Lo que los papeles del 23F cuentan sobre el rey Juan Carlos
La desclasificación relativa al 23F ha liberado algo más de 150 documentos con información sobre el intento de golpe de Estado considerada secreto hasta ahora. Entre los papeles no están algunos de los considerados de mayor relevancia para los investigadores ni acaban de despejar algunas zonas grises que rodean a la asonada, pero, según el Gobierno, se trata de “toda la documentación” hallada por el momento. Respecto a uno de los puntos que más expectación había generado, el del papel del rey Juan Carlos, los nuevos fondos no suponen un giro de guion sobre lo conocido hasta ahora, aunque aportan detalles adicionales.
Buena parte de los papeles novedosos describen un escenario marcado por los rumores y por el uso del nombre del monarca por parte de los golpistas para legitimar la toma del Congreso, un extremo al que ya aducía la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar que en 1982 les condenó. También figura otro documento custodiado por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el que se hace un “relato sucinto” de los hechos “según fueron conocidos en Zarzuela” y que incluye contactos durante las horas críticas con Alfonso Armada y Milans del Bosch, ambos condenados por un delito de rebelión militar.
La desclasificación no aporta apenas información sobre movimientos previos al golpe que esclarezcan qué rol jugó el monarca en la atmósfera conspiranoica que se respiraba entonces, pero sí hay papeles que le sitúan en reuniones posteriores al 23F. Uno de ellos, tildado de “confidencial” y en manos del CESID, el antiguo servicio de inteligencia, describe cómo en “algunos núcleos cualificados de opinión” en Cantabria y “en ambientes castrenses” de Madrid “se dan por seguro” entrevistas “confidenciales y sigilosas” del rey con los golpistas días antes del inicio del juicio.
El texto asegura que “alguien muy importante” de la Casa Real se entrevistó con el general Armada “matizando comportamientos relativos a la vista oral del proceso” y que, cuando quiso hacerlo con Milans del Bosch, este “exigió” que fuera el monarca personalmente. “En tales círculos de opinión se asegura que, en efecto, el rey se ha entrevistado confidencialmente” con él. Y añade: “Por encima de todo se pretende que la Corona no salga lesionada del proceso [judicial]”. La fuente reconoce que “el rumor es grave” pero asegura que da traslado porque no es un “rumor popular”, sino que da cierta autoridad a quienes lo afirman y apunta a que algunos de ellos pertenecen “al sector militar”. Pero no hay confirmación.
El nombre del rey
El uso del nombre de Juan Carlos es otro de los aspectos que aparece en algunos documentos hechos públicos. Uno de ellos, sin ninguna firma pero bajo el poder del Ministerio del Interior, afirma que existió “una campaña” de “mentiras y tergiversaciones” puesta en circulación por los abogados de los sublevados, los grupos políticos afines y los “simpatizantes” con la causa. Entre los argumentos que supuestamente utilizaron, estaban el de que el rey había dispuesto un avión para huir de España o que mandó a sus hijos a Inglaterra antes del golpe. El Partido Comunista Español (PCE) llegó a alertar de que la extrema derecha quería “implicar” al monarca en el golpe, según otro documento.
De acuerdo con las notas que hizo el CESID de las vistas orales del juicio, también desclasificadas, Juan Carlos “ha sido nombrado no menos de 96 veces con la intención de implicarle en los hechos”, escribió el servicio de inteligencia el 17 de marzo de 1982. Durante su turno, Tejero declaró que, aunque “no le gusta el rey” se unió a la operación porque Armada le aseguró que la Corona estaba de su lado y le dijo que él mismo estaría en Zarzuela. Otra de las notas recoge cómo Milans del Bosch declaró que había prestado “un servicio a España” coincidente “con los deseos de su Majestad”, según sostuvo que le había trasladado Armada.
El CESID tomó notas de las vistas durante todo el proceso, en el que dos de sus agentes estaban procesados –José Luis Cortina fue absuelto y Gómez Iglesias, condenado–. Uno de los papeles abiertos a consulta este miércoles reconoce precisamente que seis miembros del servicio de inteligencia tuvieron una “participación activa” en el golpe. Cuatro de ellos nunca fueron procesados. Otro documento destacado, posterior al golpe de Estado, parece detallar la opinión de una facción del Ejército sobre el alzamiento y advierte de que el error fue “dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero”.
Los hechos, según Zarzuela
Bajo custodia del CNI está también el documento que da cuenta de los sucesos “según fueron conocidos en Zarzuela”. En él se recogen las intervenciones del rey a partir de las 18.20 horas, cuando Tejero entró armado a la Cámara Baja. Según el papel, el monarca “oyó por la radio la novedad” y entonces “empiezan los contactos telefónicos para conocer la situación”. El texto apunta a que, entre las 18.20 y 19.00 horas, Armada hace una primera llamada para ir a Zarzuela y el rey “le responde que no”.
También que es a las 19.30 horas cuando, supuestamente, “se decide” que el rey transmita un mensaje por televisión. “Aproximadamente a las 20.00” se habla con TVE, pero se conoce que “está vigilada y ocupada”. De hecho, una de las conversaciones desclasificadas este miércoles revela que los militares que tomaron la televisión tenían órdenes de “tirar a matar”. El documento incluye otros contactos ya conocidos o reveladas en algún momento por sus implicados o en la sentencia del juicio, entre ellas, las órdenes que dio Juan Carlos a Milans del Bosch.
El “trato exquisito” a los militares
Del Palacio de la Zarzuela salió el 14 de diciembre de 1981 una carta firmada por Sabino Fernández Campo, sucesor de Armada como secretario general de la Casa del Rey, en la que se dirige al director del Centro Superior de Información de la Defensa para enviarle el “guion que sirvió de base” para la reunión que el monarca mantuvo hacía días con el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, el ministro de Defensa, Alberto Oliart, y la Junta de Jefes de Estado Mayor.
En el texto, el rey justifica sus intervenciones el 23F y utiliza un tono conciliador con las Fuerzas Armadas, de las que asegura que fueron “vencedoras” en la Guerra Civil, pero “no obtuvieron beneficios destacados después de su victoria” y que “sirvieron a España con espíritu de sacrificio” durante el franquismo. El monarca llama a la “protección de su dignidad” y califica de “necesario” que los militares se sientan “considerados y protegidos”. Reconoce en el guion que la situación militar “es delicada y digna de atención” tras el 23F e insta a analizar la situación “entre civiles y militares”, con “sinceridad y el tacto más exquisito”.
Los fondos reconstruyen precisamente un ambiente muy tensionado en los cuarteles tras la asonada, en los que llegaban a aparecer pintadas de “el rey a declarar”, según consta en un documento secreto custodiado por Interior.
La noticia de la desclasificación fue celebrada por los historiadores, que llevan años reclamándolo. Las expectativas versaban sobre elementos considerados clave, como la transcripción de las llamadas que se hicieron desde el Congreso al exterior durante el golpe, especialmente con La Zarzuela, o los informes previos que pudo hacer el CESID sobre un eventual intento de golpe, pero no consta que estén entre la documentación. El catedrático de Historia Contemporánea de la universidad de Zaragoza, Julián Casanova, ya descartó en conversación con este medio que fuera a haber “grandes sorpresas” entre los papeles y advirtió de que no todos acaban llegando a la actualidad: “Hay que tener en cuenta que alguien clasifica los documentos y han podido perderse o destruirse”.