La 'era postMeToo': el feminismo afronta una contraofensiva en auge que busca silenciar la violencia sexual
Fue el juicio con más impacto de los últimos años. Johnny Depp y Amber Heard se sentaban frente a frente en un tribunal de Virginia (EEUU) después de que el actor la demandara por haber publicado un artículo en The Washington Post en el que se reconocía como víctima de violencia machista sin mencionar ningún nombre. Tras el juicio, Heard fue condenada a pagarle al que fuera su pareja durante siete años 15 millones de euros por difamación. El caso se convirtió en un auténtico fenómeno atravesado por una intensa campaña de desprestigio hacia ella en redes sociales, que viralizaron la idea de que había mentido y que, en realidad, ella era la agresora. Ocurrió en 2022. Cuatro años después, Depp es presentado en los medios como actor “camaleónico” que prepara su regreso a Hollywood. Heard, alejada de la industria, reapareció hace un mes en el festival de cine Sundance, en Utah: “He perdido la capacidad de hablar”, dijo.
La actriz acudió al estreno de Silenced, un documental que aborda varios casos de “acoso judicial” a través de demandas millonarias por difamación interpuestas por hombres acusados de violencia sexual en los últimos años. Es una de las patas de lo que pensadoras y activistas feministas están planteando como una contraofensiva tras los avances vividos en la última década, marcada por una ruptura histórica del silencio en torno a la violencia sexual que aún permanece, pero que se enfrenta a una reacción. La periodista colombiana Catalina Ruiz-Navarro, creadora de la revista Volcánicas, cree que la demanda de Depp contra Heard fue el punto de inflexión: “Le envió un mensaje a las denunciantes de todo el mundo”.
“Está ocurriendo ya. Es una ofensiva patriarcal grande porque, sin duda, la liberación de la palabra de las mujeres fue enorme. Y no solo de ellas, también de las diversidades y niños y jóvenes abusados en su infancia”, apunta la argentina Luciana Peker, que acaba de publicar La odiocracia (Libros del KO). La periodista, exiliada en España por las amenazas sufridas tras seguir la denuncia por violación de la actriz Thelma Fardín contra Juan Darthés, que fue condenado, recuerda que hace unos años “hubo un momento de conciencia colectiva” y de “consenso” que hoy “está roto” debido al factor decisivo del ascenso de una extrema derecha que desprecia el feminismo.
En España, aquel momento tuvo su eclosión en 2016 con la violación de 'la manada' en los Sanfermines –de la que este verano se cumplen diez años– y las movilizaciones feministas alrededor del caso. Casi al mismo tiempo, el MeToo estallaba en Estados Unidos logrando consolidar una conversación global sin precedentes. Antes, en 2015, las argentinas ya habían enarbolado su Ni Una Menos y la ola alcanzaba a varios países latinoamericanos. El punto culmen llegó con las huelgas del 8M de 2018 y 2019, de las que este domingo se cumplen siete y ocho años, en un momento de enorme efervescencia feminista. Todo ello confluyó y actuó como un catalizador: por primera vez, había una toma de conciencia colectiva sobre la magnitud de la violencia sexual que viven las mujeres, que empezaban a contarlo.
Apenas han pasado unos pocos años, pero esa etapa parece lejana en el tiempo por lo mucho que ha cambiado el escenario: “En aquel momento se empezó a hablar de violencia sexual, que había sido ignorada e históricamente naturalizada e invisibilizada. Comenzó así un recorrido social, político y mediático que abrió unas ventanas de oportunidad que situaron en la agenda la violencia sexual como algo incuestionable. Al principio fue una demanda más general, pero luego hubo un señalamiento de quienes la ejercen de manera concreta. El sistema se ha revuelto de forma proporcional a cómo se ha avanzado”, explica Bárbara Tardón, una de las voces que más tiempo lleva estudiando la violencia sexual.
Objetivo: disciplinar
Como parte de esta reacción, las expertas identifican varias estrategias que buscan “acallar a las mujeres que hablaron o a quienes las defendieron”, apunta Peker. Entre ellas, una “intensificación” del acoso en redes sociales, precisamente uno de los espacios usados por las víctimas para hablar. “Las mujeres tomaron las redes, pero hoy sabemos que ya no son canales de libertad de expresión y no nos van a proteger”, señala la periodista sobre la alineación de los propietarios de las compañías tecnológicas con el auge de discursos contra el feminismo, con mucha presencia especialmente en el ámbito online.
“Ahora mismo las circunstancias sociales y políticas son diferentes y eso hace más difícil hablar en un contexto en el que crece una corriente que es de extrema derecha, pero también antifeminista”, recalca Tardón. Esto provoca un “repliegue” del consenso en torno a la importancia de visibilizar y combatir la violencia sexual y un aumento de relatos que señalan a los hombres como víctimas de supuestas denuncias falsas, como ha ocurrido con la denuncia interpuesta por una exedil del PP en Móstoles (Madrid) que el partido intentó enterrar poniendo el foco en ella para acusarla de una “vendetta personal y política”.
El intento de desacreditar a las víctimas no es nuevo, pero emerge con fuerza. Así ha ocurrido también tras la investigación publicada por elDiario.es y Univisión sobre las denuncias de violencia sexual contra Julio Iglesias, que llegó a difundir en redes sociales los nombres, apellidos y supuestas conversaciones de dos mujeres a las que, según su versión, identifica como responsables. Esta semana el cantante ha interpuesto una demanda de conciliación –paso previo a una querella– contra elDiario.es citando acusaciones falsas sobre la investigación periodística realizada por este medio.
Se dejó de hablar de muchos temas y, aunque los procesos judiciales suelen llevar mucho tiempo, ya solo poner la denuncia, independientemente del resultado, genera un chilling effect [efecto disuasorio].
Esta, la de recurrir a la Justicia es otra de las estrategias en alza, resumen las expertas. “A veces son demandas de millones de euros, de forma que la libertad de expresión queda cercenada. Prácticamente hoy no se puede escribir de violencia sexual sin esa amenaza. Hay que tener en cuenta que muchas periodistas feministas trabajan en medios pequeños o de forma independiente y no tienen cómo responder. El resultado es un silenciamiento, un abandonar las redes y un volver a callarse”, afirma Peker. Tardón añade: “El objetivo es asustar y disciplinar. Dejar muy claro qué es lo que te puede pasar si hablas, públicas, investigas o difundes una denuncia”.
Este último es el caso de Cristina Fallarás, la periodista que puso en marcha en 2018 el hashtag 'Cuéntalo' y que ahora publica testimonios de mujeres en su Instagram por los que el rapero Ayax la ha denunciado por injurias y calumnias –en concreto, por uno en el que no aparecía el nombre de él–. A la comunicadora feminista Yolanda Domínguez fue el youtuber 'Un Tío Blanco Hetero' el que la llevó a juicio por acusarle de “ser machista y violento con las mujeres”. En su caso, el Tribunal Constitucional ya puso punto y final al proceso rechazando el recurso del youtuber. “La narrativa feminista de la violencia sexual no ha desaparecido, pero ahora nos enfrentamos a argumentos falaces reforzados para generar un clima de impunidad”, subraya la activista feminista y antirracista Tatiana Romero.
Catalina Ruiz-Navarro, que dirige desde Colombia la revista Volcánicas, remarca que la tendencia es global, se extiende en diferentes países y ya está teniendo su impacto buscado: “Se dejó de hablar de muchos temas y, aunque los procesos judiciales suelen llevar mucho tiempo, ya solo poner la denuncia, independientemente del resultado, genera un chilling effect [efecto disuasorio]. Suelen ser denuncias que no aportan pruebas de calado pero que asumen que las mujeres mienten”, explica la periodista, que recuerda que el fenómeno “ha llegado a un punto” que, cuando su equipo hace investigaciones periodísticas a raíz de denuncias, “les compartimos a las víctimas estas posibles consecuencias”.
Sabe de lo que habla Ruiz-Navarro, pues junto a otra compañera ha sido denunciada por el director de cine colombiano Ciro Guerra después de investigar y publicar en 2020 nueve denuncias por acoso contra él. El director interpuso tres demandas, una de ellas dio lugar ya a una sentencia de la Corte Constitucional Colombiana que respaldó el trabajo de Volcánicas y del periodismo feminista, señaló la violencia sexual como un discurso “especialmente protegido por la libertad de expresión” y reconoció “el acoso judicial como una forma de censura”. Otros dos procesos más siguen abiertos, entre ellos la demanda civil por la que Guerra les reclama un millón y medio de dólares: “Por supuesto, no lo tenemos”, dice Ruiz-Navarro.
Hay un nivel de relato sobre violencia sexual que no había antes y hay cosas que pasaban hace años que no pasarían hoy, que nos decían que era natural y no se tolerarían. Los avances están conviviendo con la reacción
Lo que ya “no podemos dejar de ver”
Que el clima social y político haya cambiado tan rápido en la última década, no conlleva que los muchos avances logrados hasta ahora hayan desaparecido. Las expertas ven, de hecho, que varios fenómenos conviven al mismo tiempo y que las posibilidades de hablar de violencia sexual son mucho mayores que hace 15 años aunque haya un “intento organizado” por silenciar estas voces. “Ya no podemos dejar de ver el acoso sexual como un problema estructural y eso no tiene vuelta atrás. Antes no teníamos ni el lenguaje, ni las palabras para nombrarla ni éramos conscientes del impacto de la violencia sexual en la sociedad.”, cree Ruiz-Navarro.
De hecho, la percepción y autoperceción del acoso sexual “es diferente ahora”, apunta Tardón, que subraya los “avances evidentes” alcanzados en los últimos años en “materialización” de derechos, entre ellos la 'ley del sólo sí es sí'. Las mujeres denuncian más violencia sexual, lo demuestran los datos y también los casos que trascienden a la opinión pública y que en los últimos meses han afectado al PSOE, en el que a finales de año se acumularon varias denuncias, al PP con el caso de Móstoles y al exDAO de la Policía, acusado de violación por una subordinada.
“Hay un nivel de relato sobre violencia sexual que no había antes y hay cosas que pasaban hace años que no pasarían hoy, que nos decían que era natural y no se tolerarían. Los avances están conviviendo con la reacción. Las mejoras son una realidad al mismo tiempo que el retroceso y eso hace a veces difícil ser conscientes de su verdadera magnitud”, zanja Peker. Bárbara Tardón coincide y termina con un “mensaje optimista” frente a este 8M: “Las feministas seguimos estando”.