España ha aumentado un 35% sus capturas en el 'boom' del negocio atunero que esquilma los bancos del Índico

El mercado atunero ha experimentado un auténtico boom en los últimos años. Se han multiplicado buques, se han abierto nuevos caladeros. Así que las capturas mundiales crecieron en cinco años de 4,4 a 5,2 millones de toneladas al año (un 18%). El ansia por estos peces en zonas como Japón o Europa –con España a la cabeza– ha cebado un negocio pesquero que, tras llevar al atún rojo a un estado crítico, está esquilmando ahora otras variedades como las tropicales.

España devora atunes (para consumo directo o para exportar). Su industria pesquera ha aumentado las capturas un 35%: ha pasado de 256.000 toneladas en 2008 a 348.000 en 2013, según el Ministerio de Agricultura. Ocupa el quinto puesto mundial y ha superado a EEUU y Corea del Sur. Pero la mayoría de los atunes que acaban en la flota española no viene de sus aguas o de las europeas. Se van a buscarlos a países ribereños del Pacífico y el Índico.

Algunas de las especies más buscadas por la industria han pasado a formar parte de la lista roja de la sobrepesca. La mitad del atún tropical (los rabiles, patudos y listados) que se pesca en el Índico va destinada a Europa. Y el 50% de esto, a España.

Un caso que ejemplifica esta circunstancia es la del rabil del océano Índico (Thunnus albacares). Allí, las pesquerías españolas (y del resto de la UE) operan en virtud de acuerdos con países como Madagascar, Islas Mauricio o Seychelles. También con empresas mixtas que usan banderas de esos estados. El ritmo de capturas en los últimos años para llevar este pez a los mercados occidentales ha hecho que, en muy poco tiempo, la especie haya entrado en crisis.

El último informe científico de la Comisión para el Atún del Océano Índico (IOCT) explica sobre el rabil que “el deterioro del stock es atribuible principalmente a un incremento general de las capturas pesqueras” (aproximadamente un tercio en dos años). Y calcula que “la mortalidad [de la especie] ha aumentado considerablemente entre 2010 y 2014: un 45%”.

A esta mortalidad también contribuye la gran eficacia que han desarrollado las flotas debido al uso de sondas que detectan bancos de peces. Después se provoca que se agreguen por miles en la superficie para apresarlos mediante una red de cerco. Los científicos recomendaban en su estudio que las capturas se redujesen un 20%.

Los distribuidores firman una carta

El encargado de pesca de la organización WWF-Adena, Raúl García, subraya la responsabilidad que tienen los países occidentales y, en especial, España: “La mitad de la capturas de esta especie va a parar, de una u otra manera, a España”. La ONG ha pedido a los gobiernos de los países de la IOCT, que se reúnen en mayo, que apliquen la rebaja de los cupos. Aunque eso implicaría reducir también los ingresos económicos. Por ejemplo, un acuerdo tipo entre la Unión Europea y los países implicados supone el abono de una licencia por parte del armador y un canon por cada tonelada apresada.

WWF ha promovido una carta de petición a la que, tras este periodo de burbuja económica en torno a los atunes, se han adherido supermercados e industrias europeas: han visto asomarse el peligro “después de beneficiarse del boom que multiplicó los caladeros y los barcos”, cuenta García. 39 empresas han firmado la carta en la que expresan ahora a la Comisión su “honda preocupación” porque las “insostenibles capturas han convertido al rabil en una especie sobrepescada”.

Raúl González explica que no todo el problema ha recaído en las grandes pesqueras: “Se calcula que puede haber un 60% de capturas de este pez mediante flotas locales que no declaran claramente lo que han cogido. Y que aplican artes ilegales como las redes de deriva”. La estampa marina es la de miles de barcos surcando el Índico durante meses con buques de apoyo a los que se va trasvasando el pescado para que llegue a las conserveras. Y de ahí, a los supermercados.