El descuido que dio lugar a la sacarina: así se descubrió el edulcorante artificial más famoso del mundo
Hay científicos que se pasan años estudiando, intentando dar con un descubrimiento que cambie la historia, pero también hay otros como Constantin Fahlberg que revolucionaron la ciencia por puro accidente. Este químico ruso descubrió la sacarina por casualidad, sin saber que esta se convertiría en el edulcorante artificial más utilizado en todo el mundo.
La historia parece sacada del guion de una película. Fahlberg, quien había nacido en Rusia en 1850, era un químico de renombre que, entre 1877 y 1878, trabajó junto al profesor y químico estadounidense Ira Remsen en la Universidad de Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos). El marco de su investigación era el estudio de los compuestos químicos derivados del alquitrán de hulla.
“Había trabajado durante mucho tiempo en los radicales compuestos y productos de sustitución del alquitrán de hulla, y había hecho una serie de descubrimientos científicos que, hasta donde yo sé, no tenían valor comercial”, compartió el químico sobre aquella etapa de su carrera científica. Todo cambió una noche del año 1879.
“Estaba tan absorto en mi laboratorio que me olvidé de la cena, y salí corriendo a comer sin detenerme a lavarme las manos. Me senté, partí un trozo de pan y me lo llevé a los labios. Tenía un sabor indescriptiblemente dulce. Me enjuagué la boca con agua y me sequé el bigote con la servilleta, cuando, para mi sorpresa, la servilleta sabía más dulce que el pan”, contó Fahlberg. Acababa de descubrir lo que más tarde decidió llamar “sacarina”.
El químico quedó completamente sorprendido al haber descubierto “una sustancia de alquitrán de hulla que superaba en dulzor al azúcar”, así que volvió corriendo al laboratorio para intentar comprender qué había pasado. Tras varias pruebas, supo que el origen de aquella sustancia estaba en una reacción química accidental.
La comercialización de la sacarina
Después de aquel descubrimiento, Fahlberg no tardó en solicitar una patente para aquella sustancia, lo que le convirtió de la noche a la mañana en millonario. El químico decidió regresar a Europa y eligió Alemania para abrir la primera fábrica de sacarina a gran escala, convirtiendo esta sustancia en el primer edulcorante sintético comercializado del mundo.
Pero esta historia también tuvo su lado más agridulce, y ese lo vivió Ira Remsen, quien había figurado como autor principal del artículo científico sobre el descubrimiento de la sacarina que juntos publicaron en febrero de 1880. Sin embargo, cuando Fahlberg decidió patentar el descubrimiento, excluyó por completo el nombre de su profesor, proclamándose como el único descubridor.