En este castillo, edificado sobre un castro del siglo I, hoy puedes ver una catapulta o aprender cómo se elaboran los zuecos
El majestuoso castillo de Castro de Ouro es, sin duda, el emblema más representativo del concello de Alfoz, en la comarca de A Mariña Lucense. Esta imponente fortaleza fue edificada estratégicamente sobre un antiguo asentamiento castreño que data del siglo I d.C. Su ubicación, en el margen derecho del río Ouro, en la provincia de Lugo, permitía un control territorial absoluto en tiempos de la romanización. Actualmente, lo que más llama la atención a cualquier agradecido visitante que se acerque para ver de cerca este conjunto histórico es su robusta torre del homenaje, único vestigio original que sobrevive al paso de los siglos. Recorrer sus alrededores permite al visitante sumergirse en un trozo de la historia que se remonta a más de dos mil años atrás. Es un punto de parada obligatoria para quienes deciden explorar las rutas culturales del norte de esta provincia de Galicia.
La trayectoria cronológica del recinto incluye que en el siglo IX una familia de la meseta fundase allí un monasterio particular. Bajo el amparo de la monarquía asturiana, este centro religioso dependía directamente de la antigua diócesis de San Martiño de Mondoñedo. Fue en el año 1220 cuando el rey Alfonso IX otorgó el título de villa y alfoz a Castro de Ouro. A partir de este momento, la infraestructura monacal comenzó un proceso de militarización para convertirse en una verdadera fortaleza de defensa. La transformación respondió a la necesidad de proteger los territorios de la mitra mindoniense frente a los crecientes conflictos locales. El granito comenzó a dar forma a los muros que hoy todavía podemos contemplar y admirar. Su estructura defensiva original contaba con una cerca que rodeaba todo el conjunto con varios torreones circulares. Esta base militar sentó los cimientos de lo que más tarde sería un escenario clave para la nobleza.
El nombre del castillo está indisolublemente ligado a la figura mítica y heroica del Mariscal Pero Pardo de Cela. En el siglo XV, esta propiedad pasó a manos del noble como parte de la dote por su boda con Isabel de Castro. Pardo de Cela se convirtió en un símbolo de la resistencia gallega frente a la centralización de los Reyes Católicos. Sin embargo, su oposición terminó trágicamente cuando fue apresado en esta misma fortaleza por las tropas castellanas invasoras. Tras un largo asedio y su posterior captura, el mariscal fue finalmente decapitado en la ciudad de Mondoñedo. Su muerte dio paso a una rica tradición de leyendas y canciones populares que aún hoy se recuerdan con fervor. La historia cuenta que sus enemigos detuvieron el perdón real en el famoso puente del Pasatiempo. Aquel evento marcó el fin de una era para la nobleza gallega y el retorno del castillo al dominio clerical.
Y es que, tras la ejecución del mariscal, la fortaleza retornó a la jurisdicción de la mitra mindoniense bajo el mandato del obispo Diego de Soto. Fue este prelado quien transformó el edificio en una residencia episcopal, dotándolo de una función mucho más palaciega y habitable. Durante el siglo XVI, se llevaron a cabo reformas arquitectónicas para abrir nuevas ventanas que aportaran luz al interior. Estas aperturas geminadas son las que hoy caracterizan la fachada de la torre del homenaje que vemos actualmente en Alfoz. El uso como palacio de los obispos se mantuvo de forma continuada hasta el siglo XVII, perdiendo su carácter bélico. Fue en esa centuria cuando el edificio cayó finalmente en el abandono y comenzó su progresivo y triste deterioro. Durante años, sus sótanos y antiguas mazmorras fueron enterrados por orden real para evitar que se siguieran usando. La historia del castillo parecía desvanecerse entre las ruinas hasta que el pueblo decidió tomar su control.
A finales del siglo XIX, el ayuntamiento local se hizo cargo de la propiedad y comenzó un largo proceso de restauración. Durante gran parte del siglo XX, el emblemático edificio funcionó activamente como Casa Consistorial y sede del Juzgado Municipal. En 1949, la fortaleza recibió su primera protección legal bajo el decreto de protección de todos los castillos que se mantienen en pie a lo largo y ancho de nuestra geografía. No fue hasta 1994 cuando se inscribió oficialmente en el registro de Bienes de Interés Cultural del patrimonio gallego. Las obras realizadas por el consistorio permitieron consolidar la torre del homenaje y rehabilitarla para un nuevo uso público. Aunque algunas reformas modernas no fueron exactas arquitectónicamente, permitieron salvar el conjunto de una pérdida total irreversible.
La arquitectura del conjunto destaca por su sillería de granito y su planta rectangular dividida en tres alturas. En la azotea almenada, los turistas pueden disfrutar de un mirador con vistas espectaculares de todo el valle. Justo al lado se encuentra la iglesia de San Salvador, que originalmente funcionó como la capilla del castillo. Este templo del siglo XV conserva pinturas murales góticas del Descendimiento de Cristo en su altar mayor. En su exterior, destaca una espadaña de tres cuerpos y un relieve medieval que representa el Calvario cristiano. Los curiosos visitantes que recorren el recinto también pueden ver en sus proximidades una reproducción de una catapulta medieval. El conjunto se completa con un cruceiro de 1939 que preside la entrada a la parroquia de Castro. Todo el entorno respira un aire de paz que contrasta fuertemente con su pasado de asedios.
Oferta cultural
Hoy, esta fortaleza es un espacio vivo que combina su pasado militar con una oferta cultural y administrativa muy diversa. Se ha convertido en el principal motor de promoción turística para toda la comarca de Alfoz. El interior de la torre alberga la oficina de turismo local y diversas salas de exposiciones artísticas. Una de las propuestas más singulares para los visitantes es la audioguía ficcionada sobre el Mariscal Pardo de Cela. A través de este recurso, es posible conocer de cerca los mitos y leyendas del último guerrero medieval gallego. El edificio también cuenta con una sala dedicada a recrear una antigua escuela unitaria con todos sus elementos originales. Además, se organizan muestras temporales de pintura y fotografía que atraen a numerosos artistas de toda la zona.
Pero quizás uno de los mayores atractivos contemporáneos del castillo es el taller artesano de elaboración de zuecos, el calzado tradicional de madera. En el denominado Museo das Zocas se muestra al público el antiguo oficio de los zoqueiros, en el que los visitantes pueden aprender paso a paso cómo se fabrican estos zuecos, una pieza clave del patrimonio etnográfico. El ayuntamiento firmó un convenio para musealizar una planta entera dedicada a la recuperación de estos oficios tradicionales. Se exhiben piezas artísticas que reinterpretan el calzado primitivo gallego bajo una mirada artesanal sumamente moderna. Es una experiencia didáctica única que permite conectar con las raíces productivas de la comarca de A Mariña. Ver trabajar la madera dentro de una fortaleza medieval añade un valor especial a la visita turística. La artesanía local encuentra así un escaparate de prestigio en este monumento de gran interés cultural.