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Los viajeros atrapados en la crisis entre España e Italia: “Es ridículo que hayamos llegado a esto”

Sorprendidos, moderadamente inquietos y, en algunos casos, algo indignados, aunque también risueños ante la perspectiva de pasar unos días de vacaciones en España, algo en lo que ayudó que fuera 8 de agosto. Así han llegado este sábado al aeropuerto de Barajas los viajeros procedentes de Italia. El motivo de su zozobra han sido los controles que el Gobierno español ha impuesto como respuesta a la suspensión del espacio Schengen decretada por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.

Esta se traduce en controles adicionales en un intento por parte de Meloni de tratar de impedir una supuesta llegada descontrolada de algunas de las personas migrantes llegadas a España en la última crisis con Marruecos, que se saldó con al menos 141 jóvenes fallecidos en las playas de Ceuta. El Ejecutivo español ha negado rotundamente que esto pueda suceder, ha acusado a sus homólogos italianos de hacer populismo con algo tan sensible como la migración y ha aplicado la ley del talión versión aeropuerto: control de frontera por control de frontera. En total, y según ha informado el Ministerio del Interior, desde las 00.01 y hasta las 21.00 horas de este sábado se han practicado controles fronterizos a 199 pasajeros de terceros países procedentes de Italia en los pasajes de 12 vuelos.

Aunque es verdad que los controles españoles, según han relatado durante la jornada los propios viajeros, han sido laxos y muy aleatorios, lo que se traduce en que no se han llevado a cabo en todos los aviones aterrizados desde Italia y en que, en muchos casos, ha bastado, como mucho, con mostrar rápidamente que se estaba en posesión del pasaporte para poder pasar. Ni los portavoces del aeropuerto ni la Policía Nacional, cuerpo encargado de estas revisiones, han referido incidencias, ni siquiera en forma de colas de espera. Los agentes policiales, además, subrayan que ellos se han limitado a seguir las órdenes del Ministerio de Interior, que ha dado instrucciones de que el operativo se prolongue hasta el 7 de septiembre “salvo un cambio en las circunstancias que han motivado su adopción aconseje modificar ese plazo”. Es decir, hasta que quiera Meloni.

Decir que los italianos se encuentran en España un poco en casa y viceversa es algo más que un tópico. En 2025, 5,7 millones de viajeros italianos llegaron a España, según el INE. La cifra representa un crecimiento del 3,7% en el último año. Y 2026 va también camino de cifras récord, con 2,8 millones de viajeros italianos acumulados hasta junio, un 8,7% más que el año pasado a estas alturas.

En cuanto a los viajeros que llegan a Italia procedentes de España, una estadística experimental del INE que se basa en la posición de los teléfonos móviles arroja unos tres millones de turistas durante 2024 y 3,4 millones en 2025, un aumento del 13%. En lo que va de 2026 hasta junio, se han desplazado 1,6 millones desde España a Italia, un aumento del 26% con respecto a los 1,3 millones de 2025 a estas alturas. En total, entre los que van y los que vienen, 9,1 millones de viajeros andan pendientes de las tiranteces entre España e Italia. Y subiendo, porque hay uniones que no entienden de tácticas ni de diplomacia.

Forma parte de esta creciente comunidad de viajeros Elisa Fabbri, una formadora corporativa de 41 años que en la mañana del sábado salía del aeropuerto madrileño con una sola palabra en la boca: “Ridículo. Es ridículo que estemos en esta situación. Es un problema esencialmente político, porque entre la gente no hay ningún problema”. Ella ha llegado a la T4 desde Bolonia en uno de los pocos vuelos que han tenido que pasar el control de pasaporte adicional una vez aterrizaron. Lo primero, relata, fue un aviso: “La tripulación dijo que tendríamos que mostrar los pasaportes al salir y que, sin ellos, no podríamos pisar suelo español. Ahí, me preocupé un poco”. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la revisión no iba a ser precisamente exhaustiva: “Solo revisaban que teníamos los pasaportes. Y ya”.

En ese mismo vuelo iba Luca Sciroli, que piensa que, más que un control adicional al uso, se trataba más de una escenificación, un control solo para dejar claro que existen controles. Sciroli tiene 40 años, trabaja en el aeropuerto de Bolonia y, por tanto, tiene también la versión del otro lado: “A nosotros tampoco nos avisaron con mucho tiempo de que iban a poner controles a los españoles”. En la noche del viernes, cuenta, Iberia le advirtió vía email de que era posible que hubiera controles adicionales una vez llegaran a España. Tiene una opinión clara: “No creo que el Gobierno italiano esté en una buena posición para hablar de migración. Han intentado sacar una ventaja política”.

“He venido solo tres días y he venido sin ningún problema”, ha comentado casi a la carrera Giuseppe Simpatia, de 52 años. Daniele Mele, un ingeniero de Software de 21, ha llegado en un vuelo de Nápoles y solo ha tenido que presentar la documentación antes de abordar, como es preceptivo. “Todo esto son cosas de los políticos. Yo digo que hay que tener paz y amor”, ha comentado mostrando los dedos índice y el corazón y esbozando una sonrisa. Marco Brumat, de 59 años, se ha deslizado algo más: “No me gusta meterme en política. Sí diré que creo que estas cuestiones de las fronteras no son un problema”.

Enrico Sabini, de 55, se ha mostrado más extrañado: “No entiendo muy bien estos controles extra entre países tan cercanos. Leí algo antes de venir y creo que para nosotros no habrá mucho problema. Puede que tengan más problemas los que vengan de terceros países”.

“Hemos entrado en una espiral absurda”

A uno de esos terceros países pertenecen Leonardo Sarra, fiscal argentino de 60 años, y sus hijos, Felipe, un técnico de selección de recursos humanos de 35, y Santiago, de 13. “Aquí no tengo jurisdicción”, ha empezado bromeando el fiscal, antes de comentar que sí que les llegó el viernes un email avisando de que podían encontrarse controles extra. No fue el caso: una vez llegaron, ha relatado la familia, se toparon las preguntas de rigor en aduanas. “Si había controles adicionales, fueron flojos”, ha ahondado Sarra.

Los controles adicionales a Italia han sorprendido incluso a viajeros que no tenían nada que ver con el país. Guillermo Mazorra, un técnico de 52 años, esperaba a que su hija se fuera de viaje cuando ha comentado: “Creo que hemos entrado en una espiral absurda. Al final, si nos vamos poniendo controles unos a otros, perdemos todos”. Israel Pérez, un cubano nacionalizado español de 59 años que es encargado de mecánicos y esperaba a que su madre llegara de EEUU, se ha sumado también a la conversación estrella de la T4 este sábado: “Esto no debería ocurrir entre dos países europeos”.

Lejos ya de la algarabía del aeropuerto, Claudio y Daniela, que prefieren no dar sus apellidos, toman juntos el cercanías. En el camino, van comentando en voz alta el nombre de las estaciones mientras hablan de lo que van a hacer. Son dos auténticos expertos: es su décima vez en España. Por eso, recién llegados de Milán, lejos de caer en las trampas turísticas habituales, su plan es bajarse en Chamartín para alojarse en Getafe. Van a pasar una semana viajando por el centro peninsular.

Claudio, que tiene 41 años, es autónomo y está especializado en el mercado español, tiene también una opinión nítida que expresa una vez ha llegado su tren a Chamartín y se ha bajado para tomar la conexión: “No tiene sentido lo que ha hecho el Gobierno italiano. Es una estupidez, en mi opinión. En Italia no entendemos muy bien cómo podría ser ese proceso en el que los migrantes de Ceuta llegan al país por el aeropuerto, aunque tampoco estamos en general muy puestos en el problema, solo los que viajamos. Creo que se puede entender la respuesta de España”. Con sus maletas a cuestas, los dos se pierden por la estación dispuestos a conocer España una vez más, diga lo que diga la política internacional.