijóo, a pesar de que en los últimos meses no vio con buenos ojos la alianza de las derechas y de que en su comunidad la formación de Arrimadas tiene un papel testimonial: no tiene representación en el Parlamento gallego y tampoco sacó escaño en las últimas generales.

Pero a las puertas de unas elecciones gallegas en las que la división de la derecha podría desbancarle del poder –necesita revalidar la mayoría absoluta o, si logran representación, depender de los apoyos de Ciudadanos y Vox–, el presidente de la Xunta cree ahora que Ciudadanos “cabe dentro” del PP y que “sería bueno buscar fórmulas de entendimiento” con la formación que se dice liberal.

En Ciudadanos, no obstante, guardan mucho las distancias con el PP, a pesar coincidir en su rechazo total al nuevo Ejecutivo. Si durante las últimas generales rechazaron cualquier coalición electoral con los de Casado como la España Suma que reclamaban los populares, ahora mantienen la misma postura tanto en Catalunya, en donde han perdido casi todo el terreno ganado, pero también en Galicia y en el País Vasco, dos comunidades que viven pendientes de la convocatoria electoral.

Continuos virajes ideológicos

Casado emprendió una batalla por cada voto del centro derecha con Ciudadanos y Vox después de ganar las primarias de 2018. El líder del PP había visto cuestionada la hegemonía que mantuvo el PP en las últimas décadas como el gran partido conservador de España que era capaz de aglutinar al electorado que se situaba entre el centro derecha y la derecha más extrema y llamó una y otra vez a la “reconstrucción” de ese espacio siempre en torno a su formación política.

Sin tiempo para realizar ese proceso y en medio de un continuo vaivén de estrategias que le llevaron primero a abrazar las tesis de la derecha más extrema, después a moderarse y ahora, de nuevo, a girar otra vez hacia el conservadurismo, las sucesivas citas electorales que comenzaron en diciembre de 2018 con las elecciones andaluzas y que continuaron con las generales del 28A, las autonómicas y municipales del 26M y la repetición electoral del 10N no hicieron más que constatar esa división de las derechas.

Génova 13 confía en que la “reconstrucción” sea ahora más fácil una vez formado el nuevo Gobierno y protagonizando con una oposición sin tregua contra la izquierda para la que Casado ha vuelto a dar un papel protagonista a la polémica portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo –una de las mayores defensoras de España Suma–, pese al rechazo interno que genera por sus postulados radicales propios del sector aznarista del partido y su enemistad con el secretario general, Teodoro García Egea.

Aunque el líder del PP será quien se enfrentará a Sánchez durante las sesiones de control al Ejecutivo de los miércoles, la dirección popular quiere que Álvarez de Toledo se convierta en el gran azote de la izquierda en el Parlamento y en los medios. La actividad de la portavoz parlamentaria se conjugará con la estrategia de judicialización –Casado ya ha dicho que llevará a los tribunales todas las decisiones del Gobierno que no le gusten– y con la protesta en las calles que ya han anunciado los populares y a la que también se han sumado Vox y, en menor medida, Ciudadanos.

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