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La Universidad Menéndez Pelayo reflexiona sobre la mentira: los escoceses nunca llevaron falda y los desinformados son los demás

Juan Luis Manfredi, Candela Antón y Ramón Salaverría en la UIMP.

Olga Agüero

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Cuando la selección belga de fútbol ganó a Estados Unidos las redes sociales bromeaban que Trump estaba a un paso de decir que Bélgica tiene bombas nucleares. “Mentimos para encubrir errores”, sostiene el catedrático de Periodismo Jose Luis Manfredi. Todas las respuestas a la pregunta de por qué Estados Unidos ha entrado en guerra con Irak “están mal, porque el presidente ha cambiado de opinión varias veces incluso en el mismo día”, señala.

“¿Miente el presidente Trump? No miente, el problema es que cambia de opinión constantemente y el error que cometemos es pensar que lo que dice Trump es verdad”, explica.

El curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito ha propuesto esta semana reflexionar sobre la mentira en tiempos de desinformación dentro de la programación de la Uhiversidad Menéndez Pelayo de Santander. Para ello ha reunidos tres nombres propios: Ramón Salaverría y Juan Luis Manfredi, catedráticos de Periodismo de las universidades de Navarra y Castilla La Mancha, repsectivamente, y la divulgadora de antropología y directora del podcast 'Desenterrando el pasado', Candela Antón.

Manfredi sostiene que la mentira -en el sentido de desinformación- no es un fenómeno nuevo, tiene mala fama pero ya estaba en Grecia y Roma. “Así es como construyen las narrativas La Odisea y la Iliada”, argumenta.

Salaverria ha hecho referencia a un reciente estudio realizado en España. Cuando se pregunta si piensan que las noticias que circulan son falsas tres de cada cuatro personas dicen que si. Pero cuando se pregunta si las noticias que ellos consumen son falsas, dicen que no. “Los desinformados son los demás”, concluye con cierta ironía.

En su opinión, la verdad es la adecuación entre el objeto y el conocimiento. “Lo que ha cambiado es el objeto, la realidad, que se ha virtualizado y se puede crear artificialmente, lo que produce un conflicto con la verdad”, reflexiona. Hasta ahora existia un ideal compartido, en el sentido de que la realidad se obtenía a través de las evidencias: “no era perfecto, pero todos aceptábamos que había una realidad independiente de nuestros deseos o intereses” -explica- “esa es la premisa que se ha roto”.

En este nuevo contexto se valora la emoción por encima del argumento. “Convence más una lágrima que una prueba”, subraya, “pero la emoción está en un cuadrante diferente a la verdad”.

Salaverria considera que la clave no está en la explicación, sino en la leyenda. “No se trata de que te cuenten las cosas sino de que te cuenten un cuento” y además defiende que pese más lo visual que lo lógico. “Tendemos a creer los cuentos con más falicidad que las explicaciones” lo cual resulta complicado para reivindicar el papel del periodismo que utiliza un método muy parecido al científico, en el sentido de buscar información, analizar, contastar. “El periodismo se basa en la verificación, el contraste, la transparencia, la rectificación y la independencia”, enumera.

“El alarmismo constante es otro gran eje de la mentira”

Por su parte, Manfredi estima que los líderes mienten para mantener el poder, para cohesionar la sociedad o generar un mito nacionalista. “Todas las tradiciones son mentira, los escoceses nunca llevaron falda”, ha proclamado. “A un señor le sobraba tela y nos lo inventamos para avanzar en la costrucción de nuestros relatos”, ironizó.

Para este catedrático de Periodismo y Estudios internacionales de la Universidad de Castilla La Mancha, no hay nada más importante que tener un enemigo exterior y eso justifica ciertas mentiras que crean o perpetuan un mito que a su vez sostiene esa rivalidad. “Los armenios son los del medio, construyen su identidad por oposición: no son rusos ni turcos”, ejemplifica.

Además de por encubrir o no reconocer errores propios, también opera la lógica del alarmismo. El alarmismo también contribuye a generar engaños, ante el estados de alarma ante el cambio climático, las guerras, funciona el miedo para cohesionar sociedades e incitar a incrementar el gasto militar. “El alarmismo constante es otro gran eje de la mentira”, subraya.

“Mentimos porque podemos alterar la versión de la realidad del otro”

La divulgadora científica y antropóloga “en proceso” -como gusta definirse- dice que mentimos “porque sabemos que podemos alterar la versión de la realidad del otro”. Los niños empiezan a mentir a los tres años y no saben sostener esas mentiras “pero lo vamos perfeccionando hasta llegar a lo mentirosos que somos las personaa adultas”. Cuando Candela se despidió de su hija pequeña la noche antes de viajar a Santander para el curso de la UIMP ella le pidió que se llevase a su peluche Lili. La divulgadora -que tiene más de un millón de seguidores en sus redes sociales- contempló la posibilidad de dejarle escondido hasta su regreso, para no disgustar a la pequeña. Finalmente, Lily ha venido a Santander y está asistiendo al curso.

“Si no mintiéramos, ¿podríamos vivir en sociedad?”, se pregunta. Ella considera que hay que delimitar qué zonas son susceptibles de aceptar mentiras -mentir por cortesía, por ejemplo- y sostiene que las personas tenemos a decir la verdad. En este sentido, acepta que la mentira es como una especie de tecnología social que facilita algunos procesos. “La ciencia debería ser el único campo en el que no podemos aceptar mentiras”, proclama.

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