Los amantes de Babilonia que dieron origen a Romeo y Julieta: el mito que inspiró la trágica historia de amor de Shakespeare

El 23 de abril se celebra la festividad del Día Internacional del Libro porque en esta fecha se conmemora el fallecimiento de tres escritores universales como son Miguel de Cervantes, el Inca Garcilaso de la Vega y William Shakespeare, al que se le atribuye haber muerto en este día en 1616.

La obra por excelencia de Shakespeare y una de las más conocidas de la literatura universal es “Romeo y Julieta”, que el dramaturgo inglés adaptó al teatro a finales del siglo XVI, inspirándose directamente en ‘The tragicall hystorie of Romeus and Juliet’ de Arthur Broke.

Pero el origen de una historia de amor imposible y trágico va más allá, a una versión también de la novela ‘Romeo e Giulietta’ de Matteo Bandello, que a su vez se basó en ‘Hystoria di due nobili amanti’ de Luigi da Porto, que también tomó referencia de ‘Il novellino’ de Masuccio de Salerno.

Aunque todas ellas a su vez, desde Shakespeare a Salerno, se basan en una historia que se remonta a la antigüedad, la de dos amantes de Babilonia que inspiraron a Giannozza y Mariotto o Romeo y Julieta. Hablamos de Píramo y Tisbe, nacidos nueve siglos antes de Cristo.

La historia del mito de Píramo y Tisbe

Sin el mito de Píramo y Tisbe no existiría Romeo y Julieta y todas las historias que se han derivado después. La versión más completa que nos ha llegado fue la que apareció en el ‘Metamorfosis’ del poeta romano Publio Ovidio Nasón, del año 8 d.C, en el libro IV, donde también aparecen las historias de Perseo y Andrómeda, Leucótoe y Clitia, Sarmacis y Hermafrodito y las Mineides. Pero este mito había sido contado antes por Cayo Julio Higinio, aunque esta obra no se conserva entera.

Píramo y Tisbe eran dos jóvenes de Babilonia cuyas familias eran vecinas y rivales. Los dos se enamoraron y vivían su amor imposible con una comunicación a través de miradas y gestos, hasta que descubren una grieta en la pared que separaba sus casas, y se veían por ella.

Así hasta que los dos enamorados acordaron verse durante la noche, junto a una fuente que había bajo una morera. Allí la primera en llegar fue Tisbe, que se encontró con una leona que acababa de devorar a una presa y se había acercado a beber. Entonces ella decidió esconderse en una pequeña curva, pero se dejó atrás el velo con el que se cubría, que la fiera encontró y con el que jugó hasta que se marchó con él.

Pero entonces llegó Píramo, que vio las huellas de la leona y la prenda rasgada, manchada de sangre de la presa que había cazado. El enamorado pensó que eran de su amada y desesperado, se dejó caer sobre su daga, algo que era costumbre babilonia según contaba Ovidio en su relato.

Al poco tiempo, Tisbe salió de su escondite al pensar que ya había pasado al peligro y se encontró el cuerpo de Píramo, al ver los frutos blancos de la morera manchados de sangre y haber seguido su rastro. La joven decidió, al ver la escena, coger el mismo puñal y quitarse también la vida.

El triste final, que se ha mantenido con Romeo y Julieta y sus versiones, queda así, pero hay variantes en el mito. En algunos Tisbe no se mata inmediatamente, sino que avisa y pasa por un período de duelo antes, mientras en otras la pareja proviene de Cilicia, una provincia de la costa de Anatolia, la turca Cukurova, que entonces era parte del Imperio Babilonio.