El peor año en superficie quemada en casi tres décadas: así evolucionan los incendios activos en España

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Las olas de calor crean el caldo de cultivo perfecto para que se desaten grandes incendios forestales muy devastadores. Las dos que ha atravesado España en junio y julio lo reiteran. La crisis climática ha exacerbado y multiplicado los picos cálidos en todo el mundo. España no se ha escapado. En lo que va de 2022, las imágenes por satélite muestran la destrucción de 290.000 hectáreas.

Precisamente una ola de calor, la de mediados de junio, provocó que la devastación diera un salto muy grande. La estadística de Transición Ecológica pasó de 25.000 a 73.000 hectáreas. Casi el triple. Luego ha llegado la siguiente ola de calor de julio de 2022 y su barrido de fuego.

El siguiente mapa muestra los focos activos en los dos últimos días que han detectado los satélites VIIRS de la NASA en España. La agencia aeroespacial norteamericana utiliza imágenes satelitales para identificar incendios activos y anomalías térmicas por todo el planeta.

El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) señala que este 2022 está siendo la temporada de fuegos más devastadora desde la puesta en marcha del sistema en el año 2000. Este cálculo solo incluye los incendios de más de 30 hectáreas que se han podido identificar por imágenes de satélite y de los que se ha medido la superficie. Nunca antes se habían detectado tantas zonas calcinadas desde el espacio como en los meses que llevamos de 2022. 

Crisis climática y grandes incendios

La proliferación de grandes incendios forestales, en ocasiones imposibles de extinguir, es una de las consecuencias, avisadas desde hace tiempo, de la alteración del clima que ha generado el efecto invernadero de las emisiones de gases humanas en la atmósfera. El fuego padecido en la comarca de Tábara (Zamora) en julio de 2022 ha sido el más destructivo de la historia de Castilla y León. El anterior peor siniestro databa de... junio de 2022 en la sierra de la Culebra. El inmediatamente anterior tuvo lugar en Ávila, en 2021. Los de Pobra do Brollón y Valdeorras (Galicia) son los más destructivos desde que hay registros para la comunidad autónoma.

La comparativa de los datos de Copernicus (Sistema Europeo de Incendios Forestales) con las cifras de superficie quemada del Ministerio de Transición Ecológica señalan que 2022 no solo es el año más devastador del siglo XXI, sino que será la peor temporada en zonas calcinadas desde al menos 1994. Ese año ardieron miles de hectáreas en un infierno de humo y llamas que se cebó especialmente con las provincias del Mediterráneo.

El siguiente gráfico compara la superficie quemada por incendios forestales en España según las estadísticas del Gobierno y las comunidades hasta 2021, más exhaustivas pero actualizadas con más retardo, y el área calcinada que ha detectado el programa Copernicus, que solo incluye los incendios de más de 30 hectáreas que se han podido rastrear a través de imágenes satelitales entre 2000 y lo que llevamos de 2022.

La mayoría de hectáreas quemadas este verano han coincidido con días en que España estaba en ola de calor. Durante los ocho días que duró el episodio de temperaturas extremas de junio, empezaron 34 incendios que calcinaron casi 50.000 hectáreas. En la ola de calor de julio, que duró nueve días, ardieron 56 incendios que quemaron más del doble de hectáreas, 121.000, según los datos provisionales del Sistema Europeo de Incendios Forestales (EFFIS).

Riesgo meteorológico de incendios al alza

La cuestión es que cada vez hay más riesgo meteorológico de incendios. La temporada de incendios está marcada por la meteorología. Altas temperaturas, bajas precipitaciones, viento... preparan muchos parajes para arder más frecuentemente al incrementar la inflamabilidad de la vegetación. Tanto las temporadas como las condiciones para que se produzcan incendios extremos –básicamente las que traen las olas de calor– “se han vuelto más comunes en todo el mundo”, como atestigua esta investigación.

Los investigadores dividen el globo terráqueo en ecorregiones. Se trata de amplias extensiones del planeta con un clima, geografía, flora y fauna más o menos comunes. La mayoría de España está incrustada en la ecorregión del Mediterráneo, una de las más azotadas por los incendios: la temporada aquí ha crecido un 54% en cuatro décadas.  

Incendios de gran intensidad y dimensiones como el de Zamora, Cáceres (Ladrillar) o Lugo (Pobra do Brollón) señalan un fenómeno que se ha intensificado en las últimas décadas en España: el auge de los grandes incendios forestales (de más de 500 hectáreas). Son pocos, pero devastadores. 

La diferencia es que ahora se propagan más: de media, cada gran fuego calcina casi el doble de superficie que hace 30 años. Los datos de 2022 lo demuestran: la información provisional de Copernicus señala que varios incendios de este año se colocarían en el ranking de incendios con más superficie quemada desde 1968.

Federico Grillo, jefe de Emergencia del Cabildo de Tenerife, ya avisó de este fenómeno durante los fuegos de Gran Canaria en 2019. “Está sucediendo en otros lados: incendios que no se han visto nunca, con unas longitudes de llamas y una velocidad de propagación que parecen más tormentas de fuego que un incendio convencional y cada vez nos cuesta más”, según recogió Canarias Ahora.

Para ver cómo estos grandes incendios calcinan hectáreas de vegetación en pocos días o incluso horas, en los siguientes gráficos puedes ver una secuencia en imágenes de satélite de los principales incendios que han calcinado miles de hectáreas en 2022.

El 15 de agosto comenzó un fuego forestal en Bejís, Castellón, que las imágenes satelitales calculan que ya ha quemado más de 19.000 hectáreas. El incendio continúa activo y se mantienen los confinamientos que se decretaron ayer en Alcublas y Andilla, así como los desalojos de tres aldeas pertenecientes a esta última localidad valenciana.

El incendio forestal de Vall d'Ebo (Alicante) ha quemado ya más de 12.000 hectáreas, según las imágenes satelitales, y se ubica entre los más devastadores del último medio siglo. Se inició el pasado 13 de agosto y obligó a desalojar a 1.200 personas. Las llamas se quedaron a las puertas del municipio de Pego, tal y como se observa en las imágenes satelitales.

El incendio de Añón de Moncayo, en Zaragoza, se ha convertido en el segundo fuego más devastador del año en la provincia que, según los primeros cálculos, ha arrasado un área de 9.000 hectáreas. Las llamas obligaron a los servicios de emergencia a evacuar a en torno a 1.500 personas (todos los habitantes de esa localidad, así como a una urbanización y otras poblaciones cercanas). Ya se encuentra estabilizado, aunque “no controlado”.

La provincia de Zamora ha vivido este verano dos de los peores incendios de su historia. El primero se inició el 16 de junio en la Sierra de la Culebra y quemó al menos 28.000 hectáreas, según los datos de Copernicus. Apenas un mes después, otro incendio en el área colindante de la comarca de Tábara arrasó con otras 32.000 hectáreas. El balance final es de tres fallecidos y una decena de heridos.

El incendio de las Hurdes, en Cáceres, se inició en el municipio de Ladrillar el 11 de julio y ha acumulado un total de 12.000 hectáreas arrasadas en siete días, según los datos provisionales estimados a partir de las imágenes satelitales de Copernicus.

En Galicia, los incendios de Pobra do Brollón (Lugo) y Carballeda (Ourense), iniciados el 14 de julio muy cerca el uno del otro, siguen activos. Juntos suman más de 24.000 hectáreas calcinadas. 

En Aragón, el incendio de Ateca ya se ha convertido en el segundo más destructivo de la historia de la comunidad. Iniciado el 18 de julio, el fuego arrasó más de 14.000 hectáreas.

Se queman menos hectáreas pero cada vez más en grandes incendios

En la década de los ochenta se quemaban anualmente, de media, más de 200.000 hectáreas. En los últimos años, esta cifra se ha reducido a más de la mitad. Sin embargo, la superficie que deja sin vida un solo incendio actualmente es mucho mayor que hace treinta o cuarenta años.

Si nos fijamos en la media de superficie quemada en cada gran fuego, en 1990 el área media era de 1.180 hectáreas. En 2021 había subido hasta rozar las 2.000 hectáreas, un 65% más.

La tendencia a peor ha hecho que el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales añadiera en 2021 un nuevo umbral de peligro: “Nivel muy extremo” para aplicar al contexto que se ha creado, precisamente, en la región mediterránea durante los meses de verano. La investigadora del instituto mixto de investigación Universidad de Oviedo-CSIC Carmen Santín analizaba en plena ola de fuegos: “El cambio climático está facilitando que haya más incendios y más graves”.

Las olas de calor crean el caldo de cultivo perfecto para que se desaten grandes incendios forestales muy devastadores. Las dos que ha atravesado España en junio y julio lo reiteran. La crisis climática ha exacerbado y multiplicado los picos cálidos en todo el mundo. España no se ha escapado. En lo que va de 2022, las imágenes por satélite muestran la destrucción de 290.000 hectáreas.

Precisamente una ola de calor, la de mediados de junio, provocó que la devastación diera un salto muy grande. La estadística de Transición Ecológica pasó de 25.000 a 73.000 hectáreas. Casi el triple. Luego ha llegado la siguiente ola de calor de julio de 2022 y su barrido de fuego.

El siguiente mapa muestra los focos activos en los dos últimos días que han detectado los satélites VIIRS de la NASA en España. La agencia aeroespacial norteamericana utiliza imágenes satelitales para identificar incendios activos y anomalías térmicas por todo el planeta.

El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) señala que este 2022 está siendo la temporada de fuegos más devastadora desde la puesta en marcha del sistema en el año 2000. Este cálculo solo incluye los incendios de más de 30 hectáreas que se han podido identificar por imágenes de satélite y de los que se ha medido la superficie. Nunca antes se habían detectado tantas zonas calcinadas desde el espacio como en los meses que llevamos de 2022. 

Crisis climática y grandes incendios

La proliferación de grandes incendios forestales, en ocasiones imposibles de extinguir, es una de las consecuencias, avisadas desde hace tiempo, de la alteración del clima que ha generado el efecto invernadero de las emisiones de gases humanas en la atmósfera. El fuego padecido en la comarca de Tábara (Zamora) en julio de 2022 ha sido el más destructivo de la historia de Castilla y León. El anterior peor siniestro databa de... junio de 2022 en la sierra de la Culebra. El inmediatamente anterior tuvo lugar en Ávila, en 2021. Los de Pobra do Brollón y Valdeorras (Galicia) son los más destructivos desde que hay registros para la comunidad autónoma.

La comparativa de los datos de Copernicus (Sistema Europeo de Incendios Forestales) con las cifras de superficie quemada del Ministerio de Transición Ecológica señalan que 2022 no solo es el año más devastador del siglo XXI, sino que será la peor temporada en zonas calcinadas desde al menos 1994. Ese año ardieron miles de hectáreas en un infierno de humo y llamas que se cebó especialmente con las provincias del Mediterráneo.

El siguiente gráfico compara la superficie quemada por incendios forestales en España según las estadísticas del Gobierno y las comunidades hasta 2021, más exhaustivas pero actualizadas con más retardo, y el área calcinada que ha detectado el programa Copernicus, que solo incluye los incendios de más de 30 hectáreas que se han podido rastrear a través de imágenes satelitales entre 2000 y lo que llevamos de 2022.

La mayoría de hectáreas quemadas este verano han coincidido con días en que España estaba en ola de calor. Durante los ocho días que duró el episodio de temperaturas extremas de junio, empezaron 34 incendios que calcinaron casi 50.000 hectáreas. En la ola de calor de julio, que duró nueve días, ardieron 56 incendios que quemaron más del doble de hectáreas, 121.000, según los datos provisionales del Sistema Europeo de Incendios Forestales (EFFIS).

Riesgo meteorológico de incendios al alza

La cuestión es que cada vez hay más riesgo meteorológico de incendios. La temporada de incendios está marcada por la meteorología. Altas temperaturas, bajas precipitaciones, viento... preparan muchos parajes para arder más frecuentemente al incrementar la inflamabilidad de la vegetación. Tanto las temporadas como las condiciones para que se produzcan incendios extremos –básicamente las que traen las olas de calor– “se han vuelto más comunes en todo el mundo”, como atestigua esta investigación.

Los investigadores dividen el globo terráqueo en ecorregiones. Se trata de amplias extensiones del planeta con un clima, geografía, flora y fauna más o menos comunes. La mayoría de España está incrustada en la ecorregión del Mediterráneo, una de las más azotadas por los incendios: la temporada aquí ha crecido un 54% en cuatro décadas.  

Incendios de gran intensidad y dimensiones como el de Zamora, Cáceres (Ladrillar) o Lugo (Pobra do Brollón) señalan un fenómeno que se ha intensificado en las últimas décadas en España: el auge de los grandes incendios forestales (de más de 500 hectáreas). Son pocos, pero devastadores. 

La diferencia es que ahora se propagan más: de media, cada gran fuego calcina casi el doble de superficie que hace 30 años. Los datos de 2022 lo demuestran: la información provisional de Copernicus señala que varios incendios de este año se colocarían en el ranking de incendios con más superficie quemada desde 1968.

Federico Grillo, jefe de Emergencia del Cabildo de Tenerife, ya avisó de este fenómeno durante los fuegos de Gran Canaria en 2019. “Está sucediendo en otros lados: incendios que no se han visto nunca, con unas longitudes de llamas y una velocidad de propagación que parecen más tormentas de fuego que un incendio convencional y cada vez nos cuesta más”, según recogió Canarias Ahora.

Para ver cómo estos grandes incendios calcinan hectáreas de vegetación en pocos días o incluso horas, en los siguientes gráficos puedes ver una secuencia en imágenes de satélite de los principales incendios que han calcinado miles de hectáreas en 2022.

El 15 de agosto comenzó un fuego forestal en Bejís, Castellón, que las imágenes satelitales calculan que ya ha quemado más de 19.000 hectáreas. El incendio continúa activo y se mantienen los confinamientos que se decretaron ayer en Alcublas y Andilla, así como los desalojos de tres aldeas pertenecientes a esta última localidad valenciana.

El incendio forestal de Vall d'Ebo (Alicante) ha quemado ya más de 12.000 hectáreas, según las imágenes satelitales, y se ubica entre los más devastadores del último medio siglo. Se inició el pasado 13 de agosto y obligó a desalojar a 1.200 personas. Las llamas se quedaron a las puertas del municipio de Pego, tal y como se observa en las imágenes satelitales.

El incendio de Añón de Moncayo, en Zaragoza, se ha convertido en el segundo fuego más devastador del año en la provincia que, según los primeros cálculos, ha arrasado un área de 9.000 hectáreas. Las llamas obligaron a los servicios de emergencia a evacuar a en torno a 1.500 personas (todos los habitantes de esa localidad, así como a una urbanización y otras poblaciones cercanas). Ya se encuentra estabilizado, aunque “no controlado”.

La provincia de Zamora ha vivido este verano dos de los peores incendios de su historia. El primero se inició el 16 de junio en la Sierra de la Culebra y quemó al menos 28.000 hectáreas, según los datos de Copernicus. Apenas un mes después, otro incendio en el área colindante de la comarca de Tábara arrasó con otras 32.000 hectáreas. El balance final es de tres fallecidos y una decena de heridos.

El incendio de las Hurdes, en Cáceres, se inició en el municipio de Ladrillar el 11 de julio y ha acumulado un total de 12.000 hectáreas arrasadas en siete días, según los datos provisionales estimados a partir de las imágenes satelitales de Copernicus.

En Galicia, los incendios de Pobra do Brollón (Lugo) y Carballeda (Ourense), iniciados el 14 de julio muy cerca el uno del otro, siguen activos. Juntos suman más de 24.000 hectáreas calcinadas. 

En Aragón, el incendio de Ateca ya se ha convertido en el segundo más destructivo de la historia de la comunidad. Iniciado el 18 de julio, el fuego arrasó más de 14.000 hectáreas.

Se queman menos hectáreas pero cada vez más en grandes incendios

En la década de los ochenta se quemaban anualmente, de media, más de 200.000 hectáreas. En los últimos años, esta cifra se ha reducido a más de la mitad. Sin embargo, la superficie que deja sin vida un solo incendio actualmente es mucho mayor que hace treinta o cuarenta años.

Si nos fijamos en la media de superficie quemada en cada gran fuego, en 1990 el área media era de 1.180 hectáreas. En 2021 había subido hasta rozar las 2.000 hectáreas, un 65% más.

La tendencia a peor ha hecho que el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales añadiera en 2021 un nuevo umbral de peligro: “Nivel muy extremo” para aplicar al contexto que se ha creado, precisamente, en la región mediterránea durante los meses de verano. La investigadora del instituto mixto de investigación Universidad de Oviedo-CSIC Carmen Santín analizaba en plena ola de fuegos: “El cambio climático está facilitando que haya más incendios y más graves”.

Las olas de calor crean el caldo de cultivo perfecto para que se desaten grandes incendios forestales muy devastadores. Las dos que ha atravesado España en junio y julio lo reiteran. La crisis climática ha exacerbado y multiplicado los picos cálidos en todo el mundo. España no se ha escapado. En lo que va de 2022, las imágenes por satélite muestran la destrucción de 290.000 hectáreas.

Precisamente una ola de calor, la de mediados de junio, provocó que la devastación diera un salto muy grande. La estadística de Transición Ecológica pasó de 25.000 a 73.000 hectáreas. Casi el triple. Luego ha llegado la siguiente ola de calor de julio de 2022 y su barrido de fuego.