Un barco hundido por el pirata Francis Drake emerge en Cádiz y devuelve a escena los ataques ingleses del XVI

Los castigos que aplicaba a su tripulación llegaban a ser tan extremos que marcaban la reputación de Francis Drake mucho antes de que entrara en combate. Francis Drake fue un marino inglés del siglo XVI que actuó al servicio de Isabel I y que, según el lugar desde el que se mirara, recibía nombres muy distintos.

En Inglaterra lo trataban como un héroe que defendía los intereses de la Corona, mientras que en los territorios bajo dominio de Felipe II lo veían como un pirata que atacaba sin aviso.

Esa doble visión explica por qué generaba tanto respeto como miedo. Su forma de actuar incluía asaltos a puertos, captura de riquezas y castigos severos dentro de su propia tripulación, lo que alimentaba una fama que se extendía incluso entre la población civil. El temor no venía solo de su presencia en el mar, sino de la incertidumbre sobre dónde atacaría después y de la dureza con la que imponía su autoridad.

Una expedición científica reconstruyó un naufragio en Cádiz

Un equipo científico ha reconstruido el hundimiento del San Giorgio e Sant’Elmo Buonaventura, destruido en Cádiz por Francis Drake en 1587. El trabajo, desarrollado por especialistas de varias instituciones como el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico o el CSIC, ha permitido entender qué ocurrió con una de las naves que cayeron durante ese ataque.

La investigación utiliza técnicas como el análisis genético o el estudio de la madera, y confirma que el barco italiano formaba parte de un conjunto mayor de embarcaciones que fueron destruidas en el puerto andaluz. Ese episodio forma parte de una ofensiva ordenada por Isabel I para frenar los preparativos navales de Felipe II.

La ofensiva de 1587 arrasó decenas de barcos preparados

El ataque al puerto de Cádiz se produjo el 29 de abril de 1587, cuando Drake entró en la bahía y lanzó una operación rápida contra los barcos que estaban siendo preparados para una futura campaña contra Inglaterra.

Hundió entre 30 y 35 naves, incluidas embarcaciones españolas, portuguesas y aliadas, lo que supuso un golpe importante para los planes militares de la monarquía hispánica. El San Giorgio e Sant’Elmo Buonaventura estaba fondeado en ese momento y terminó en el fondo del mar como parte de esa acción.

La forma de operar de Drake no se limitaba a un solo punto del mapa. Atacaba en distintos lugares, desde el Caribe hasta las costas europeas, sin mantener un patrón fijo que permitiera anticipar sus movimientos. Podía aparecer en Santo Domingo, en las Canarias o en zonas del sur del continente americano, y ese alcance aumentaba la sensación de amenaza. Esa capacidad para moverse sin previsión clara reforzaba la imagen de un enemigo difícil de contener.

Tras el ataque, el almirante español Álvaro de Bazán salió en busca de la flota inglesa, pero no logró interceptarla a tiempo. Drake consiguió regresar a Inglaterra con el botín obtenido durante la incursión, lo que consolidó su posición ante la Corona. Ese resultado alimentó aún más su fama, que ya se había extendido por distintos puertos y que seguía presente incluso después de su muerte en 1596.

El ADN detectó enfermedades y muertes violentas entre la tripulación

Los restos recuperados del pecio muestran detalles de la vida a bordo en ese momento. Se han encontrado huesos de animales como vacas, cerdos, cabras y aves, que formaban parte de la alimentación de la tripulación. También apareció el cráneo de una mujer de entre 25 y 35 años con un golpe en la frente, lo que sugiere un episodio violento vinculado al ataque. Estos elementos permiten reconstruir quién estaba en el barco y en qué condiciones viajaba.

El análisis del ADN extraído de recipientes hallados en el barco ha aportado información sobre la salud de quienes iban a bordo. Se han identificado patógenos relacionados con la neumonía y con infecciones provocadas por bacterias del género Staphylococcus, que afectan a la piel y al sistema respiratorio. Estos datos ayudan a entender qué enfermedades circulaban entre los marineros y cómo podían influir en su capacidad para resistir situaciones de combate o largas travesías.

Entre los hallazgos también destacan varios barriles de madera que contenían una sustancia roja. La Universidad de La Laguna identificó ese material como Dactylopius coccus, un insecto del que se obtiene la cochinilla, utilizada como tinte. Este producto llegaba desde la región de Oaxaca, en Nueva España, y tenía un valor muy alto en el comercio de la época. La madera de los barriles procede del Báltico y fue cortada entre 1586 y 1601, una fecha que encaja con el momento en que el barco se hundió.

El estado de conservación del pecio se explica por la capa de fango que lo cubría. El barco se encontraba a unos ocho metros de profundidad y ese entorno sin oxígeno evitó la degradación de materiales orgánicos que normalmente desaparecen con el tiempo. Gracias a esas condiciones, se han podido recuperar objetos y restos en un estado poco habitual en arqueología subacuática.