CICLISMO
Atacar mientras el rival firma autógrafos: el histórico dominio en el Tour de Francia que Pogacar ha resucitado
Tadej Pogacar ha superado el ecuador del Tour de Francia 2026 con una ventaja de 3 minutos y 26 segundos respecto a su gran rival e inmediato perseguidor, Jonas Vingegaard, con un dominio claro en el que no ha tenido rival en las etapas de montaña hasta el momento y dejando casi sin opciones a sus rivales.
Esto ha hecho que se le acuse de “destruir el espectáculo” o de “aburrir” el Tour, una reacción que, sin embargo, no es nueva en el ciclismo, que vivió una época similar con Eddy Merckx en la década de los 70. Dos corredores ambiciosos que hacen historia, pero a la vez generan un sentimiento de ‘rechazo’.
En parte, en este Tour de Francia uno de los hechos que más han llamado la atención es que el UAE Team Emirates ha hecho complicado que las jornadas clásicas de escapada sean de victoria final para algún corredor de la fuga, que han tenido contadas ocasiones. Pero detrás se esconde otro de los récords que aspira a superar Pogacar: obtuvo su 24ª victoria de etapa y ‘amenaza’ las 35 de Mark Cavendish, el corredor con más conseguidas en la historia de la ronda gala.
“¿Qué si daba miedo en carrera? Yo solo corría para ganar”
Esta afirmación es una de las tantas que ha hecho a lo largo de su vida Eddy Merckx, considerado por muchos como el mejor ciclista de la historia, y cuyo reinado solo parece haber comenzado a ser cuestionado con la llegada de Tadej Pogacar, en parte por el dominio frente a otros corredores del esloveno, que puede recordar al momento que vivió el belga.
El palmarés de Merckx se sigue viendo como inalcanzable, con 11 Grandes vueltas ganadas, con récord de victorias en las tres con 64 etapas, y con cinco Tours de Francia conquistados, siendo el segundo en llegar a este hito, que tan solo había logrado antes Jacques Anquietil. A esto se le unieron 3 mundiales, 19 monumentos (las cinco clásicas de ciclismo más importantes) y 276 victorias en total. Una carrera que arrancó en 1965 y que duró durante 14 temporadas, en las que en gran parte dio la sensación de no tener rival, aunque se intentó. Su mejor año fue en 1972, cuando conquistó 3 etapas de la París-Niza, la Milán-San Remo, Flecha Valona, Lieja-Bastoña-Lieja, el Giro de Italia, el Tour de Francia o el Giro de Lombardía, por enumerar algunos de sus títulos más notables esa campaña.
En muchas ocasiones ha sido preguntado por sus sensaciones, por su dominio, pero él tenía clara su ambición: la victoria. “¿Qué si daba miedo en carrera? Yo solo corría para ganar”, aseguró. “No ha existido otro ciclista mejor, ni más versátil ni más ambicioso ni más competitivo. Como todos los genios, Merckx es una rareza a la que cuesta encontrar sentido”, escribió Juanma Trueba en el libro ‘Diccionario de ciclismo’.
El nacimiento de ‘El Caníbal’
Y es que esta sensación que generan las victorias de Pogacar no es algo nuevo en el ciclismo, el corredor belga marcó una época y tuvo un apodo que daba ejemplo de ello, el de ‘El Caníbal’ que le pusieron sus propios rivales, algunos de los más míticos fueron Luis Ocaña, Rik van Looy, ‘Tarangu’ Fuente o Felice Gimondi, que vieron de primera mano como el belga atacaba a todo, a también triunfos menores y clasificaciones secundarias, incluso sprints intermedios.
Uno de los momentos que más ejemplo dan de su ambición que le dieron el nombre de su apodo fue cuando después de la victoria de Ocaña en Orcières-Merlette en el Tour de Francia en 1971, la que se considera una de las mayores hazañas del ciclismo, cuando atacó en solitario y le metió 8 minutos y 42 segundos para arrebatarle el ‘maillot’ amarillo. Después, era jornada de descanso, pero el belga aprovechó para planificar la que fue su remontada, y al día siguiente, aprovechó antes de la salida oficial para ya atacar, mientras Ocaña firmaba autógrafos. Luego, además, el español sufriría una caída y no pudo conseguir ese Tour, que fue a parar a Merckx.
Parte de esa personalidad del ciclista nació desde bien pequeño. A los once años fue testigo del fallecimiento de su ídolo, Stan Ockers, quien perdió la vida en el velódromo de Amberes. “Ockers había ganado etapas en el Tour, fue maillot verde y subió al podio final. El Tour era él, y el Tour lo era todo para mí: en aquella época, aún no sabía mucho de las clásicas, porque se corrían los domingos, y ese día solía visitar a mi abuela en el pueblo”, contó Merckx años después. Ahí se forjó parte de su ambición, y la vida incluso quiso que viviera un complicado momento similar, cuando sufrió una fuerte caída en el velódromo de Blois, en Francia, en septiembre de 1969. De hecho, el motorista que iba con él, Fernand Wambst, falleció camino del hospital, el propio Eddy Merckx estuvo inconsciente una hora, y de ahí comenzó a convivir con el dolor, con lesiones crónicas en espalda y pelvis.
Su leyenda también pudo haber llegado a más, pero el sexto Tour no lo pudo conseguir en 1975 después de sufrir una agresión de un espectador mientras ascendía el Puy de Dome. El puñetazo en el hígado le dejó secuelas, incluso sufriría una caída tres días después, pero ‘el Caníbal’ quiso acabar la carrera, pero terminó segundo. En mayo de 1978 se dio su retirada profesional.
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