De las noches tropicales a las “infernales”: el calor no da tregua ni para dormir e impacta aún más en la salud
Empezó a utilizarse el término de 'noches tropicales', para referirse a aquellas en las que las temperaturas mínimas no bajan de los 20 grados. Hace unos años, se comenzó a hablar de las tórridas, con el termómetro por encima de los 25. Este verano, ha aparecido un nuevo concepto, que amenaza con hacerse popular. “Todavía no hay un nombre universalmente aceptado para las noches en las que no se baja de 30 grados, pero lo cierto es que estas ya se producen”, advertía hace unos días la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) sobre las “noches infernales”.
Las noches más o menos calurosas han ido haciéndose más habituales verano a verano. Hace una semana, se superaron los 30 grados de mínima en varios municipios de Las Palmas y Tenerife. En el siguiente mapa, puede consultarse las noches tropicales, tórridas e infernales en lo que va de año.
Los datos de cada provincia corresponden a la estación meteorológica situada en la capital de cada una de ellas que disponga de observaciones actuales y de la serie histórica más antigua. En su ausencia, se ha usado otra estación de la provincia con las mismas características (por ejemplo, los datos de Palencia corresponden a la estación de Carrión de los Condes).
También se han incluido como estaciones secundarias, aparte de las clasificadas como capital de la provincia, aquellas que cuentan con una serie histórica sin grandes saltos temporales, con datos desde al menos 2000 y que siguen registrando las temperaturas en la actualidad.
Aunque las noches infernales todavía son testimoniales —la primera se registró en Melilla en 1994 y, desde entonces, solo ha habido otras nueve en las estaciones analizadas por elDiario.es—, el histórico es claro en cuanto a las tropicales y las tórridas.
El siguiente gráfico muestra como han ido haciéndose más habituales, principalmente en el sur peninsular, en la costa mediterránea y en Canarias. En 2025, en Santa Cruz de Tenerife hubo 158 noches por encima de los 20 grados, frente a las 68 de 1950. En Almería hubo 114, cuando en 1968 tan solo se registraron 41. Son solo dos ejemplos, pero la tendencia se repite en todas las estaciones y comienza a ocurrir también con las noches tórridas, por encima de los 25 grados.
Estos datos de calor nocturno tienen un efecto claro en la salud de la población, todavía difícil de cuantificar. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) utiliza un modelo estadístico que permite atribuir un número determinado de defunciones a las altas temperaturas. Desde mayo, han estimado más de 3.700 muertes por esta causa, pero no diferencia la hora del día a la que el termómetro aprieta más.
En la mayor parte del territorio, “lo que más se relaciona con la mortalidad son las temperaturas diarias [entendidas por las del conjunto del día y la noche], aunque las mínimas también pueden tener un impacto en salud”, explica el investigador del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y codirector de la Unidad de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano en la Escuela Nacional de Sanidad, Julio Díaz, una de las mayores expertos en la materia.
Hay algunas excepciones principalmente vinculadas a áreas costeras, como Barcelona, Valencia o Málaga, donde las mínimas son más lesivas. Pero Díaz llama a la prudencia a la hora de utilizar los términos. “Cuando hablamos de noches tropicales, tórridas, infernales... a veces da la sensación de que queremos asustar a la gente, mientras el impacto en salud depende de cada lugar. ¿Noches infernales por encima de 30 grados? En Córdoba la gente empieza a fallecer a partir de los 41, así que estadísticamente no es relevante. Sin embargo, en Coruña podría ser demoledor”, razona.
La siguiente tabla muestra los récords de temperatura mínima registrados en lo que va de año en una estación de la AEMET. Este miércoles, los termómetros no bajaron de los 21,4º en Lugo, el registro más alto desde el comienzo de la serie, en 1984. Y, en lo que va de verano, ha habido mínimas nocturnas como nunca antes en otras doce provincias, superando los 27 grados en Balears, Castelló e, incluso, Gipuzkoa.
En cualquier caso, nadie niega que las noches especialmente cálidas, que dificultan el sueño profundo, tienen un impacto en la salud y el bienestar de la población. “Está claro que si no puedes descansar, tu sistema inmunológico no se recupera igual”, aclara Díaz.
Un estudio, publicado en 2025 en la revista Environment International, analizó el exceso de calor nocturno y la duración de las noches cálidas en 178 ciudades de 44 países e identificó una relación entre ambos factores y un exceso de la mortalidad. En concreto, según los investigadores, se producen un 0,6% más de decesos por las noches con temperaturas altas y un 0,62% por aquellas en las que el calor se alarga durante más tiempo.
Este trabajo tiene en cuenta la temperatura habitual de las zonas de estudio y concluye que hay “evidencias sólidas de un aumento del riesgo de mortalidad asociado a estos índices de noches calurosas en todos los climas y regiones, excepto en el norte de Europa, donde la asociación fue únicamente indicativa”. Y los peores registros se encontraron en el sur de Europa —el artículo cita concretamente Italia y España—, donde se registró un incremento de la mortalidad del 3% atribuible a esta causa.
El vicepresidente de la Sociedad Andaluza de Medicina Interna (Sademi), Antonio Fernández, celebra que en los últimos tiempos se esté poniendo el foco e los “efectos añadidos sobre la salud” del incremento de la temperatura nocturna. Un incremento que, además, se está produciendo a un ritmo más rápido que durante el día, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change.
Las altas temperaturas nocturnas tienen un impacto directo por “los trastornos que produce la alteración de los ritmos del sueño en el organismo”, explica Fernández, que es jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios del Aljarafe, en Sevilla.
El cansancio, la sensación de malestar o la irascibilidad que tantas personas sienten tras una mala noche, tiene su explicación y aunque impacta, no lo hace por igual en todos los cuerpos. El sueño, explica el doctor, se divide en las fases 'rem' —que ocupa un 25% y es en la que descansa el cuerpo— y la 'no rem' —en la que descansa el cerebro y que, a su vez, se divide en otras tres partes, la última de sueño profundo.
“La falta de reducción de la temperatura nocturna afecta a las dos partes del sueño, reduce el tiempo de sueño 'no-rem' y la fase 3. Eso hace que el cerebro no descanse y que al día siguiente estés adormecido, con sueño, menor capacidad de concentración, haya más accidentes, peores resultados en el trabajo...”, enumera Fernández.
Pero los efectos van más allá, explica: “A la larga aumenta la demencia y, en las personas que ya la tienen, empeora su deterioro cognitivo”. Además, el sueño permite recuperar las funciones cerebrales y corporales. Una función que, al verse interrumpida, aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca, provocando más ictus e infartos de miocardio. “También se produce un aumento del apetito y una resistencia a la insulina, que hace que los pacientes con diabetes empeoren su control de glucosa”, añade el doctor.
Islas de calor y colectivos vulnerables
La temperatura no tiene el mismo efecto en una ciudad que en otra, como tampoco lo tiene dentro de la misma urbe en un barrio que en otro. Las más afectadas son las llamadas islas de calor, habitualmente en zonas con poblaciones con menos ingresos y donde las mínimas son más altas, lo que implica un “componente social”, explica el doctor Fernández.
“Hay barrios donde falta vegetación y la utilización de materiales de construcción inadecuados por abaratamiento hace que la temperatura externa se incremente durante el día y el cúmulo de calor de esos materiales hace que incremente la interna por la noche”, sostiene Fernández, que indica que esos vecinos ven su capacidad de actuación frente a esas noches cálidas, tórridas o infernales “muy limitada”.
En este sentido, el doctor recomienda llevas a cabo las actuaciones posibles para bajar la temperatura en el hogar durante la noche. Algunas acciones están limitadas a quien tenga aire acondicionado o ventilador. Otras tienen que ver con la dieta, como evitar comidas copiosas a última hora del día o beber alcohol, que dificulta la reducción de la temperatura corporal. También es recomendable ducharse con agua fresca antes de dormir.