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Expectativa contra realidad: cuando la selectividad no sale como esperabas

“Reaccionando a las notas de la PAU 2026”. Es lo que se lee en cientos de vídeos que están ya circulando en redes sociales: alumnos que, tras realizar las pruebas de Selectividad la semana pasada, se graban mientras descubren sus notas reales. A un lado de la imagen, la nota esperada y, al otro, la que finalmente obtuvieron. Un nuevo trend viral para captar un momento decisivo en el que por fin conocen los resultados de los exámenes para los que han estudiado tanto. Muchos de ellos, emocionados y entre lágrimas de felicidad. Otros, decepcionados, al esperar notas más altas.

Diana publicó un vídeo en TikTok tras conocer sus resultados de la prueba de Selectividad, que hizo en Almería. A lo largo del post, va reaccionando a sus notas reales, que contrastan con algunas de las que esperaba. Su sorpresa es enorme al conocer que ha sacado un 8 en Matemáticas, tras esperar no sacar más de un 5’75, porque creía que no le había salido del todo bien. 

Para ajustar sus expectativas a las posibles notas que iba a sacar, revisó sus respuestas tras los exámenes para estimar la nota. “Es cierto que hay partes más subjetivas, pero lo que he hecho ha sido bajarme nota en algunas asignaturas”, explica. Al conocer los resultados, se ha planteado si reclamar las notas de Filosofía y Tecnología, porque esperaba más. 

Según ha contado a elDiario.es, Diana tenía desde hace meses muy claro que quería estudiar Ingeniería Informática en Sevilla. Tanto, que en marzo reservó plaza en una residencia universitaria en la ciudad, anticipándose a sus resultados o cómo le pudiese salir la PAU. “Haber sacado sobre un 11 está perfecto, me da de sobra, no me preocupa. Yo no iba a tolerar ningún cambio en mi elección, y sabía que sí o sí iba a hacerla. Es lo que me gusta realmente”, concluye. 

Álvaro, de León, asegura que los días antes de recibir las notas estaba muy tranquilo, porque salió con buenas sensaciones de los exámenes. Sin embargo, reconoce que los resultados dependen en gran medida del corrector o de las circunstancias de cada alumno a la hora de hacer el examen. Por eso, manejar las expectativas puede resultar confuso o incluso frustrante. “En el examen de Economía que yo había hecho agotado, tras haber estado toda la noche estudiando Historia, pensé que iba a ser el que peor nota iba a sacar y ese resultó ser Lengua”, explica. 

Pero también se sorprendió de lo positivo: “En Matemáticas esperaba sacar un 0 porque, literalmente, no había hecho nada en el examen, y acabé sacando un 0,75”. Su sueño siempre ha sido estudiar Periodismo, y al haber sacado casi dos puntos más de los que suelen pedir, tiene claro que podrá entrar a la carrera. “En caso de que no ocurra, no pienso meterme en otra cosa, prefiero ponerme a trabajar este año y el año que viene repetir la PAU, porque mi objetivo siempre va a ser ser periodista”, afirma. 

Laura hizo la Selectividad hace unos días en Zaragoza y reconoce que entró muy nerviosa a hacer los exámenes. “La nota que más me ha sorprendido ha sido Inglés, porque yo siempre he sacado muy buenas notas, y me sorprendió que fuese tan mala respecto a lo que he ido sacando durante el curso”, cuenta. En su caso, sus expectativas estaban muy altas porque sus notas de Bachillerato lo eran, con un 10 de media en el segundo curso. Su intención era llegar al 13, pero se ha quedado rozándolo. “Los nervios y la acumulación de agotamiento me hicieron no cumplir mis expectativas”, cuenta. 

A pesar de esto, reconoce no estar decepcionada, sino “orgullosa y contenta”, pues para la carrera que quiere estudiar, Química, no le piden mucha nota. “Tampoco iba con mucha presión, más que nada nervios por los exámenes”, concluye. 

Orientación en centros educativos

Ana Cobos, orientadora y presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), asegura que desde los centros educativos, además de la preparación más académica, trabajan con programas de reducción de la ansiedad para que los alumnos acudan tranquilos a la PAU. 

“El profesorado realiza exámenes tipo, están preparando al alumnado desde el principio del curso para que estén familiarizados con los modelos de exámenes y utilizan ejemplos de años anteriores”, explica. “Lo que pasa es que cuando llega el momento de la verdad, es un contexto diferente, son espacios nuevos, hay mucha tensión”, subraya Cobos. 

La orientadora asegura que desde su departamento también se trabaja mucho este aspecto: “Hacemos charlas con el alumnado, se le recuerdan algunas cosas que parecen básicas, pero que son luego las que más nos la van a jugar en el momento del examen”. Por ejemplo, para evitar problemas de última hora, se les aconseja que, cuando sepan exactamente donde será la prueba, acudan el día antes para ver los espacios y que se familiaricen. También, para que controlen cuál es el transporte más adecuado que deben coger.

Una vez que se conocen los resultados de Selectividad, Cobos asegura que la elección de la carrera tiene que ver con la trayectoria vital de cada persona, además de su rendimiento académico. “En el caso de una persona a la que le interesa la sanidad, este interés va a aparecer normalmente muy pronto, pero debe de ir acompañado de determinadas características”, explica la orientadora. 

“Si no eres estudioso, quizás dentro del mundo de la sanidad podrás hacer otras funciones que requieran menor nivel académico. Es un proceso complejo porque tiene que ver todo lo que es la trayectoria académica unido a los intereses profesionales y a las características personales”, concluye.

Cuando no te llega la nota para estudiar la carrera que querías

Raúl, de Córdoba, ya hizo la Selectividad hace unos años, y acaba de terminar la carrera de Educación Primaria. Sin embargo, no era su primera opción: “No conseguí nota para entrar a una ingeniería, así que me quedé con mi segunda opción, que era educación. Si hubiese sacado más nota, tal vez hubiese entrado en otra carrera”. 

Recuerda cómo sus notas reales mejoraron sus expectativas, y afirma que los estudiantes normalmente piensan que les ha salido peor que la realidad. Sin embargo, reconoce haber sentido cierta incertidumbre y confusión a la hora de afrontar los exámenes. “Al fin y al cabo todos acabamos con una sensación un poco regular, porque durante Bachillerato no nos preparan realmente en todos los aspectos para afrontar ese examen. No paran de cambiar el modelo, de actualizarlo... No sabemos muy bien a qué tipo de prueba nos vamos a enfrentar”, afirma. 

Y lo cierto es que tras todo ese estudio y esfuerzo, muchos estudiantes se quedan fuera de sus primeras opciones aun teniendo una nota muy elevada. La escasez de plazas en las universidades públicas hace que incluso estudiantes con notas excelentes no puedan acceder a determinados grados, teniendo que replantearse pagar una privada, o incluso irse al extranjero. En el caso de Medicina, por ejemplo, cada plaza que se ofrece en las universidades públicas españolas tiene 11 aspirantes. 

Esta falta de plazas, sumada a las la inflación de las notas del Bachillerato y la creciente competitividad entre el alumnado hace que ni aun con un 13, los alumnos puedan cursar la carrera que quieren. Las carreras que piden más de un 13 para acceder ascendieron el año pasado hasta 73, frente a las 13 de hace una década, en el curso 2015-2016.

Aroa y Joanna subieron también un vídeo a TikTok reaccionando a las notas de la primera, que hizo la PAU en Murcia. Reconoce que su nota final sí que ha condicionado su elección de carrera: “No me veía capaz de sacar una nota tan alta como la que al final he tenido, por lo que nunca había tenido en mi mente la opción de Enfermería”. Aroa cuenta que aunque su primera opción era Química, al haber obtenido una nota mayor, se está replanteando otras posibilidades. Respecto a sus expectativas tras hacer los exámenes, cuenta que “no quería tenerlas muy altas, porque depende mucho del corrector, sobre todo en asignaturas que son más subjetivas como filosofía”. 

Su amiga Joanna, que acaba de terminar el primer curso de Bachillerato, reconoce que ya siente una presión y estrés constantes para afrontar la Selectividad el año que viene. “Creo que en toda la etapa educativa anterior no te preparan para ese estrés al llegar a los últimos años”, cuenta. “Te lo imponen como una obligación, deberían motivarnos mucho más y explicarnos muchísimo más las cosas. Me han ayudado más mis padres que los docentes o charlas”.