Qué es La Candelaria o Fiesta de la Luz, cuál es su origen y por qué se celebra el 2 de febrero
El 2 de febrero aparece marcado en el calendario festivo de muchos países con celebraciones conocidas como la Candelaria o Fiesta de la Luz. Mientras que en algunos lugares la fiesta tiene un marcado carácter religioso; en otros, se vive como una celebración popular con hogueras, procesiones o comidas vecinales. Aunque en el calendario católico corresponde a la Presentación del Señor, la celebración se remonta años antes de la llegada del cristianismo y combina elementos paganos, agrícolas y cristianos que se han ido superponiendo a lo largo de los siglos.
A comienzos de febrero, tras el solsticio de invierno, el aumento de las horas de luz empieza a ser perceptible. Este punto del calendario marcaba una transición importante para las sociedades agrícolas europeas: la sensación de que el invierno empezaba a ceder era clara. No es casual que muchas culturas situaran en este momento un ritual de renovación, con el fuego como elemento central. Las hogueras, las antorchas y las candelas o velas simbolizaban la búsqueda de protección y la expectativa de obtener una buena cosecha en primavera.
En la antigua Roma, febrero estaba dedicado a ceremonias conocidas como februa, vinculadas a la limpieza simbólica de la comunidad. Eran rituales colectivos que buscaban cerrar un ciclo antes del inicio de la primavera.
El fuego y las antorchas también tenían una dimensión práctica, ya que reunían a los vecinos y marcaban un espacio seguro durante los días más fríos del año. Estas celebraciones se fueron adaptando progresivamente con la expansión del cristianismo e incorporaron elementos bíblicos.
Evangelio de Lucas
La Iglesia fijó el 2 de febrero como la fecha de la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén, cuarenta días después de su nacimiento, siguiendo la tradición judía.
El episodio aparece en el Evangelio de Lucas y contiene un detalle que explica buena parte del simbolismo posterior: la referencia a Jesús como “luz para alumbrar a las naciones”. A partir de ahí, la luz pasó a ocupar un lugar central en la celebración cristiana, de manera que las velas y candelas se convirtieron en elementos imprescindibles durante la misa y las procesiones.
Durante la Edad Media se consolidó la costumbre de bendecir velas y sacarlas en procesión. En muchas casas, se guardaban velas durante todo el año y se encendían en tormentas, enfermedades o cualquier situación considerada peligrosa.
Patrona del archipiélago
En España, la fiesta se manifiesta de manera muy diversa según el territorio. En Canarias, la Virgen de la Candelaria es la patrona del archipiélago y su culto es uno de los ejemplos más claros de mezcla entre tradiciones indígenas y cristianas. Su devoción se remonta al siglo XV y está vinculada a la población guanche.
En el municipio de Tegueste, en Tenerife, cada 2 de febrero se realiza una procesión que reúne a cientos de personas y en la que se bendicen candelas que luego se guardan en las casas.
En ciudades como Valladolid o Salamanca, la festividad incluye conciertos de música tradicional y mercados de artesanía que duran varios días. Las escuelas de música y las asociaciones folclóricas locales participan activamente, ensayando danzas y canciones durante semanas previas, y muchos de los trajes y decoraciones se elaboran específicamente para esta fecha, lo que genera un pequeño impulso económico local en talleres y comercios de suministros artesanales.
Los refranes asociados al 2 de febrero forman parte del patrimonio popular. Dichos como “Si la Candelaria llora, el invierno está fora” se repiten con variantes según la región y reflejan una forma tradicional de interpretar el clima. Más que predicciones exactas, estos refranes recogían la sabiduría campesina: una Candelaria lluviosa podía significar semanas de frío y humedad, mientras que un día soleado era señal de que la primavera empezaba a abrirse camino.
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
En América Latina, la Candelaria adquirió rasgos propios tras la colonización. En México, la celebración se vincula directamente al Día de Reyes: quienes encontraron la figura del Niño Jesús en la rosca deben preparar tamales el 2 de febrero. De este modo, la fiesta combina religión, gastronomía y vida comunitaria.
En Perú, la festividad de la Virgen de la Candelaria en Puno es uno de los ejemplos más visibles de cómo la celebración ha adquirido una dimensión cultural amplia. Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2014, la fiesta moviliza cada año a miles de participantes en desfiles, danzas y actos religiosos. Las agrupaciones folclóricas locales dedican meses de preparación a coreografías y trajes tradicionales.
En muchos municipios, especialmente rurales, el 2 de febrero es una de las pocas fechas del invierno que justifica una reunión comunitaria. Asociaciones vecinales, grupos folclóricos y áreas de cultura municipales asumen la organización, adaptando la celebración a los recursos disponibles y a las expectativas de los vecinos.
El Día de la Marmota
Curiosamente, la Candelaria comparte con otra tradición invernal un rasgo similar: el Día de la Marmota en Estados Unidos. Celebrado el mismo 2 de febrero, este ritual popular consiste en que una marmota determine, según salga o no de su madriguera, si el invierno se alargará seis semanas más.
Aunque carece de significado religioso, funciona como punto de encuentro social en comunidades de Pennsylvania y otros estados. Ambas festividades coinciden a la hora de marcar los ciclos de la naturaleza y generar rituales colectivos que ofrezcan una perspectiva del fin del invierno.
El Día de la Marmota se ha consolidado principalmente como un espectáculo mediático y turístico, aunque conserva un trasfondo folclórico que conecta a las comunidades con las tradiciones locales.