¿Viene de verdad un 'Superniño'? ¿Está España afectada?: claves para entender este fenómeno meteorológico
La vigilancia meteorológica ha indicado que, a estas alturas del año, parece probable que se active en 2026 el fenómeno de El Niño. “Existe un 60% de probabilidades”, según indicaciones de la Agencia Meteorológica de EEUU, la NOAA. También ha añadido que podría tratarse de un Niño “muy fuerte durante el invierno del hemisferio norte”.
La Agencia estadounidense ha dicho en su revisión de abril que las condiciones actuales favorecen una ENSO-neutral hasta abril-junio. Esto significa que, durante ese periodo, no habría ni Niño ni Niña, las dos variaciones contrarias de la Oscilación del Sur, la ENSO. “En mayo-julio es probable que surja El Niño”, añade, con un 60% de probabilidades.
El Niño es un fenómeno natural combinado entre la atmósfera y el océano. En la parte ecuatorial del planeta, el agua más superficial del mar (en este caso el Pacífico oriental) está más caliente, ya que le da el sol más continuamente. En circunstancias neutras, los vientos alisios que soplan de este a oeste arrastran esas aguas cálidas de las costas de Perú o Chile hacia el lado opuesto del Pacífico (las costas de Nueva Guinea e Indonesia).
Al barrerse la capa superficial más cálida, se permite, además, que aflore desde las profundidades agua más fría –crucial para la pesca ya que portan muchos nutrientes que favorecen a los peces–. En la zona donde llega el agua caliente se favorece la lluvia. Cuando los vientos son muy débiles o incluso se paran, el agua más caliente se queda quieta. Eso hace que haya una gran masa de agua caliente que influye en las temperaturas. También tapona la subida de agua profunda más fresca lo que redunda en más calor.
La cuestión es que dentro del boletín de la NOAA se incluye que hay probabilidades de que El Niño de 2026 sea de alta intensidad. “La posibilidad de El Niño muy fuerte depende grandemente de la continuación de las anomalías de los vientos del oeste a través del Pacífico ecuatorial hasta los meses de verano del hemisferio norte, lo cual no es seguro”. Esto ha servido para que se le cuelgue la etiqueta de Superniño.
En realidad, con los pronósticos actuales, “hay de un 20% a 25% de probabilidad de que se trate de un evento muy fuerte de cara al otoño”, ha aclarado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Eso implica que el agua del océano se fuera a más de 2ºC extra. “Las consecuencias podrían ser importantes por las modificaciones de patrones en olas de calor y sequías en algunas zonas e inundaciones en otras”, detalla la AEMET.
Cuando se desencadena El Niño, el planeta se recalienta más. Eso se suma a las temperaturas globales extras consecuencia del cambio climático provocado por los humanos. Calor sobre calor. De ahí se ha manejado la idea de que, si hay un Niño muy fuerte, el verano puede llegar a registros muy severos.
Sin embargo, la AEMET ha querido matizar que, en cuanto a las temperaturas de verano en España, “lo más probable es que El Niño no tenga apenas influencia, pues estará en su fase incipiente”. Es decir, cuando este fenómeno esté actuando a pleno rendimiento y genere más calor, habrá pasado el verano y su efecto más agudo no se sume a la canícula en España.
De hecho, la misma Agencia ha insistido en que, aunque lo más normal es que sí se registre un Niño, “todavía es pronto para hablar de un Superniño y es difícil aún conocer las consecuencias que podría tener a escala global”. Incluso todavía no está definido cuál es el escenario del verano en España, pero repiten que la influencia de este fenómeno este año “será probablemente pequeña”.